Por Paula Emmerich

¿Tener o ser? es una obra popular de crítica social del psicólogo Erich Fromm (1900-1980). Aunque fue publicada en los años 70, tiene relevancia hoy más que nunca. Es una de sus obras más conocidas del autor junto con El arte de amar, El miedo a la libertad, Anatomía de la destructividad humana, El dogma de Cristo, o Sobre la desobediencia.
A continuación incluyo un resumen de los puntos más importantes del libro.
El hombre se ha convertido en un superhombre, pero el superhombre con su poder sobrehumano no ha alcanzado el nivel de la razón sobrehumana. Premio Nóbel de la Paz (1952), Albert Schweitzer
Con el advenimiento de la revolución industrial, el descubrimiento del petróleo y la sustitución de la fuerza humana y animal por las máquinas, la humanidad experimentó un progreso acelerado que prometía crear un paraíso en la Tierra. Este sistema ha sacado a millones de la extrema miseria, ha extendido la vida humana y producido impresionantes avances tecnológicos, pero no ha cumplido su Gran Promesa de felicidad, ni siquiera de bienestar para todos.
Somos sociedades claramente infelices, dice Fromm y cuestiona las premisas que sostienen a la sociedad moderna: 1) ¿Es la meta de nuestras vidas la felicidad o la maximización del placer? y 2) ¿Pueden el egotismo, el egoísmo y la avaricia, que el sistema económico necesita para funcionar, producir armonía y paz?

Hemos comprobado que la satisfacción ilimitada de nuestros deseos no garantiza la felicidad ni siquiera el bienestar y es con frecuencia causa de infelicidad. También hemos constatado que el sistema amplifica la desigualdad entre los humanos y crea peligros ecológicos, sociales y de guerras exterminadoras.
La avaricia y la paz se excluyen mutuamente. Mientras todo el mundo desee tener más, se formarán clases, habrá guerra de clases, habrá una guerra internacional.
A pesar de que somos conscientes de que algo marcha mal en el mundo, no cuestionamos las premisas que sostienen el orden económico y social actual. Es cierto que el hombre busca su interés propio, pero ¿es incapaz de solidaridad o cooperación? ¿Es incapaz de trascender el ego? Fromm plantea que nuestra naturaleza es dual, reunimos los dos caracteres, somos egoístas y compasivos, individualistas y cooperativos, pero nos amoldamos a las estructuras del sistema y, si este fomenta solamente la competitividad y el afán de lucro, producirá seres que reflejen estas características y recompensará a aquellos que sobresalgan en estas tendencias.
La mayoría de la gente no advierte que la mayor parte de lo que cree verdadero y evidente es una ilusión producida por la influencia sugestiva del mundo social en que vive. Así pues, el conocimiento empieza con la destrucción de las ilusiones, con la desilusión.

El afán de lucro, fama y poder se han convertido en el motor dominante de la sociedad moderna. Vivimos en una sociedad interesada en TENER. En este modo de existencia, mi relación con el mundo es de posesión. Cualquier cosa puede convertirse en objeto de posesión: lo material, las personas, los ritos, las buenas acciones, el conocimiento y los pensamientos. No son en sí «malos», pero se vuelven insanos cuando me aferro a estos, cuando vivo para acumularlos y rendirles culto, cuando permanezco atado a mis posesiones y a mi ego.
En último término, la afirmación «yo (sujeto) tengo 0 (objeto)» expresa una definición de yo mediante mi posesión de 0: Yo soy lo que tengo. Esto transforma a todo el mundo y a todas las cosas en algo muerto y sometido al poder de otro.
El modo SER significa una relación viva y auténtica con el mundo, es un proceso vital donde el cambio y el desarrollo interno son cualidades inherentes. Su característica fundamental es estar activo, y no en el sentido de una actividad exterior, de estar ocupado, sino de una actividad interior: el uso productivo de nuestras facultades. Significa renovarse, crecer, fluir, trascender la prisión del ego aislado, estar activamente interesado, amar y dar.
Nuestros juicios se encuentran muy deformados porque vivimos en una sociedad que tiene como pilares de su existencia la posesión material, el lucro y el poder. Ni siquiera apreciamos lo que poseemos. Hoy día se hace hincapié en el consumo, no en la conservación, y adquirir se ha convertido en comprar para deshacerse de las cosas.

El sistema fomenta y amplifica el instinto de TENER. Como nuestra naturaleza es social y nadie quiere ser paria, interiorizamos los valores de la sociedad. De este modo de vida se derivan la angustia y el miedo a perder lo que se tiene y se magnifica nuestro deseo de tener más, porque el ego no tiene un punto de saciedad. La codicia es el producto natural de la orientación de tener.
Como consecuencia, la sociedad ha desarrollado el «carácter mercantil»: somos una mercancía y nuestro valor depende de nuestro «valor de cambio». No bastan la capacidad y las facultades para desempeñar una tarea dada. El éxito depende en gran medida de cómo se vende la personalidad en «el mercado de personalidades». Esto es notable en la mega máquina moderna: la gran corporación, las entidades burocráticas, cualquier organización de gran tamaño, en que se trabaja para ascender sin cuestionar la agenda de la organización. Prevalece el pensamiento manipulador junto a la atrofia de la vida emocional; aceptamos trabajos alienados (que van en contra de nuestro anhelo de crear, expresar, compartir y ser) y nos conformamos con el péndulo que vacila entre jornadas laborales extenuantes y la pasividad absoluta en las horas de ocio.
Vivimos en un mundo de «placeres sin alegría». La falta de gozo obliga a buscar placeres siempre nuevos, cada vez más excitantes.
Somos sociedades claramente infelices por esta falta de satisfacción interna, mientras que el modo de SER conduce a la vitalidad y a la alegría. Esta alegría no es un «punto cumbre de la experiencia», que culmina y termina de pronto, sino más bien una meseta, un sentimiento que acompaña la expresión productiva de nuestras facultades humanas esenciales.
La alegría no es el éxtasis momentáneo, sino el resplandor que acompaña al ser. Podemos evocarla cuando llevamos a cabo los procesos que expresan nuestra naturaleza humana óptima.
Estamos desequilibrados. Los seres humanos tienen una naturaleza específica y solo pueden crecer según las normas de su naturaleza. Cuanto más nos acerquemos al modelo de la naturaleza humana, mayores serán nuestra libertad y nuestro bienestar. Necesitamos restaurar el equilibrio entre TENER y SER.

TENER es esencial para nuestra sobrevivencia, pero los seres humanos también sentimos un deseo inherente y profundamente arraigado de SER: expresar nuestras facultades, ser activos, relacionarnos con otros, escapar de la prisión del egoísmo. En especial, el deseo humano de unirse con los demás es uno de los estímulos más vigorosos de la conducta humana. Sin embargo, al perder nuestros instintos naturales como consecuencia del desarrollo de la razón, nos separamos primero de la naturaleza y, estancados con nuestros egos hambrientos y antagónicos, nos separamos de los demás. Sin el instinto de la naturaleza, enfrentamos múltiples caminos y favorecemos el tomado por la mayoría porque nos da seguridad e identidad.
Para restaurar el equilibrio, necesitamos un nuevo marco de referencia que dé sentido a nuestras vidas y promueva una nueva unidad, con nuestros semejantes y con la naturaleza. Los seres humanos pueden lograr el bienestar verdadero, a través de la comprensión racional de la naturaleza humana y de las normas que rigen nuestro desarrollo óptimo.
Fromm propone que no debe buscarse el consumo máximo, sino el consumo sano que fomenta el bienestar verdadero, y que debe construirse una sociedad en que predomine el modo de SER. Exige un cambio ético, no religioso o moralista, a través de la comprensión racional de la naturaleza humana y de las normas que rigen nuestro desarrollo óptimo. Insiste en la necesidad de una nueva conciencia mundial para el uso ético de los recursos materiales, renunciando al crecimiento ilimitado e incentivando la armonía con la naturaleza y no la conquista.

Fromm es consciente de las dificultades que conlleva introducir estos cambios y propone crear una nueva ciencia humanista del Hombre en la que trabajarían las mejores inteligencias con la participación de grupos sociales y de consumidores a través de la creación de una «Cámara Baja» y de otras instituciones democráticas. Señala el peligro de caer en sistemas burocráticos, en el fascismo tecnológico y en todo tipo de centralismo o autoritarismo.
Fromm concluye diciendo que una meta «utópica» es más realista que el «realismo» de los dirigentes políticos. La creación de una nueva sociedad y de un nuevo Hombre sólo es posible si los antiguos estímulos del lucro, el ego y el poder son remplazados por otros nuevos: SER, compartir, amar, trascender.
(*) Este texto fue publicado originalmente en Masticadores, página nacida en Cataluña, dirigida por J r Crivello, y con numerosos colaboradores en el mundo.

¿TENER O SER? DE ENRICH FROMM EN PDF, AQUÍ