Por Laura Navarro

He comprado estos dátiles
sin pensar
solo porque vienen desde lejos.
Arranco su hueso,
los despojo
de eso que los sostiene,
los hace persistir.
Veo
las cajas de dátiles junto
a los damascos,
el mazapán, los higos de Esmirna,
(digo Esmirna y estoy diciendo Izmir,
una ciudad antigua frente al mar)
mientras,
los vendedores gritan
cosas que no comprendo,
el minarete llama al recogimiento,
el silencio se agranda, la oración
es una música
que repite:
Alá,
no hay más dios
que Alá,
no hay más dios, pienso,
que esta fruta
extraña y dulce.

❤❤❤❤
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