Breves (25) La felicidad del conocimiento

El astrónomo (óleo sobre lienzo, 1669) del pintor holandés Johannes Vermeer (1632-1675), colección del Museo Louvre.

La felicidad se derrama en muchas formas que se pueden experimentar. Y luego pensar. La alegría del nuevo saber se vierte en la piel y el cerebro cada uno de los días.
El regocijo del conocer es saberse primero prisionero de la distancia entre lo minúsculo sabido y la inmensidad de lo que no se sabe; distancia que nunca es estática, torso inmóvil, roca ajena a las raspaduras, porque se puede raspar la piedra de la ignorancia para adelgazarla en pocos y nuevos milímetros cada vez.

Los primeros clanes de hombres y mujeres gozaron con sus aprendizajes de supervivencia entre fogatas, estrellas, las estrategias de la caza, el pulimento de las piedras convertidas en utensilios, o de las puntas de flechas devenidas filo letal. Nuestros antepasados paleolíticos se extasiaron con el saber cómo orientarse con menor margen de error y confusión a través de las praderas o las montañas sin senderos. Sobrevivir mejor es conocer más y gozar la felicidad que entrega esa tarea, como la satisfacción de los navegantes al unir firmes las vigas de los cascos y desplegar las velas infladas al viento.

Feliz es cada practicante de un oficio al conocerlo mejor en la forja del herrero, en el torno del alfarero, en el horno del pan caliente, en el golpe de martillo para clavar la lisa madera. Feliz es el chamán por conocer (o creer conocer) los secretos del lenguaje de los animales, el mensaje del trueno, las mejores plantas y cantos para curar; feliz es el sacerdote en la liturgia más perfecta; feliz el filósofo al elevarse entre las ideas, o el científico al comprender bajo nueva luz los fenómenos de la naturaleza. Más feliz son incluso los malvados al saber cómo mejorar sus ponzoñosas mordeduras.
Felicidad del conocimiento,
placer que se olvida
y que mucho se la confunde

con engullir y consumir información.

Ser feliz

por más conocimiento de algo,

pequeño o elevado,

aunque nunca se pueda conocer

por qué es la vida

con sus salvajes gotas de tormenta.

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