Hace unos años visitamos en La Plata, República Argentina, a Fabiana Livoff. Su abuelo, padre de su madre Ethel L. Leonetti, pintora y profesora de dibujo, fue Germán Armando Leonetti (1896-1966), uno de los pintores de La Boca, íntimo amigo y compañero de ruta de Benito Quinquela Martín. Aquí lo recordamos y, a través de él, a todos los artistas enamorados de su lugar en el mundo.
Como pasa con muchos artistas, el paso del tiempo acumula el olvido sobre sus dotes y legado. Por eso, en este caso, queremos contribuir al recuerdo de un artista que se inspiraba en la sencilla grandeza de los trabajadores del puerto del barrio de La Boca, en la Ciudad de Buenos Aires, con sus barcos y las casas de los muchos colores, la melancolía, y el deseo de sus habitantes de ganarse una mejor vida por la fuerza del trabajo.
Para recordar a un pintor de La Boca: la obra de Germán Leonetti.
Por Esteban Ierardo
El artista lo es por recrear el arte; sólo secundariamente lo es por el reconocimiento. Los grados del aplauso se apaciguan o avivan según oscilaciones de las coyunturas y los tiempos. Pero el castillo donde habita un esfuerzo creativo es el de los muros alzados por el amor a la creación. Un amor no supeditado a lo que vulgarmente se entiende por “éxito”.
El reflujo de la marea no ha colmado de estima la obra de Germán Armando Leonetti. Pero el ojo que ve curioso los picos de la pintura argentina hará bien en recordar el camino de pinceladas de este pintor. Una actitud válida para ensayar también respecto a otros creadores de Argentina y el mundo que no son agasajados por una celebración multitudinaria.
Leonetti nació en Buenos Aires en 1896. Hombre del estertor final del siglo XIX, que respiró con ansiedad expresiva en el convulsionado siglo XX.
Educó su talento en la Academia Nacional de Bellas Artes. En 1919 salió de la academia con el título de Profesor de Dibujo y Pintura. El arco de su trayectoria entonces se tensó en diversos salones de la Argentina. Y fue co-fundador del Círculo de Bellas Artes, y jurado en los Salones Nacionales, Provinciales y Municipales por más de dos décadas. Muchas de sus obras se encuentran en varios museos nacionales, entre ellos, el Museo Quinquela Martín en La Boca.
En 1996, se despidió de sus pinceles. Su descendencia biológica y artística es su hija Ethel L. Leonetti, también pintora y profesora de dibujo.
Y La Boca y Quinquela Martín fueron de las gemas más preciosas que Leonetti conoció en su camino. Porque Quinquela, el pintor filántropo y amante de las escenas portuarias boquenses, fue su íntimo amigo y compañero de ruta. Lo mismo que Quinquela, fundador de la Orden del Tornillo, la paleta de Leonetti se estimuló con visiones del trabajo en La Boca. En esas pinturas, unas pinceladas orgánicas y delicadas reviven el mecerse de las barcas sobre las aguas del puerto. O una jornada de inundación en La Boca de otrora, queda plasmada con una soltura donde lo trágico de la situación se modera con la gracia de las figuras y la intensidad de la atmósfera.
Como todo artista en estado de movilidad creadora y vitalidad no congelada, Leonetti experimentó con nuevos lenguajes en su autoexpresión. Y, así, desde lo figurativo realista se proyectó hacia composiciones cubistas y expresionistas.
Ir más allá de los artistas preferidos del recuerdo, es concederle a la historia del arte el poder de la sorpresa continua. Ampliar las constelaciones de la pintura argentina, o de cualquier otro arte, es encontrar las líneas de luz de los artistas que merecen ser recordados.
La nieta de Leonetti, Fabiana Livoff, ha realizado un esmerado blog de recuerdo y homenaje a la obra de Leonetti:
http://german-armando-leonetti.blogspot.com.ar/2012/07/datos-biograficos.html



