Por Jaime Nubiola (**)
En un tiempo en el que lo privado se suele hacer público, una propuesta de recuperación de un espacio de intimidad es necesario para, como expresa el autor de estas líneas, «cultivar decididamente nuestra interioridad, con libertad, con pasión, pensando por nuestra cuenta y riesgo».
Estoy leyendo con interés el libro de Ferran Sáez Mateu La intimidad perdida (Herder, Barcelona, 2024), ilustrado en la cubierta con una cautivadora «Magdalena penitente» de Georges de La Tour. Es un libro que da que pensar sobre las raíces de algunos de los aspectos más relevantes de nuestra cultura contemporánea. El autor es un experto en el filósofo y escritor francés Michel de Montaigne (1533-1592), uno de los padres de la modernidad.
Copio del capítulo 38 del libro primero de sus ensayos titulado «De la soledad» en la traducción que ofrece Sáez Mateu. Está hablando Montesquieu de la libertad interior, de no tener ataduras que hagan que nuestra dicha dependa de la familia, de los bienes o de la salud, y añade: «Es necesario reservar una trastienda completamente nuestra donde podamos establecer nuestra verdadera libertad y nuestro principal retiro y soledad. En ella deberíamos buscar nuestro cotidiano mantenimiento, de nosotros a nosotros; que fuera tan privado que ningún conocimiento o comunicación de algo ajeno se aposentara allí». El texto es claro y de extraordinaria actualidad cuando nuestros conciudadanos en cuanto están solos sacan su móvil para distraerse y evitar estar consigo mismo.
Para ilustrar esto suelo emplear en mis clases una tira de Mafalda en la que le pregunta a Miguelito si no le indigna un cartel que dice «Prohibido pisar el césped». Este le contesta: «No, ¡qué me importa! Yo tengo mi propio pastito interior». De eso se trata, de cultivar decididamente nuestra interioridad, con libertad, con pasión, pensando por nuestra cuenta y riesgo. Solo así superaremos las modas, las tendencias opresivas dominantes en nuestra cultura consumista, que bloquean el pensamiento, que dificultan la lectura, que nos convierten en seres superficiales que se conforman con estar entretenidos ante una insulsa pantalla.
____________________
(*) Fuente: Este texto nació a propósito de una charla debate de la que participó el autor, y fue publicado originalmente en Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo.
(**) Jaime Nubiola es profesor emérito de Filosofía, Universidad de Navarra, España (jnubiola@unav.es).

