Tierra del Fuego: Karukinka

Por J Re Crivello

Lola Keipja

Muchos pueblos han sido víctimas de la expansión de la civilización occidental. Uno de ellos fueron los onas, o los selk´nam, en la Isla Grande de Tierra del Fuego, en el sur de la República Argentina. Tenían una intensa imaginación simbólica que volcaban en su ritual fundamental, la fiesta del Hain (estudiado por el sacerdote y etnólogo Martín Gusinde). A su tierra la llamaban Karukinka, «la última tierra de la gente”. J Re Crivello, director de la revista Masticadores, con numerosos colaboradores y editores en distintos países y lenguas, creó hace quince años el blog Barcelona. Allí publicó originalmente este breve recuerdo de los selk´nam y de su última tierra.

Los «onas» eran como los llamaban los yaganes, y selk´nam ( «los hijos del brazo de tierra»), es como se autodenominaban. Antes de casi su completa extinción, eran nómadas terrestres, cazadores y recolectores. En la foto de portada se ve a Lola Keipja, la última chamana ona, que murió en 1974. La antropóloga francesa Anne Chapman conoció a Lola, en 1965, cuando esta tenía alrededor de 90 años. Grabó numerosas canciones que Lola recordaba, heredadas de sus ancestros, y con la sabiduría que, con ella, se desvanecía en el último arco iris de su pueblo sobre las tierras fueguinas.

Tierra del Fuego: Karukinka (*), por J Re Crivello

Así llamaban los indios selk´nam a la Tierra del Fuego. Traducido significa “la última tierra de la gente”, fueron asesinados a finales del siglo XIX por los primeros colonos europeos. No es mi propósito hablar de ellos, pero si del concepto de la última tierra.

En la dispersión que la civilización ha producido en los últimos dos siglos hemos llegado a los confines más alejados. Los pueblos Ona eran 4.000 individuos que dominaban una isla donde parecería imposible que existiera interés por explotar un territorio desértico y sometido a unas duras condiciones ambientales. Pero los colonos europeos introdujeron las explotaciones de ovejas y el territorio en su esencia desapareció, y con ello, desaparecer sus pobladores originales.

Karunkinka fue domesticado por la fiebre del dinero y la extensa explotación ganadera. El último poblador Ona murió en 1980. Una vez más constatamos, como la última tierra ha sido incorporada a esfuerzo globalizador, como multitud de territorios alrededor del Planeta.

A veces observamos como las antiguas fronteras -de atrevidas e inestables formas- ceden su espacio a nuevos estilos. Con lo cual, las buenas gentes que le poblaron sin poder explicar los cambios que están sufriendo caen en la disolución espiritual. Los selk´nan nos han dejado algunas imágenes de su forma de ver la vida. En su sencillez se observa como al pintarse los cuerpos de una manera tan excitante, hablan de su fin. Es la cultura occidental quien somete a la imaginación. Pero detrás de aquella está el paisaje de unos individuos que sienten la pérdida de su civilización, sin poder convivir con el nuevo poder.

Luego un gran silencio y unas fotografías rellenarán el hueco espiritual.

Una familia selk´nam

Es la globalización en su intensa y atrevido desarrollo quien unifica y destruye las sentidas y vibrantes propuestas culturales, de civilizaciones humanas, que al desaparecer nos sumen en el esclavo calor de hamburguesa, cola y rock and roll.

(*) J Re Crivello, publicado el 10 de enero de 2011, en blog Barcelona

Personajes del último Hain de los onas, fotografiado por Gusinde en 1932.

Sobre los onas también pueden visitar este video grabado para canal cultural conectado con esta página:

VIDEO LOS ONAS

Vista de Usuhaia, capital de la Provincia de Tierra del Fuego, Argentina (Wikimedia Commons)

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