Cuando los esclavos abandonados en la isla de Tromelin dieron gran impulso a la denuncia de la esclavitud

Por Esteban Ierardo

(Última versión 30/10/2025)

Isla de Tromelin, en la que, en 1761, fueron abandonados casi ochenta esclavos, Fueron rescatados quince años después, solo sobrevivieron ocho.

Debo reconocer que esta historia la conocí por un video aleatorio de Youtube. Confirmé su realidad, y quedé muy impresionado. Un grupo de alrededor 80 esclavos africanos quedaron abandonados en una pequeñísima isla, hoy conocida como Tromelin, en la inmensidad del Océano Índico. Solo luego de 15 años fueron rescatados. Entonces, sobrevivían únicamente 8 personas. Este hecho fue también un fuerte impulso para la denuncia contra la esclavitud de Condorcet, uno de los grandes pensadores de la Ilustración, en su panfleto de 1781 Reflexiones sobre la esclavitud de los negros. Una historia sobre la que queremos volver por su mensaje y tremendo drama humano.

I. Lo que ocurrió en la isla francesa de Tromelin fue impresionante y desolador, y tuvo tanta repercusión en su momento como el naufragio de La medusa inmortalizado por Gericault.

El 31 de julio de 1761, la fragata francesa Utile, de la Compañía Francesa de las Indias Orientales, transportaba un cargamento de esclavos. En las bodegas se apiñaban 150 seres humanos esclavizados, arrancados de África; engrillados, no sabían adónde se dirigían. A 450 kilómetros de Madagascar, en lo que se conocía como Isla de Sable (Isla de Arena), hoy Tromelin, el barco encalló y zozobró. En el hundimiento, la mitad de hombres, mujeres y niños esclavos no escaparon del abrazo letal del agua. Los que sobrevivieron salieron de su mazmorra flotante y alcanzaron la costa de la isla, que sería su nueva prisión, rodeada por el mar, las olas, el cielo, las nubes indiferentes.

La isla del naufragio no estaba en mapas y cartas. Sin embargo, varios navegantes ya habían llegado hasta allí. La isla se encontraba cerca de rutas de barcos esclavistas y embarcaciones de Inglaterra y Francia, en el contexto de la guerra de los Siete Años. Esta fundamental contienda fue quizá la verdadera Primera Guerra Mundial porque el cruce de balas y cañonazos entre los bandos enfrentados ocurrió en todos los continentes. El conflicto tuvo una decisiva relevancia geopolítica; lo que se disputaba era América del Norte, en especial Canadá, y el dominio de la India y de la ruta marítima del Océano Índico.

En el imaginario de la cultura europea del siglo XVIII, las islas eran escenarios de una posible sociedad ideal e incorrupta, el ámbito de experimentos sociales utópicos, como La Utopía de Tomás Moro; los franceses Jean-Jacques Rousseau y Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre, también transformaron islas tropicales en lugares posibles de encuentro entre la naturaleza y una renovación moral y social. Esto concordaba con una mentalidad ambientalista que empezaba a cobrar forma en la modernidad mediante la idea de islas refugio y de jardines botánicos como base para una relación diferente con el entorno físico. En ese sentido se sitúa la investigación de Richard Grove en «Green Imperialism: Colonial Expansion, Tropical Island Edens and the Origins of Environmentalism, 1600-1860″.

Mientras estaba muy activo, el tráficos de esclavos y la depredación o apropiación de recursos naturales por el expansionismo colonial e imperial, nació una preocupación ambiental y fuertes objeciones humanistas contra el esclavismo.

Las islas en mares lejanos eran también asiento de «repúblicas libres» piratas. A su vez, las islas podrían considerarse un refugio para exiliados y disidentes. Por ejemplo, en 1691, grupos protestantes dejaron la Francia católica para establecerse en la isla Rodrigues, un nuevo paraíso para los disidentes.

La isla como terreno para experimentos de supervivencia es lo que animó la imaginación de Daniel Defoe en Robison Crusoe. Esa relación entre islas y la difícil tarea de sobrevivir se acerca ya a la tragedia de los esclavos de Tromelin.

Las peripecias del naufragio se conocen por varias fuentes. Una de ellas es un manuscrito de Hilarion Dubuisson de Keraudic, miembro de la tripulación. Este sobreviviente consignó que la popa del barco se destrozó, y que ésta » se abría y cerraba a cada momento, cortando a más de una persona en dos». También vio a un naufrago que quería alcanzar una tabla, cuando advirtió que era un esclavo lo pateó hasta dejarlo inconsciente. Luego el barco giró hacia la costa, lo que le permitió acometer el desembarco. Entonces, Keraudic observó que «nuestras pérdidas fueron solo 20 hombres blancos y (dos caballeros) y muchos negros, ya que las escotillas estaban cerradas o clavadas».

En el extremo occidental de la isla, acamparon los franceses, y los esclavos se establecieron en el extremo norte. Las provisiones eran solo para tres meses. En la isla, un páramo sin árboles, había agua dulce, pescado y huevos de aves. Casi un tercio de los 88 esclavos sobrevivientes murieron de sed al día siguiente porque los franceses no compartieron sus escasas reservas de líquido vital. Solo después encontraron el agua dulce.

Luego del ahogamiento de alrededor la mitad de los esclavos, la tripulación francesa era mayoría. Barthélémy Castellan, el primer oficial que tomó el mando en reemplazo del difunto capitán Lafargue, decidió que cuanto antes tenían que construir un nuevo barco. Persuadió a los esclavos, y a algunos tripulantes, para poner todo su empeño en la construcción de la barcaza para llegar a Isla Reunión (entonces Isla Borbón), cerca de Madagascar. La mayor parte de la tripulación se dedicó a cazar aves y conseguir huevos.

Confundidos, falsamente esperanzados, los esclavos colaboraron con toda su energía. Pero los «esclavos Crusoe» no embarcarán en el nuevo transporte. La embarcación salvadora se llevó solo a los 123 tripulantes franceses sobrevivientes. Los esclavos construyeron el navío de emergencia, y ellos, como «premio», se quedaron en la isla. Eso sí, les prometieron que un barco vendría por ellos.

Los franceses regresaron a Borbon, cerca de Madagascar. Los marineros franceses del Utile, encabezados por Castellan, el segundo al mando, suplicaron el rescate de los esclavos. Barthélémy Castellan du Vernet consideraba que el salvataje de los esclavos era una cuestión moral. Pero el gobernador local, Desforges-Boucher, se negó bajo el pretexto de no disponer de un barco para esa tarea por la guerra con los británicos; y tampoco quería rescatar a los náufragos esclavos porque el capitán Laforgue había violado una prohibición vigente de transportar esclavos; pero, seguramente, lo que realmente buscaba el gobernador era evitar la competencia para ofrecer en el mercado los esclavos que él mismo traficaba.

A pesar de la negativa inicial del gobernador francés de Madagascar, se realizaron cuatro intentos de rescate, todos fallidos, el primero de ellos, realizado por el propio Castellan, cuatro meses después del regreso a Borbon.

Finalmente luego de quince años, los esclavos malgaches (originarios de Magadascar donde fueron capturados) fueron rescatados el 29 de noviembre de 1776 por la corbeta Dauphine, dirigida por el capitán francés Jacques de Tromelin, por eso el nombre actual de la isla. Los sobrevivientes eran solo 8 mujeres y un bebé. Durante toda esa inmensidad de soledad, apelaron a conocimientos ancestrales de supervivencia; con arena compacta, bloques de coral y plumas de aves marinas construyeron refugios, que los protegían de los vientos, lluvias, tormentas y ciclones que solían asolar la isla, y lograron mantener un fuego encendido para cocinar y calentarse; también hicieron utensilios, y se alimentaron de peces, tortugas y huevos de pájaros.

II. Además de sus plantaciones de tabaco y azúcar en el Caribe, los plantadores franceses establecieron plantaciones de azúcar, café, en la costa este de África, en el siglo XVIII. Entonces, la demanda de esclavos procedentes del continente negro eran altísima. El comercio francés en los océanos Atlántico e Índico estaba fuertemente ligado al tráfico de esclavos. La legislación más importante sobre la esclavitud en las colonias francesas en las Indias Occidentales y Luisiana era el Código Negro (Code Noir), promulgado por Luis XIV en 1685. Para 1769, el libre comercio de esclavos se abrió para todos los ciudadanos franceses en las Islas Mascareñas, el archipiélago al este de Madagascar, con sus tres islas principales de Rodrigues, Reunión y Mauricio.

Pero en ese mismo siglo XVIII, una incipiente conciencia reformista y humanista anti-esclavista empezó a elevar sus estandartes. Los tribunales franceses reconocían que una persona se convertía en libre al pisar suelo francés. El movimiento de la Ilustración trajo la demanda de la emancipación intelectual respecto al autoritarismo y el dogmatismo. La Enciclopedia de Diderot fue su instrumento fundamental de difusión. En 1765, Louis de Jaucourt, destacado colaborador de la mencionada Enciclopedia, en uno de sus artículos, impugnó la esclavitud como sistema porque «viola la religión, la moral, la ley natural y todos los derechos humanos». En el contexto reformista, el Parlamento de París y el tribunal supremo de Francia se opusieron a las leyes del rey que permitían una esclavitud provisional dentro de la propia Francia. Entonces, se alegaba el principio francés de «suelo libre», y se sostenía que «Francia, madre de la libertad, no admite esclavos».

En un clima cultural que empezaba a proponer objeciones a los ingentes tráfico de esclavos, los cuáqueros ya organizaban campañas contra la esclavitud en 1775.

Con la Revolución francesa, en 1794, la Convención Nacional abolió la esclavitud en las colonias francesas, pero ésta fue restablecida por Napoleón en 1802. Esto llevó a la gran contradicción ideológica entre la declaración de los derechos naturales y universales del hombre y el ciudadano por la Asamblea nacional revolucionaria, y la negación de esos derechos en las colonias. Esto derivó también luego en la gran rebelión de los esclavizados en la isla de Haití bajo dominio francés hasta que, en 1804, luego de una gran revolución se convirtió en un estado independiente, libre de la esclavitud. La abolición final de la condición esclava en Francia ocurrió el 17 de abril de 1848 bajo el gobierno de la Segunda República, promovido por Victor Schoelcher, político republicano, opositor de la pena de muerte y defensor de los derechos de la mujer y ferviente abolicionista.

Sim embargo, la contracción entre los ideales republicanos franceses de libertad y sus abusos sobre sus colonias no se desvanecerá en el frio cielo de la historia. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Francia se opuso al impulso descolonizador de la Posguerra, y apeló a sus fuerzas militares regulares y paramilitares para mantener su dominación en Argelia e Indochina y, aún hoy, en África mantiene una subrepticia influencia en atención a sus intereses bajo la forma de un neocolonialismo.

III. En el clima pro abolicionista de la Ilustración y de la Revolución Francesa, el siniestro abandono de los esclavos en Tromelin tuvo gran influencia, porque este hecho adquirió gran celebridad en Francia y en toda Europa. Antes de la Revolución, y bajo los ideales de la Ilustración, Condorcet, el filósofo, historiador, político, escribió Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano, y entendió que la esclavitud era «un crimen de lesa humanidad». Este principio lo guio en su panfleto de 1781 Reflexiones sobre la esclavitud de los negros, publicado de forma anónima, bajo el pseudónimo de M. Schwartz («señor negro»). El texto incluía el relato del naufragio del Utile y el abandono de esclavos posterior en la isla Tromelin. Esta tragedia fue un hito en la historia del pensamiento antiesclavista. Condorcet sostenía que todos los seres humanos nacen con derechos naturales, inalienables e iguales, por lo que la esclavitud y la supuesta inferioridad de los africanos, era inaceptable. Además proponía una abolición progresiva de la esclavitud, para impedir un colapso económico o social.

IV. Y los africanos malgaches esclavizados fueron abandonados en la Isla de Tromelin. Los que sobrevivieron, una pocas mujeres y un bebé, luego de su rescate, fueron llevados a la Isla francesa de Mauricio. Allí, el gobernador Jacques Maillart les devolvió su libertad. Había mucha culpa que mitigar. Y se les ofreció volver a Madagascar, su lugar de origen, pero las extraordinarias mujeres sobrevivientes eligieron permanecer en Mauricio. Aquellas mujeres fueron testigos de todo lo vivido. Estaban entre los primeros náufragos; al principio tuvieron cierta expectativa de dejar la prisión en el océano y alcanzar un destino mejor aún dentro de su triste condición. Pero los franceses se fueron, y pasaron los días, los meses, los años. Es difícil imaginar el desamparo de esas personas cuya vida transcurrió en las selvas o la amplitud de praderas habitadas por muchos animales, sonidos y colores. Allí en la isla, no había ni bosques ni selva ni abundancia de plantas, frutas o mamíferos. Lo que imperaba era un gran cielo, un vasto mar, el próximo y continuo arrullo de las olas, la llegada de las tormentas y lluvias, las jornadas de calor ingente, los días invernales más frescos, y los ciclones que llegaban como jaurías de vientos salvajes con la voluntad de hacer volar aún lo más pesado. Cuesta imaginar toda aquella intemperie, el acecho de la escasez de recursos; siempre la monotonía de la dieta, peces, algunas aves, huevos, siempre la inminencia de una enfermedad por el rigor de las condiciones, los disturbios del cuerpo ante los que nada podía hacerse. De a poco llegaba el colapso físico a pesar de los cuidados de los que aún podían ayudar, solo con su afecto y proximidad; o quizá lo que sobrevenía era la locura, y la muerte al fin, y los cuerpos arrojados a las aguas; y la soledad más pesada que grandes rocas en los hombros, la angustia tan inmensa como el abrazo del cielo y el mar; la desolación entre el ciclo repetido de cada nuevo día de sol, nubes o tempestades, o entre las estrellas de luces inalcanzables en las noches. Quizá en todas partes estaban los antepasados africanos de los náufragos, pero no podían ayudarlos, no podían evitar la llegada del final prematuro.

¿Cómo revivir tres lustros, quince años, en un isla de menos de un kilómetro cuadrado, de 770 metros de ancho y 1,7 kms de largo? Hoy, el islote es administrado por Francia, y reclamado por la República de Mauricio. La habitan poco más de diez soldados como símbolo de soberanía. Se entra o sale por una pequeña pista aérea.

En esa pequeñez, en años que les habrán parecido siglos, un grupo de seres humanos marcado con el tatuaje de la esclavitud y el desprecio, se aferraron a este mundo, mientras esperaban que en el horizonte se desplegaran al fin las velas de los navíos que les devolvieran algo de lo mucho que le habían robado. Y en la inmensidad tiempo, cercados por la vastedad marina y muy lejos de su hogar africano, muchas veces se preguntaron por qué ellos debían ser encadenados por el simple hecho de que el sol mostraba otro color al reflejarse en su piel.

Y quienes sobrevieron seguramente nunca abandonaron la isla, porque todos los días después de su rescate no debían dejar de recordar la devastación en un exiguo anillo de tierra, y frente al mar indiferente e inmenso.

La ubicación de la isla Tromelin en el Océano Indico.
Sello postal con imagen de la isla de uno de los momentos más trágicos de la historia de la esclavitud.

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