Por Camila Sol Aispuru (*)

Aquí un lúcido análisis sobre la relación entre el arte y la producción artificial de imágenes de la inteligencia artificial. Para su elaborada reflexión, la autora parte de una convocatoria para llenar temporalmente el lugar vacío producido en la galería real Mauritshuis de la Haya cuando La joven de la perla de Johannes Vermeer fue prestada al Rijksmuseum en Ámsterdam.
LA GALERÍA REAL MAURITSHUIS DE LA HAYA, Países Bajos, en 2023, luego de prestar la famosa pintura “Meisje Met de Parel” (La joven de la perla) del pintor Johannes Vermeer a una exhibición celebrando las obras más icónicas del artista en el Rijksmuseum en Ámsterdam, se encontró con un lugar vacío donde el cuadro solía estar. De igual manera, varias de las pinturas de Vermeer se habían prestado para esta misma exhibición, por lo que el museo decidió abrir una convocatoria online a artistas de todo el mundo, llamada “Mi joven de la perla”, para que crearan sus propias interpretaciones de la pintura del artista. Alrededor de 3,480 artistas participaron de la competencia, de los cuales se seleccionaron 175, todos realizados con diferentes medios y estilos. Una de las imágenes ganadoras, que se encontró en exhibición en la misma habitación donde “La joven de la perla” solía estar por un año y medio (hasta este pasado junio) fue realizada con Midjourney, un programa de inteligencia artificial. Tampoco es la única.
Hay muchas discusiones que se abren al respecto a las implicaciones del uso de inteligencia artificial, particularmente en el arte. La ética y la legal son algunas de las que suelen tomar el protagonismo. En este ensayo nos interesa la pregunta sobre si la imagen pertenece en esa exhibición o no, la cual reaviva una conversación que existe desde que existe el arte ¿Qué es el arte? ¿Qué obras merecen estar expuestas en un museo?
Históricamente ha estado en discusión si el arte vanguardista tiene lugar dentro de los museos- el sentimiento “eso lo podría haber hecho yo” es uno que resuena entre civiles, comúnmente, al ver un cuadro de Pollock o un Piet Mondrian.
¿Pero qué pasa cuando los museos son invadidos por aquellas cosas que, si bien posiblemente no podríamos hacer, carecen de sentido social y valor cultural? La IA, a diferencia de los humanos, no se circunscribe en ningún tiempo, en ningún código, estilo u movimiento histórico. Puede ser alimentada tanto por un poema de la ilustración cómo por una canción synth pop de los 80 ‘s, y no necesariamente entenderá la diferencia del contexto entre ambas. El arte frecuentemente nace como un espejo de la realidad, como una expresión de rebeldía. Suele darse como forma de acción ante la necesidad social. Un artista determinado existe en un mundo, un entorno, que madura y nutre sus sentimientos, hasta que este siente la necesidad de sumergirse en las artes para encontrar en ellas algún tipo de respuesta. La IA carece de identidad artística, justamente, porque carece de una materialidad que le permita insertarse en un tiempo y espacio determinado. Ya que es atemporal (no ha nacido ni morirá) es totalmente incapaz de entender y disfrutar, o de sufrir incluso, de los confines de su tiempo.
No se pueden identificar marcas dentro de estas imágenes porque no pertenecen a ningún género, a menos que su estímulo externo, humano, se lo indique. Son incapaces de generar una pasión intencional desde su lugar como emisor. Solamente adquieren algún nivel de sentido al ser procesadas e interpretadas por el ser humano que se encuentra del otro lado del circuito comunicacional. Pero esto se debe, a que el ser humano es multifacético e históricamente capaz de encontrar, otorgar y adjudicar sentido. Walter Benjamin se refiere a este proceso como la experimentación del aura:
«We define the aura […] as the unique phenomenon of a distance, however close it may be. If, while resting on a summer afternoon, you follow with your eyes a mountain range on the horizon or a branch which casts its shadow over you, you experience that aura of those mountains, of that branch.» (Benjamin, W. p.5)
De esta manera, una imagen producida por una de los tantos startups de inteligencia artificial creadores de imágenes (Open AI, DALL-E, Midjourney, Deepseek, entre otros) es capaz de producir la experimentación de aura en el observador, pero es, en comparación, más semejante a un árbol que a un cuadro al óleo. Los seres humanos podemos, y solemos, encontrar significado en aquellas cosas inanimadas, y estas son capaces de producir efectos concretos en nuestras fuerzas creativas. Pero estos efectos, a diferencia de los del artista, carecen de intencionalidad. Se podría argumentar, por ejemplo, que las imágenes generadas con estas tecnologías sí contienen intervención artística, ya que las inteligencias artificiales son constantemente alimentadas por diferentes creaciones humanas, las cuales son procesadas como información y clasificadas en categorías para que luego puedan ser seleccionadas a la hora de engendrar algo nuevo (por ejemplo, procesará y guardará todas las imágenes de flores, para luego generar una nueva en base a los modelos con los que fue alimentado). En este caso sería pertinente retomar el ejemplo del árbol, el cual puede ser plantado por la acción humana con diferentes motivos (su fruta, su sombra, sus flores, etc). Existe una intencionalidad detrás de la acción humana, el cual funciona como emisor del mensaje (sea la existencia de una imagen o la existencia de un árbol) pero no de su contenido y, principalmente, no tiene interferencia en lo que ese objeto le produce al receptor.
El valor del arte suele darse, justamente, en la intencionalidad detrás de la obra y no de la obra en sí. El arte conceptual, movimiento vanguardista surgido en la segunda mitad del siglo XX, prioriza la idea o concepto detrás de la obra sobre su forma física o estética. Marcel Duchamp se preguntó con sus ready mades por el lugar del objeto cotidiano en el arte, siendo una de las figuras más influyentes del arte conceptual; sus motores eran la ironía y el absurdismo. Su estilo denotaba inconformismo, no insertaba simplemente un elemento en un lugar; buscaba desafiar una norma ya prescrita, ser un provocador ante los cánones de las instituciones. “La traición de las imágenes” (Esto no es una pipa) de René Magritte, existía en una disputa de la tradición. Ambos desafían nuestro entendimiento sobre las imágenes, y sobre qué son y que no son las cosas. Nos invitan a cuestionarnos la realidad, se oponen a nuestras suposiciones y provocan nuestro pensamiento.
Las vanguardias disputan la idea de lo que es el arte, de aquello que pertenece en un museo o no, y se preguntan constantemente a que se debe esto ¿Qué hace a la esencia del arte y cuales son las características indicadas para que algo pueda ser considerado una expresión artística? Los diferentes tipos de arte vanguardista, por ejemplo, el arte abstracto o el arte conceptual focalizan su mirada en la intencionalidad del artista. Una obra de arte conceptual de la artista serbia Marina Abramović sería prácticamente inentendible sin escuchar su explicación detrás de ella. “Rhythm 0” (Ritmo 0) también ponía en tela de juicio el lugar del objeto. Las instrucciones de Abramovich se leían:
“Instructions:
There are 72 objects on the table that one can use on me as desired.
Performance.
I am the object…
During this period I take full responsibility.”
Una vez que discernimos los propósitos detrás del trabajo, podemos comenzar a concebir nuestras propias interpretaciones sobre lo que la presentación nos produce. Entender la voluntad del artista siempre enriquece nuestra interacción con sus creaciones, nuestro entendimiento de su obra.
Por otro lado, las inteligencias artificiales hacen justamente lo contrario; reafirman una idea universal del arte y del estilo como canónica y absoluta. Esto se debe explícitamente a que están diseñadas para entregar al usuario resultados concisos y consistentes, a lo largo del tiempo. Por lo que son incapaces de disputar un ideal con respecto al carácter artístico de una obra. No solo están incapacitadas, sino que esto sería peligroso para la relación con sus usuarios, ya que dañaría la confianza que estos ponen en ella al esperar un producto determinado. Dado que estos cánones suelen estar basados en las ideas compartidas por una hegemonía social de aquello que la mayoría considera hermoso. Si uno le instruye a Chat GPT que genere la imagen de una mujer extremadamente bella, la imagen que este entregará será una que coincida con los estándares de belleza, con lo que en la modernidad se ha entendido como una mujer bella. Con lo que la mayoría de la gente concibe como tal; rubia, de ojos claros, esbelta, nariz pequeña y labios prominentes. Si Chat GPT falla en cumplir con esta tarea, realizando su propio entendimiento de lo que es una mujer bella (como lo podría hacer un ser humano) corre con el riesgo de perder un cliente, de que quien le proporcionó ese prompt se decepcione con el resultado y elija otro servicio.
El artista al contar con su individualidad, cuenta también con su capacidad de desafiar lo establecido, la máquina, al contrario, no debe tener individualidad ya que entorpece su función y la hace menos persuasiva. La máquina debe cumplir con el objetivo de ser lo más seductora posible para la generalidad de la gente, para poder así cubrir más áreas y maximizar sus ganancias. El artista no está interesado en esto ya que en el mundo del arte la singularidad y la individualidad suelen ser características fundamentales en el atractivo de las obras; buscan constantemente desafiar las ideas canónicas, no solo sobre la belleza sino también sobre qué es el arte.
Para hacer una obra que desafíe los confines del arte se requiere, indudablemente, tener un conocimiento vasto y profundo de dichos confines. Las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX; el cubismo, el futurismo, el dadaísmo, el expresionismo, el surrealismo o el arte conceptual, utilizaban el arte como una herramienta para realizar los reclamos de los hombres. Proyectaban en sus obras motivaciones profundas que reflejaban una unidad espiritual y cultural.
“El arte moderno no nació por evolución del arte del siglo XIX. Por el contrario, nació de una ruptura de los valores decimonónicos. Pero no se trató de una simple ruptura estética.” (De Micheli, M., 1979, p.15)
Contaban con una validez histórica, una herencia de su tiempo que reorganizaba y revolucionaba las concepciones con respecto al pensamiento filosófico, político y literario, que se veía reflejada en la producción artística. Eran movidos por pasiones, impulsados por movimientos políticos y revolucionarios del mundo civil. La obra de arte se convertía en un síntoma, en un medio para la lucha.
De manera contraria la IA representa la no-acción: carece de una realidad histórica específica, por lo tanto su producción estética se encuentra descontextualizada. No tiene ni tendrá nunca ningún manifiesto, porque no tiene nada que desmantelar. No conoce el mundo del arte ni lo desafía, no se rebela ante ninguna noción, sino que las reafirma. No es movida por la curiosidad ni la pasión, ni busca ninguna ruptura de los límites o de las formas.
Los jueces de la competencia “Mi joven de la perla” argumentaron que eligieron la imagen simplemente porque tenía la composición más fuerte, que la foto es muy bonita y que la representación de la mujer es “hermosa” y que su opinión sobre la inteligencia artificial es que esta también es un proceso creativo. Sin embargo, las vanguardias han demostrado una y otra vez, a lo largo de la historia, que no es el arte bonito y hermoso el que mueve al mundo; es el arte con alma.
(*) Este texto de Camila Sol Aispuru fue realizado en el contexto de una materia de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires.
Bibliografía
Casullo, Nicolás et al., capítulos 4 y 5 de Itinerarios de la modernidad, Eudeba.
De Michelis, Mario, Las vanguardias artísticas del siglo veinte (1979), Madrid: Alianza
Editorial, pp. 6-63.
Hobsbawm, Eric.Capítulo 9: «La transformación de las artes» en La era del Imperio, 1875-1914 (2009) Buenos Aires: Crítica.
Hobsbawm Eric. Capítulo VI: «Las artes, 1914-1945» en Historia del siglo XX. (1999),Buenos Aires, Crítica (Grijalbo Mondadori, S. A.)
Girl with AI earrings, standing in for Vermeer Masterpiece, sparks dutch art controversy. The
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Harris, G. (2023) Online storm erupts over AI work in Dutch Museum’s ‘girl with a pearl
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Julian van Dieken [@julian_ai_art ] (Marzo de 2024) At the moment, an image I created with AI tools and Photoshop is hanging in The Hague at the Mauritshuis Museum
Marcel Duchamp. (n.d.). HA!
La traición de las imágenes – René Magritte. (n.d.). HA!