
LA inteligencia hoy atrae con especial fuerza debido al protagonismo innegable de la inteligencia artificial. Este hecho de vanguardia tecnológica se mezcla cada vez más con la vida cotidiana. Pero más allá de su significación en sí misma, social y técnica, la IA reaviva la pregunta por la naturaleza de la inteligencia y su alcance.
Una tendencia ahora superada, hasta hace algunas décadas, era el reduccionismo lógicomatemático de la inteligencia. Se consideraba que era más inteligente quien se movía con la agilidad de un pez en el agua por los corredores numéricos de las operaciones matemáticas o la deducción de propiedades de las figuras geométricas. Esto cambió con el efecto de las obras de Howard Gardner y las inteligencias múltiples, en 1983. El rango de lo inteligente se diversificó y devino en una realidad múltiple: no hay una forma arquetípica y superior de inteligencia, sino diversos ámbitos de la inteligencia en acción, desde lo corporal hasta lo creativo y artístico, pasando por la inteligencia en las relaciones interpersonales o la indagación filosófica sobre el porqué de la existencia y sus sentidos.
El campo diversificado de la inteligencia es aún válido para prevenir la tentación ante cualquier nueva forma de reduccionismo, como el paso de la antigua contracción del máximo vuelo de la inteligencia en lo matemático a la actual contracción de lo inteligente hacia la inteligencia artificial. El principio central de la determinación de lo inteligente es la capacidad para la resolución de problemas y la capacidad de adaptación a un ambiente. Pero, aún más, lo inteligente quizá actúa con mayor rigor cuando no solo acepta reducirse a una sola variante o posibilidad, sino cuando se abre a todas sus opciones. En esa apertura, la inteligencia es un proceso múltiple y polifónico, no solo acotado a las capacidades humanas o a sus productos tecnológicos que imitan procesos semánticos y cognitivos. Es algo más: la inteligencia que es inteligente al abrirse hacia la comprensión de todos sus modos es el momento en que lo inteligente no solo se encuentra en la capacidad cognitiva cerebral humana, sino en los procesos de la realidad total; en todo aquello que permite que la naturaleza actúe y no caiga en el caos, y lo mismo respecto a los movimientos de los cuerpos celestes y las galaxias.
La inteligencia no es solo el sonido de la música del cerebro humano, o de sus nuevos «instrumentos musicales» provenientes de la capacidad de la inteligencia artificial. Lo inteligente es un poder mayor que todo lo humano, que mantiene la cohesión entre toda la materia, el funcionamiento de los cuerpos y el orden entre los planetas y las estrellas. Lo «inteligente» no habita solo en nuestras computadoras como «modo IA» o en las circunvoluciones de nuestro cerebro. La inteligencia está esparcida por todas partes.
Esteban Ierardo