Surrealismo y “El Ángel Exterminador” de Luis Buñuel

Por Francisco de Aurteneche

Fotograma de El Ángel Exterminador de Luis Buñuel

Luis Buñuel (1900-1983) es el compañero de inspiración de Salvador Dalí en un pionero cine surrealista en El perro andaluz (1929) y La edad de oro (1930); y, ante todo, Buñuel es el gran creador español pleno de crítica social, surrealismo, búsquedas trascendentes y reflexiones existenciales. Y su cine surreal, durante su exilio en México, fulge con su notable misterio a descifrar que es El Ángel exterminador (1962).

Buñuel combina crítica social como en el documental Las Hurdes, tierra sin pan (1933), Los olvidados (1950), Viridiana (1960); o lo satírico, simbólico y surrealista como en La vía Láctea (1969), o El discreto encanto de la burguesía (1979). En El Ángel Exterminador la burguesía es motivo de sátira. La imposibilidad de los privilegiados burgueses de salir de su perímetro de confort y signos de jerarquía social, sugiere quizá la desvinculación con el amplio mundo real, el de los conflictos, pero también el de la riqueza de vida más genuina. En este sentido, Francisco de Aurteneche, el autor de este lúcido análisis sobre el velado simbolismo de la ficción de Buñuel nos sugiere: «Buñuel lleva al extremo la endogamia de una clase que se aísla a sí misma en rituales y eventos sociales desprendiéndose totalmente del mundo real. Esta idea se reafirma sobre el final de la película, en el cual una vez terminado el martirio del encierro en la mansión, este grupo de burgueses participa de una misa de la cual tampoco parecen poder salir».

Surrealismo y “El Ángel Exterminador”, por Francisco de Aurteneche (*)

Luis Buñuel (Crédito: Infobae Cultura)

En 1962, el director español-mexicano Luis Buñuel, reconocido artista surrealista, estrenó «El ángel exterminador», posiblemente la película más representativa del movimiento junto con “Un perro Andaluz” (co-dirigida por Buñuel y Salvador Dalí). Apartando el hecho de que Buñuel se definía a sí mismo como un surrealista, el film está repleto de aspectos oníricos y por fuera de lo “real” que nos sirven para enmarcar claramente a la obra dentro de esta corriente de la vanguardia.

 La trama nos presenta a un grupo de amigos de la alta sociedad, reunidos en una mansión para una cena. Tras finalizar la misma, por una razón inexplicable incluso para ellos, ni los invitados ni los anfitriones pueden abandonar la casa; una fuerza misteriosa les impide cruzar el umbral del salón donde están reunidos. En su inexplicable tiempo de encierro, atraviesan situaciones impensadas sí las comparamos con el soporífero comienzo de su velada. Pactos suicidas, abusos sexuales, pesadillas, muerte y hambruna son solo algunos de los eventos ridículos que suceden a partir del simple hecho de que no son capaces de cruzar el la puerta.

En primer lugar, me parece importante destacar cómo Buñuel, de manera astuta, nos muestra en los planos iniciales las características de estos aristócratas: desde sus vestimentas, joyas y modales, hasta sus rasgos más despreciables, como la hipocresía, el culto a lo superficial y el desprecio hacia los empleados, considerados inferiores. Esto es relevante porque a partir del momento en que estos seres que se nos presentan como el estrato más alto de la sociedad se ven incapaces de salir de la habitación, el hambre, la desesperación y el cansancio se apoderan de ellos con el paso del tiempo.  La película explora la disolución del orden y el regreso a un estado primitivo, lo cual es también una característica clave a la que apuntaba el surrealismo. El hombre desprovisto de convenciones y pensamiento racional. A medida que los personajes se enfrentan a su incapacidad para escapar, sus comportamientos se vuelven cada vez más animales, revelando los instintos básicos y oscuros que yacen bajo la superficie de la civilización.

Buñuel nos muestra a la burguesía, representada por estos personajes, como una clase egoísta, altanera y que no se puede soportar a sí misma pero sobre todo nos la presenta como una clase aburrida. Los personajes no son distinguibles entre sí; pareciera que todos forman parte de una masa amorfa. Todos lucen igual, se ríen de lo mismo y se indignan por las mismas cosas. A través de las repeticiones de escenas enteras y diálogos, el director nos plantea la repetición y el tedio de la vida social burguesa, llevándolo al límite. Se encarga de mostrar el sinsentido de algunas de sus convenciones sociales. Hay escenas donde esta ridiculización es evidente, como una que nos muestra refinadas mujeres sacando de su cartera, que suponemos debe valer muchísimo, dos patas de gallo, o la transición de tomar champagne el primer día a a desesperarse por el agua de cañerías al siguiente. Pareciera que se iguala estas situaciones con los absurdos protocolos de la clase alta.

La burguesía como objeto de sátira es clara desde el momento en que los únicos miembros del evento que se ven expulsados fuera de la casa por esta fuerza misteriosa son los empleados de servicio. Aunque hay una excepción: el único mayordomo que se queda en la residencia. Al llevarles el desayuno la mañana siguiente a la noche de la cena, se da cuenta de que tampoco puede salir. Esto se puede interpretar como si el mayordomo se hubiera desplazado no solo en el espacio físico, sino también en el simbólico. Forma parte de la cofradía burguesa, aunque sea aspiracionalmente, en un momento de colapso.

Pasando al plano de la separación burguesa con el resto de la sociedad, es mi percepción que Buñuel lleva al extremo la endogamia de una clase que se aísla a sí misma en rituales y eventos sociales desprendiéndose totalmente del mundo real. Esta idea se reafirma sobre el final de la película, en el cual una vez terminado el martirio del encierro en la mansión, este grupo de burgueses participa de una misa de la cual tampoco parecen poder salir. Allí, asediados por una revuelta popular con una causa poco clara, los burgueses están protegidos por 2 instituciones: la Iglesia y el Ejército, esto no es arbitrario; Buñuel sitúa a estos 2 organismos como los protectores de la alta sociedad y sus valores. El último plano de la película consagra esta secuencia con una toma de un grupo de ovejas entrando a la iglesia casi como invadiéndola. Es difícil no relacionar a las ovejas con el proletariado irrumpiendo en los espacios sagrados y protegidos burgueses.

“En el estado de crisis actual del mundo burgués, día a día más consciente de su propia ruina, yo creo que el arte de hoy debe justificarse como consecuencia lógica del arte de ayer y, al mismo tiempo, someterse lo más posible a una actividad de interpretación que haga estallar en la sociedad burguesa su malestar.”

Esta cita corresponde a André Breton en mediados de la década del ´20. Buñuel dirige gran parte de su obra siguiendo el espíritu revolucionario y critico que proponía Breton, pionero del movimiento. “El ángel exterminador” es quizá el mejor exponente surrealista de esta línea de pensamiento, esta hecha para conmover y remover lo mas hondo del inconsciente humano en un marco dialéctico y revolucionario. 

Es fácil encasillar los problemas que Buñuel retrata en solo un asunto burgués (aunque quizá queda claro que es la clase mas viciada del sistema que critican), pero lo cierto es que la película, sus escenas grotescas e incomodas funciona como un espejo de nuestras propias miserias como especie. Lo aterrador es darse cuenta lo poco que nos separa de esos hombres y mujeres que encarnan lo más oscuro de las perversidades humanas.

(*) Este texto de Francisco de Aurteneche fue realizado en el contexto de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo en el contexto de la Universidad de Buenos Aires, en junio de 2024.

3 comentarios en “Surrealismo y “El Ángel Exterminador” de Luis Buñuel

  1. Muy buen análisis del ángel exterminador. Es de mucho interés el análisis del fantasma psicosocial, que genera la manera en que trata la película la burguesía !

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