Breves (11) El cangrejo vuelve al mar

(Foto en Pintarest)



A veces, es bueno percibir lo que está fuera del cuerpo y del yo. Entonces un amanecer cubierto de águilas; la noche en la noche; la luna que brilla como hace millones de años. Y, bajo un cielo con estrellas muy antiguas, duerme el profundo mar que no alcanzamos a entender.

 ¿Y por qué no nos imaginamos frente al mar? El sol brilla. Las piedras se empapan de espuma y sal. En el viento se despliegan banderas de reinos perdidos. El rítmico reflujo de las olas. Y un acantilado, para sentarse, ver, meditar. Es un mediodía soleado. El sol es un milagro que regala luz. ¿Y si el horizonte está atrapado en el fondo de una taza de café? ¿Entonces, no debiéramos salir de la taza? ¿Ser en el espacio? ¿Ser el espacio? ¿Y si pudiéramos comunicarnos con los peces, con el pasado en las rocas, o con un cangrejo, solitario, en la playa?

Allá está un cangrejo que avanza, lento, en la costa. Hermano de los otros crustáceos que tantos cocineros gourmet gustan asesinar en agua caliente. Cientos de estudios científicos determinan la capacidad de sentir y sufrir de diversos animales, como parte de la ampliación de modernas leyes del bienestar animal. Los decápodos (los cangrejos, langostas y langostinos) también sienten. Sin embargo, inmensas cantidades de estos seres son hervidos vivos para el deleite de comensales de altas exigencias culinarias y de poderosas tarjetas de crédito.

Y allá está el cangrejo que avanza, lento, en la costa.

Arriba, pinceladas de nubes, las alas de los pájaros; abajo, la superficie del mar, y su secreto. Y siempre el tiempo que toca, pero no es tocado.
Y podríamos pensar: ¿Hay un lenguaje por el que todas las creaturas, las aguas y el aire se comunican entre sí y con el tiempo que todo toca? ¿Cómo escuchar ese lenguaje? ¿La palabra de ese lenguaje es energía que siempre está naciendo? ¿El viento que se siente en la cara es la fuerza de lo que siempre está naciendo?

Un ave que se posa a un lado y nos dice (quiero creer que nos dice): Dios, o como quieras llamarlo, es una gran colmena, su miel lo impregna todo, es todo.

Y podemos pensar en el laser y la inteligencia artificial, el ciberespacio, el roaming, el wifi, el tráfico de datos, los smart tv y los Boeing. Pero el cangrejo está más cerca de la colmena, y del misterio que arde en los átomos, y de lo que siempre está naciendo.


¿Y de dónde viene la miel de la colmena?

¿Y la colmena misma?

Suficiente con percibir a lo que se refiere la pregunta para estar vivo, mientras el cangrejo sigue avanzando sobre la arena, mientras los pájaros y abejas entienden lo que nosotros no entendemos;

mientras la playa murmura algo;

mientras el océano agradece por la colmena.

Y el cangrejo, al fin, vuelve al mar.

                    Esteban Ierardo


 

Deja un comentario