
Lo que oculta el mar siempre reaviva la percepción del misterio. En algunos casos, en el lecho oceánico, se esconden huellas del pasado humano. Aquí un artículo que reúne varios ejemplos asombrosos de ciudades o construcciones sumergidas en la fría profundidad marina.
Las ciudades invisibles de las profundidades: cuando el agua es el guardián de la memoria, por Miguel Alcaide (*)
Bajo diferentes masas de agua —mares, lagos, embalses— yacen ciudades que no aparecen en los mapas turísticos. Ni son leyendas ni son la Atlántida: son urbes reales, con calles, plazas, templos y casas que un día quedaron sumergidas bajo el agua por terremotos, por el leve “respirar” de la Tierra (su dinámica geológica y climática)… o por decisiones políticas muy concretas. La lección que nos brindan es doble: el agua borra, pero también conserva; y a veces, lo que llamamos “progreso” se escribe con una inundación programada.
Pavlopetri (Grecia): un plano urbano de hace 5.000 años

A escasos metros de la costa del Peloponeso, en la bahía de Vatika, descansa la que muchos investigadores consideran la ciudad sumergida más antigua conocida: Pavlopetri. Descubierta en 1967 por el oceanógrafo Nic Flemming y cartografiada por primera vez en 1968, conserva algo excepcional: un trazado urbano completo, con calles, patios, edificios y tumbas aún identificables. Las investigaciones realizadas desde 2009 (University of Nottingham, en colaboración con el Ministerio de Cultura griego) han confirmado que fueron habitadas desde el III milenio a. C., y han estado mapeando el yacimiento mediante el uso del sonar y de estaciones totalmente robotizadas. La ciudad yace, hoy, a unos 4 o 5 metros por debajo del nivel del mar, resultado de una combinación de la subsidencia local (hundimiento o descenso gradual de la superficie del terreno) y el ascenso del nivel marino holoceno.
Más allá del dato arqueológico, Pavlopetri nos recuerda algo esencial: las ciudades costeras son organismos frágiles en escalas de tiempo largas. Donde hoy ponemos paseos marítimos, ayer hubo aldeas; y lo que hoy mapeamos con drones, mañana puede estar bajo un par de metros de agua si la tierra cede o el mar sube.
Shicheng (China): una capital histórica hundida por decreto

En el extremo opuesto de la cronología, Shicheng —“Ciudad León”, fundada en época Han y ampliada durante las dinastías Ming y Qing— no se hundió por azar. En 1959, el valle fue deliberadamente inundado para crear el embalse del río Xin’an y alimentar la nueva central hidroeléctrica: nació así el Lago de las Mil Islas (Qiandao). La operación desplazó a miles de personas y dejó a Shicheng a decenas de metros bajo una lámina de agua que, paradójicamente, ha preservado portales, calles empedradas, templos y relieves con una nitidez sorprendente, casi como si el tiempo se hubiera detenido.
Hoy, la ciudad sumergida es un destino exclusivo para el buceo técnico, que está estrictamente regulado para proteger sus frágiles estructuras. Poder contemplar bajo el agua sus antiguos edificios y esculturas ha convertido a Shicheng en un museo sumergido que permite a los visitantes, de forma inédita, asomarse a siglos de historia.
Este es un caso incómodo porque nos obliga a enfrentar la cara B del desarrollo: cuando una presa promete energía, control de inundaciones y progreso económico, la suma de los beneficios públicos puede imponerse a la pérdida patrimonial, a veces, de ciudades enteras.
Una decisión que se toma en tierra y que deja la memoria histórica sumergida bajo el agua, suspendida entre el pasado y la modernidad.
Baia (Italia): la Pompeya submarina que se hunde a cámara lenta

En el golfo de Nápoles, muy cerca de Pozzuoli, existió una de las ciudades más fastuosas del Imperio romano: Baia, lugar de descanso, placer y lujo de la élite romana. Sus villas, termas y jardines eran frecuentados por personajes como Julio César, Pompeyo y Cicerón, hasta el punto de que algunos cronistas la llamaban “Las Vegas de Roma”. Sin embargo, a diferencia de Pompeya o Herculano, no desapareció de golpe bajo la ceniza de un volcán: se hundió lentamente, víctima de un fenómeno geológico llamado bradisismo, el suave pero implacable ascenso y descenso del terreno en zonas volcánicas activas.
Durante siglos, este “respirar” de la Tierra hizo que las costas se desplazaran, hundiendo poco a poco villas y templos bajo el mar. Hoy, ese proceso ha convertido a Baia en un parque arqueológico submarino único en el mundo, donde todavía se pueden contemplar mosaicos en blanco y negro, esculturas, calzadas, columnas y restos de termas bajo aguas cristalinas.
Buceadores y turistas con simples gafas y tubo de respirar pueden pasear, literalmente, entre las ruinas sumergidas de una ciudad de placer que nunca imaginó reposar en silencio bajo el Mediterráneo.
Lo fascinante es que Baia no está “muerta”: el terreno sigue en movimiento. El fenómeno del
bradisismo continúa, recordándonos que el Mediterráneo no es un lago inmóvil de postal, sino un tablero tectónico en el que las fronteras entre la tierra y el mar pueden cambiar a un ritmo lento… pero perceptible incluso en tiempos históricos.
Thonis-Heracleion (Egipto): la ciudad portuaria que emergió del agua después de desaparecer. Durante más de mil años, Thonis-Heracleion fue una encrucijada imprescindible: puerta de entrada del comercio al Egipto faraónico y lugar sagrado donde los faraones rendían culto antes de coronarse en Alejandría. Sin embargo, su grandeza se desvaneció hasta convertirse en un mito: solo quedaban vagas referencias en textos clásicos y algunas inscripciones olvidadas.
Todo cambió en el año 2000, cuando el arqueólogo submarino Franck Goddio y su equipo localizaron bajo las aguas de la bahía de Abukir colosos de granito, templos hundidos, barcos mercantes y muelles intactos, confirmando la existencia de esta ciudad perdida. El hallazgo reveló no solo el esplendor de una urbe cosmopolita, sino también el modo en que fue devorada por la naturaleza: subsidencia del terreno, licuefacción del suelo y la lenta pero implacable subida del nivel del mar y del delta del Nilo.
Hoy, cada estatua rescatada, cada inscripción y cada objeto recuperado narran la paradoja de Thonis-Heracleion: una metrópolis que el agua sepultó, pero también conservó. Una lección fascinante de cómo el mar, a la vez destructor y protector, puede convertirse en un involuntario guardián de la memoria de la humanidad.
No siempre fue “la naturaleza”: pueblos bajo embalses
La historia reciente europea también ofrece ejemplos de sumersiones planificadas. En Galicia, el antiguo Portomarín quedó cubierto por el embalse de Belesar (1963). Para salvar su patrimonio, la monumental iglesia-fortaleza de San Nicolás se trasladó piedra a piedra a un nuevo emplazamiento en el Monte do Cristo. En los estiajes, los arcos y ruinas del viejo núcleo asoman como un negativo de la memoria.
¿Qué nos dicen estas ciudades sumergidas hoy?
La costa es un proceso, no una línea. Pavlopetri y Baia muestran que los bordes entre tierra y agua se mueven —por tectónica o por cambio del nivel del mar— a escalas que rebasan una vida humana. Planificar ciudades costeras exige pensar en escalas de siglos, no de mandatos políticos.
El patrimonio también se decide. Shicheng y Portomarín recuerdan que las infraestructuras tienen costes culturales. Documentar, trasladar, abrir parques submarinos o museos bajo el agua son formas de realizar una gestión activa de esas pérdidas.
El agua conserva como un sarcófago. La anoxia relativa (la escasez de oxígeno), la ausencia de erosión eólica y solar y, en embalses fríos y profundos, la estabilidad del medio, explican por qué encontramos pavimentos y relieves nítidos tras décadas o milenios.
Epílogo
Bucear una ciudad es leer a la humanidad en cursiva. A veces, el agua cae de golpe y se lo lleva todo; otras, sube milímetro a milímetro, hasta borrar la historia a ras de las olas. Pero esas urbes sumergidas siguen ahí, archivadas en silencio, esperando a que alguien vuelva a recorrer sus calles… ya no con sandalias, sino con aletas.

(*) Fuente: Texto republicado desde Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo..