«El aprendiz de brujo», un poema de Johann Wolfgang von Goethe

En 1797, Goethe, el célebre autor de El Fausto, escribió el poema «El aprendiz de brujo» (Der Zauberlehrling) . Aquí advierte sobre el peligro de entregarse a prácticas cuyos efectos luego se tornan incontrolables.

Un sabio mago abandona su taller y deja a un aprendiz a cargo. Éste no quiere usar un cubo para cargar agua. Entonces encanta una escoba para que haga ese trabajo. Pero desconoce ese hechizo, no la comprende ni controla. El taller se inunda. Solo atina entonces a recurrir a un hacha para partir la escoba en dos. Cada de una de las partes se trasforma en una escoba entera que con nuevos cubos carga más agua, de modo que la masa líquida y su capacidad de anegamiento aumenta. El desquicio que parece incontrolable es disuelto por el hechicero, por pedido del aprendiz, que regresa y rompe el hechizo y lanza su advertencia sobre la negligencia de invocar fuerzas superiores inmanejables.

Junto con Antti Aarne, el folclorista Stitj Thompson creó un conocido sistema de clasificación de fábulas y cuentos de hadas.  Thompson cree que el origen de la historia del aprendiz de brujo proviene de la India. En el gran país de los Vedas era muy popular. Desde allí se propagó al resto de Asia, África, Europa y América. Pero quizá Goethe recibió la influencia de Amante de Mentiras, historia que escribió el gran escéptico Luciano hacia el 150 A.C. Hay un narrador, llamado Tychiades, que visita la casa de Eucrates, anciano y enfermo, quien afirma que lo sobrenatural es real. Otros participantes suscriben esa creencia con sus propios relatos que Tychiades, en cada caso, ridiculiza.​ El poder del aprendiz queda invalidado no tanto por su inexistencia sino por su carácter indómito.

Pero, en su nivel más hondo, la historia de Goethe acaso quiere advertir sobre el peligro de que el hombre apele a fuerzas que en realidad no comprende y que puede generar consecuencias que se vuelven en su contra.

He aquí el el poema…

E.I

El aprendiz de brujo

¡El viejo maestro brujo
Al fin se ha marchado!
Y harán sus espíritus ahora
También lo que yo les diga.
Sus palabras y conjuros
Yo recuerdo cómo usar,
Y con la fuerza de mi mente
Yo también haré prodigios.

¡Vengan olas, vengan
Por el sendero breve,
Que llegue a destino
El agua que fluye,
Y en ricos y cargados torrentes
Sea derramada en la bañera!

¡Y vení vos, escoba vieja!
¡Tomá el delantal de harapos!
Mucho tiempo has sido sierva;
¡Vas a cumplir lo que te digo!
Que te pares en dos piernas,
Que te surja una cabeza,
¡Y de prisa, vamos ya,
Con el cuenco de agua!

¡Vengan olas, vengan
Por el sendero breve,
Que llegue a destino
El agua que fluye,
Y en ricos y cargados torrentes
Sea derramada para el baño!

¡Miren cómo baja hasta la orilla!
¡No puede ser! Ya está en el río;
Y aquí, veloz como relámpago,
Viene a descargar, expeditiva.
¡Ya va por segunda vez!
¡Cómo los deja llenos!
¡Cómo en cada cuenco
Trae agua rebosante!

¡Quieta, quieta!
Pues ya tus dones
Los comprendimos
Por completo –
¡Ay, no me sale! ¡Ay, ay!
¡Se me olvidó la palabra!

Ay, la palabra con la que al fin
Vuelva a ser lo que ya fue.
¡Ay, cómo camina y trae!
¡Ojalá fueras la de antes!
Apenas vaciar el balde
Entra de prisa con otro,
¡Ay! ya cientos de ríos
Sobre mí se desploman.

No, ya no más,
No puedo permitirlo;
Quiero asirla.
¡Qué perfidia!
¡Ay, me está dando miedo!
¡Qué semblante! ¡Qué mirada!

¡Oh, aborto del infierno!
¿Vas a ahogar la casa entera?
Por cada umbral ya veo
Pasar una corriente de agua.
¡Qué escoba infame
Que no quiere oír!
¡Vos que eras un palo,
Quedate quieta de nuevo!

¿Al final no querés
Dejar de hacerlo?
Te quiero agarrar,
Te quiero sostener,
Y tu vieja madera viva
Partir con el hacha filosa.

¡Miren, ya viene a rastras de nuevo!
¡Apenas sobre vos me lance,
Kobold, vas a quedar en el suelo!
¡Crujiente te dio el filo perfecto!
¡De verdad qué puntería!
¡Miren, se partió en dos!
Y tengo ahora esperanza
Y liberado respiro.

¡Ay, ay!
Ambas partes
De prisa se paran
Como buenos siervos
¡Completamente erguidos!
¡Ayúdenme, ay, fuerzas de lo alto!

¡Y caminan! Más y más agua
Hay en la sala y toca los escalones.
¡Qué líquido más repugnante!
¡Maestro Brujo! ¡Oiga mi llamado! –
¡Ah, ahí viene el Maestro!
¡Señor, es una emergencia!
Los espíritus que invoqué
No logro detenerlos.

“A tu rincón,
¡Escoba, escoba!
¡Ha sido suficiente!
Pues a los espíritus
Sólo puede invocarlos
El llamado del viejo Maestro.”

1797

Fuente: Extraído de: Johan Wolfgang von Goethe, Gedichte, Reclam, 1998. Traducción de Guillermo Romero von Zeschau

Ilustración de c.1882 de Ferdinand Barth. (Wikimedia)
J.W. Goethe (1749-1832)


			

Deja un comentario