Por Jaime Nubiola (*)
Se suele confundir el precio de las cosas y la noción de valor, como un significado propio, independientemente de las cantidades. Este recuerdo como motivo de reflexión se propone en estas líneas.
Leí con vivo interés la entrevista con el filósofo estadounidense Michael Sandel publicada en La Vanguardia [5 mayo 2025] a propósito de su reciente libro «Igualdad», escrito a dos manos con el famoso economista francés Thomas Piketty. El propio titular de la entrevista destacaba el vacío moral que se crea en la sociedad cuando son los mercados los que definen qué es lo valioso. De inmediato trajo a mi memoria aquel certero aforismo de Machado en su Juan de Mairena: «Todo necio confunde valor y precio».
Sandel —que hizo su tesis doctoral con Elizabeth Anscombe e Isaiah Berlin— explica en la entrevista que en la sociedad capitalista contemporánea no hay espacio para el debate moral, para el diálogo sobre las grandes cuestiones éticas, pues lo único que vale aparentemente, el precio de mercado es lo único que se valora en nuestra sociedad. Subrayo el «aparentemente» pues a decir verdad las cosas más valiosas de nuestra vida no se venden en el mercado: la paz, la alegría, la familia, la amistad, el aire limpio, la naturaleza, los atardeceres, etc. Viene ahora a mi recuerdo aquella hermosa canción de Mocedades del año 1974:
Voy a poner un mercado
entre tantos mercaderes
para vender esperanzas
y comprar amaneceres.
[…]
¿Quién quiere vender conmigo
la paz de un niño durmiendo,
la tarde sobre mi madre
y el tiempo en que estoy queriendo?
La convivencia democrática requiere el debate moral, el diálogo sobre las cuestiones básicas que a todos nos afectan. «Las sociedades liberales —afirma Sandel— tienden a rehuir el debate público sobre las concepciones contrapuestas de la vida. Es comprensible, pues discrepamos en muchas cuestiones morales. Pero es un error pedir a los ciudadanos que dejen de lado sus convicciones morales al entrar en la esfera pública».
No se puede delegar en los mercados la definición de lo que es valioso. Los mercados solo fijan los precios, no los valores. Somos las personas quienes reconocemos los valores y «es mejor debatirlos que delegarlos» en los mercados.
(*) Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía, Universidad de Navarra, España.
Fuente: Este texto fue publicado originalmente en Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo .
