Descartes en la matrix (*)

Por Aylen Colucho

¿Qué pasaría si lo que perciben mis ojos no fuera real? ¿Si lo que escuchan mis oídos fuera una mera recreación? ¿Si los sabores que experimenta mi paladar fuera una distorsión? ¿Si las texturas que siento al tocar fueran una ilusión?  En fin… ¿Qué sucedería si toda mi vida fuera una simulación? 

Sin duda, es algo alarmante de pensar y mucho más inquietante de experimentar. Rápidamente, la angustia reemplazaría el placer de la falsa realidad y lo único que desearíamos es “despertar”. Esto es precisamente lo que experimenta Thomas Anderson, más conocido como Neo, en la película The Matrix. Estrenado en 1999, el film escrito y dirigido por las hermanas Wachowski y protagonizado por Keanu Reeves, combina acción y ciencia ficción para presentar un futuro distópico dominado por máquinas e inteligencia artificial. En este mundo, la humanidad está atrapada –sin tener conocimiento de ello– en una realidad simulada, la matrix, creada por dichas máquinas inteligentes para distraer a los humanos mientras usan sus cuerpos como fuente de energía. A lo largo del cortometraje, Neo descubre la verdad sobre su existencia y enfrenta diferentes desafíos para liberar su mente de la simulación. 

The Matrix no es solo una gran obra dentro del género de ciencia ficción, sino que también logra evocar profundas cuestiones filosóficas sobre la naturaleza de la realidad, la percepción y la libertad. ¿Hasta qué punto podemos confiar en nuestros sentidos? ¿Es posible que toda nuestra vida sea una ilusión cuidadosamente construida?

Inevitablemente, estos interrogantes que nos presenta el film nos remiten hacia el reconocido filósofo del siglo XVI, René Descartes.

René Descartes (1596-1650), filósofo creador del racionalismo moderno, nacido en Francia, e influenciado por grandes personajes históricos como Tomás de Aquino y Arquímedes, Descartes emprendió un metódico camino de duda -filosofía de la desconfianza- en donde eligió no dar nada por sentado sin antes contar con evidencias y certezas absolutas. Así, comenzó sistemáticamente a dudar y cuestionar todo lo que lo rodeaba, incluso su propia existencia. En su célebre obra Meditaciones Metafísicas (1641). Descartes se pregunta si todo aquello que conocemos a través de nuestros sentidos es realmente confiable. Esta duda radical es paralela a la experiencia de Neo en The Matrix, quien comienza a sospechar que la realidad en la que vive no es lo que parece e iniciando un camino para descubrir la verdad. 

René Descartes, retrato por Frans Hals

“Algún vez tuviste un sueño que jurabas que era real? ¿Qué tal si no pudieras despertar de ese sueño? ¿Como sabrías la diferencia entre el mundo del sueño y el real?” (The Matrix. 1999)

En este trayecto, el filósofo frances presenta su hipótesis del genio maligno. Plantea la posibilidad de existencia de un ser omnipotente que nos engaña constantemente sobre la naturaleza del mundo, manipulando nuestras percepciones, haciéndonos creer en una realidad completamente falsa. Esta figura malévola encuentra su paralelismo en las máquinas inteligentes del film. 

“¿Que es real? ¿Cómo defines lo real? Si hablas de lo que puedes sentir, lo que puedes oler , probar y ver… lo “real” son impulsos eléctricos que tu cerebro interpreta como tal” (The Matrix. 1999)

Pues la matrix no es más que un sistema de realidad virtual creado para engañar a los humanos, haciéndoles creer que viven en un mundo real cuando realmente están atrapados en cápsulas y sirven simplemente como fuente de energía. Este momento, donde Descartes lleva la duda a su extremo, logra convertirla en lo opuesto alcanzado así el primer conocimiento absolutamente cierto. Esta primera conclusión, que constituirá el principio fundamental de su filosofía, cogito ergo sum o pienso luego existo, representa una certeza indudable: incluso si todo lo que nos rodea representa una falsa ilusión, el hecho de que dudemos y pensemos prueba nuestra propia existencia. Así, en The Matrix, cuando Neo despierta en la realidad fuera de la matrix y comienza a cuestionar la naturaleza de su propia existencia y la del mundo que lo rodea, comprende que su capacidad de pensar y cuestionar es la clave para abandonar la falsa realidad. 

“Es el mundo que se te puso ante tus ojos para cegarte de la verdad” (The Matrix. 1999)

En conclusión, The Matrix y las ideas filosóficas de René Descartes convergen en su exploración de la realidad, la percepción y el conocimiento. La película nos adentra en un seductor diálogo con ideas filosóficas sobre la fiabilidad de los sentidos y la naturaleza de la realidad. Así, tanto Neo como Descartes nos invitan a cuestionar nuestras propias percepciones y a buscar la verdad del mundo en que vivimos.

(*) Este texto de Aylen Colucho, con el nombre original de «Filosofía y ciencia ficción: el cogito en la matriz» fue realizado en el contexto de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo en la Universidad de Buenos Aires, en junio de 2024.

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