Entre el mar, los calamares gigantes, y lo que queda por descubrir.

Por Esteban Ierardo

En 2021 Ocean X, una iniciativa que combina ciencia, tecnología y medios de comunicación 
para explorar los océanos, descubrió este calamar gigante en el fondo del mar.

El mar, y sus habitantes poco conocidos, es un posible estímulo para pensar lo que escapa a nuestro conocimiento; todo lo que aún nos queda por descubrir y que, muy posiblemente, nunca se descubrirá.

Alguna vez, cuando era chico y estaba en la escuela, recuerdo que un maestro nos dijo: “Ya todo está descubierto. En el mundo moderno ya no hay nada nuevo por descubrir…”. Lo recuerdo como si esas palabras hubieran sido dichas hace cinco minutos. Un error, que el mar y grandes calamares vienen a desmentir…


El mar, y sus habitantes, es uno de los tantos ejemplos de lo mucho que queda por descubrir. Hoy, pequeños submarinos descienden a las silenciosas profundidades marinas. En el documental Aliens in the deep (2005), James Cameron nos asombró con una expedición de esos submarinos capaces de descender varios miles de metros. Sus cámaras captaron entonces la primera imagen de especies de peces antes desconocidas.

Las sorpresas del mar también nadan con la forma de calamares gigantes. Son los llamados architeuthis, del género de los cefatalópodos del orden Teuthida, que ya han sido vistos, en varias ocasiones. Por ejemplo, en 2014, a 630 metros de profundidad y a 15 kilómetros de la costa de la isla de Chichi, a 150 millas al norte de Iwo Jima, en el océano Pacífico, los miembros de un equipo del Museo Científico Nacional Japonés y de los canales NHK y Discovery Channel, detectaron un impactante animal plateado…un calamar gigante de alrededor 8 metros.
Estos animales marinos pueden alcanzar mayores tamaños. Se mueven en las profundidades, y pueden alcanzar un máximo de 10 m para los machos y hasta 13 m para las hembras. Pero están documentados ejemplares de más grandes proporciones. El cadáver de una hembra de casi 18 metros de largo fue hallado en una playa de Nueva Zelanda, en 1887. También en aguas neozelandesas, en 1933, se capturó otro calamar de 21 metros de largo y 275 kg de peso. En tiempos antiguos y medievales, la creencia en monstruos marinos, quizá oculta el encuentro con los calamares gigantes, que luego se difumina en la nebulosa de lo olvidado y no comprendido.

La sorpresa por lo que vive dentro del mar nos hace recordar cuánto nos queda por descubrir o, lo que es lo mismo, lo mucho que no sabemos, no solo sobre la vida intra-marina, sino sobre la realidad en su conjunto.
Las fotografías, o imágenes de videos, de los grandes cefatalópodos, pueden reducirse a la noticia del descubrimiento de un nuevo y descomunal calamar. Podemos imaginarnos también a los inmensos calamares pululando en las pantallas de plasma de alta definición del mundo. Luego la novedad se diluirá en la trituradora del presente periodístico, que sólo tolera la última noticia.
Pero el mar y sus calamares gigantes no componen solo una sorpresa y una noticia, sino algo que puede abrir al pensamiento sobre lo que todavía no flota en la superficie del conocimiento. Por ejemplo, ni el más poderoso o sofisticado desarrollo de las ciencias y la tecnología en multitud de áreas destruye la “contraparte irreversible de lo no sabido”. Con esta expresión nos referimos a la brecha siempre inmensa entre los nuevos saberes y la magnitud de lo que permanece ignorado. Esta brecha no se sostiene solo en la circunstancial falta de investigación suficiente de algo, como la profundidad de los mares, con sus fumarolas y peces extraños. Porque lo desconocido no se remite sólo a lo abismal de los océanos sino también a la complejidad de los procesos de la materia pequeña (de las micropartículas en el átomo), o del macrouniverso de las estrellas y las galaxias, los agujeros negros y la llamada materia oscura. Procesos que no cesan de arrojarnos flechas con preguntas sin respuestas.
Entre lo que conocemos y lo que quizá nunca sea descubierto en grado suficiente y óptimo, late esa “desproporción irreversible” que, en contra de las apariencias, no se achica.
Y recordemos los calamares gigantes que nos devuelven a las aguas profundas del mar. Hoy por hoy, solo hemos explorado una pequeña parte de los lechos marinos. Sin embargo, podría imaginarse que, en un futuro no tan lejano, el mejoramiento de los submarinos en su capacidad operativa, en su velocidad e instrumentales de mayor receptividad, nos entregará un equivalente del mapa satelital de la Tierra. Entonces, parecería que lo abismal de los océanos se incorporará a un saber tan robusto como la física de las leyes naturales observables, o la química orgánica o la genética.
Pero aun cuando la cartografía completa de los lechos marinos fuera posible en el futuro, la «contraparte irreversible de lo no sabido” continuará en todo su salud desafiante. El conocimiento sobre el fondo de los mares, sus criaturas, como los calamares gigantes, y sus procesos de reproducción, evolución, metabolismo y sus ecosistemas acuáticos, continuará creciendo. Pero el arco del no saber, y de lo mucho que queda por descubrir, seguirá lanzando las flechas de las preguntas sin respuestas. Preguntas irresolubles sobre, entre muchas otras cosas, el origen de la misma materia, con sus átomos y las moléculas que integran el fondo de los mares, o el origen de los genes que componen los calamares,y otros seres, en la noche profunda del mar.

Calamar gigante (Foto en la Vanguardia)
Imagen generada por Bing

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