Merleau-Ponty, el cuerpo, y de lo pre-reflexivo a lo pre-digital

Merleau-Ponty (1908-1961) (en etsy.com)

Maurice Merleau-Ponty (1908-1961) fue el pensador francés autor de su influyente Fenomenología de la percepción (1945). Su filosofía recupera el horizonte de sentido que surge del cuerpo. Dio gran importancia a un pensar pre-reflexivo, un actuar previo a la conciencia y la reflexión a través de lo corpóreo. Aquí, en este artículo, nos acercamos a algunos de los grandes aspectos de la meditación sobre la percepción por el filósofo galo y, al final, ponemos lo pre-reflexivo en relación con la necesidad de recuperar también, hoy, una instancia pre-digital.

I. En Francia un pensador concluyó la carrera de filosofía en 1930. El tiempo vivido es siempre el de la sucesión de los días, los meses y los años, no un inmóvil concepto abstracto. Desde esa corriente temporal, el pensador mencionado escribió La estructura del comportamiento (1942) y la Fenomenología de la percepción (1945).
Finalmente, fue profesor titular de la cátedra de filosofía del Colegio de Francia entre 1952 y 1961, y fue parte también del comité editorial de la revista Les Temps modernes; se sintió identificado con una izquierda no comunista y antigaullista.

En 1961, mientras escribía la parca vino a extraerlo de este mundo, a él, a Maurice Merleau-Ponty, mientre leía a Descartes. Dejó inconclusa su obra Lo visible y lo invisible.

II. Cuando terminaba la Segunda Guerra Mundial, y como recién apuntamos, el filósofo francés Merleau-Ponty publicó la Fenomenología de la percepción, un momento filosófico fundamental en el que la relación entre la percepción, el cuerpo y el mundo adquieren una relevancia superlativa.

Merleau-Ponty se libera de la herencia filosófica de desvalorización de lo corporal. En el mundo antiguo, con Platón, el cuerpo es por un lado cárcel del alma y, por el otro, lo impregnado de hyle (materia) que lo ubica en el Mundo de las Cosas, que es sombra, simulacro, copia menguada del esplendente y verdadero Mundo de las Ideas. Con el cristianismo, el cuerpo es templo del Espíritu Santo creado por Dios (en particular en las cartas de San Pablo); también, en un nivel metafórico, es «cuerpo de Cristo», pero, a su vez, es la carne contaminada por el pecado, en oposición así al espíritu. En el umbral de la modernidad, bajo el alero del racionalismo cartesiano, el cuerpo se asimila a la res extensa separada de la res cogitans o la razón. En el dualismo cartesiano cuerpo-mente, lo corporal se subordina, en una relación de inferioridad, a lo racional. Para Descartes, autor de Las meditaciones metafísicas, el cuerpo es habitáculo de pasiones, sensaciones, instintos, turbulencias orgánicas a ser dominadas por el alma racional, como propone en su Tratado de las pasiones.

Merleau-Ponty embiste ese dualismo. Cuerpo y mente no están separados, son indivisibles, y el conocimiento se construye a partir de la relación cuerpo-mundo. La recuperación del cuerpo por el pensador galo acontece dentro de la fenomenología y desde su personal reformulación de la filosofía.

III. Merleau-Ponty continúa y transforma el legado de la fenomenología de Edmund Husserl (1859-1938), el pensador alemán que forjó un proyecto filosófico en el que medita profundamente sobre la naturaleza de la conciencia, a la que asocia con un «volver a las cosas mismas» y con la intencionalidad, la conciencia intencional, que sienta el principio de que «toda conciencia es conciencia de algo«, una frase de Franz Brentano, un filósofo, psicólogo y sacerdote secularizado​​ alemán; el «algo» de la intencionalidad de la conciencia es algo externo al sujeto poseedor de la conciencia. Esto impide, como en Descartes, el peligro de que la conciencia quede encerrada en sí misma, en un solipsismo.

En Husserl, la conciencia supone primero el «acto de pensar», el acto de percibir, juzgar, recordar, imaginar o pensar, el proceso cognitivo o nóesis, y, segundo, los «objetos intencionales del pensamiento» son noéma, «aquello que se piensa» no como el objeto real y externo en sí mismo, sino el objeto que se da a la conciencia generando un «sentido» (Sinn). El análisis de la conciencia para Husserl se basa así en la correlación noética-noemática.

Al leer los manuscritos de la última época de Husserl, cuando éste abandona el ideal de una filosofía como ciencia estricta, Merleau-Ponty observa que Husserl acepta que hay fenómenos que escapan a esa correlación noética-noemática a la que aludimos antes. Por ejemplo, el cuerpo, el tiempo, e incluso los prejuicios o preconcepciones del «mundo de la vida» escapan a lo que la conciencia puede determinar, como también la dimensión de los otros cuerpos, la intersubjetividad. Todo no es algo dado por y para la conciencia eidética ( la intuición de las esencias universales de los fenómenos obtenidas a través de lo que Husserl elabora como reducción eidética). Más allá de este tipo de conciencia, ahora priva lo que para Merleau-Ponty es la conciencia perceptiva.

IV. Merleau-Ponty ancla su pensar en el modelo del pensamiento fenomenológico husserliano, pero a través del giro de la conciencia fenomenológica hacia lo corporal y perceptivo. Husserl todavía se desenvuelve, en especial en su primera etapa antes de su noción de mundo de la vida, dentro de una fenomenología trascendental constitutiva del mundo; Merleau-Ponty, por su lado, entiende que el cuerpo es el sustrato primario de la experiencia, por él y su percepción se está en el mundo, pero por una percepción encarnada, una relación vivida, no un puro proceso de la mente o la conciencia. El cuerpo no es objeto sino un sujeto de la percepción, un modo de estar en el mundo, con una afinidad de fondo con el existencialismo (1).

El cuerpo no es algo que tengo, sino que «yo soy mi cuerpo», «cuerpo sujeto», punto de partida de toda la experiencia y de la comprensión del mundo. El cuerpo es el «sujeto de la percepción», y la percepción no es, como en Berkeley, un proceso mental, sino una experiencia vivida en la que se produce un encuentro con los otros, la intersubjetividad, que será base también del lazo social, y el mundo en una relación dialéctica.

Para Husserl, la reflexión fenomenológica a partir de la conciencia puede descubrir la esencia de las cosas, pero, para Merleau-Ponty, el mundo se nos da en un nivel pre-reflexivo, antes de la reflexión, a través de la inmediatez de lo corpóreo. Varias practicas del cuerpo evidencian lo pre-reflexivo, noción sobre la que luego volveremos en especial: el cuerpo camina, mira, oye, saborea, toca, sin necesidad de ninguna reflexión o pensamiento; todos estos actos no son respuestas mecánicas, están llenos de sentidos. El cuerpo no es un objeto solo destinado al estudio de la ciencia, es condición de la existencia, es el “el vehículo del ser-en-el-mundo”; y el mundo no es una adición o coexistencia de objetos, sino un horizonte de sentido, un horizonte común, “el horizonte de todos los horizontes”; un tejido intercorpóreo y existencial compuesto por la relación entre cuerpos y miradas.
La percepción encarnada intercorpórea, a su vez, se sitúa en una esfera existencial, histórica y social. No obra aquí un método como en Husserl que, por la reducción fenomenológica reduce al mundo a la conciencia del sujeto puro, sino una descripción del mundo vivido; no la «constitución» del mundo por el dicho sujeto sino la co-pertenencia entre el sujeto y el mundo, en una implicancia mutua.

El concepto axial en la fenomenología de Merleau-Ponty no es la intencionalidad entonces, sino el “cuerpo vivido” (corps propre), que no es el cuerpo como objeto, cuerpo físico o anatómico, sino el cuerpo tal como lo vivimos desde dentro, en una «conciencia corporal», como centro de experiencia y percepción que nos sitúa en el mundo.

Dentro de la primacía de la percepción abalada por Merleau-Ponty, éste confronta tanto al empirismo como al intelectualismo. El empirismo británico como el que representa Locke o Hume, reduce la percepción a sensaciones pasivas; en cambio, para Merleau-Ponty, la percepción es animada por una dimensión activa y constitutiva que representa una apertura primaria al mundo de la vida (al Lebenswelt). En el caso del intelectualismo, expresado por Descartes o Kant, el mundo cognoscible es construido desde un sujeto pensante racional o trascendental. Frente a esto, la percepción que modela y da habitabilidad en el mundo como horizonte de sentido no es ni pura sensación, ni pura idea, sino la apertura vivida, vivencial y pre-reflexiva con el mundo.

Merleau-Ponty analiza el «esquema corporal» como lo que supera la dualidad sujeto y objeto y como un proceso dinámico, nunca estático, de modo que el cuerpo nunca esté separado del entorno obrando, de esta forma, una unidad cuerpo-mundo. El cuerpo así se convierte en «sujeto de la percepción». Las cosas no son percibidas aisladamente, como los colores, que nunca son colores puros por sí mismos, sino que éstos aparecen en una interrelación estructural con otros aspectos de la cosa que se muestra (3). Y en el mundo natural, las cosas no son simplemente un correlato del esquema corporal de nuestro cuerpo. El objeto natural, como la piedra, o el cielo, no impulsan un cierto accionar u obrar del cuerpo; como sí los artefactos de origen humano. Todo artefacto se convierte en parte del mundo y por lo tanto deviene una «cosa natural», dentro del horizonte de todos los horizontes. Ciertas «cosas naturales» o los artefactos, la cosa artificial, ingresa al esquema corporal porque pueden ser exploradas por mi cuerpo. Y no se debe olvidar que lo que percibimos es a lo que le damos sentidos mediante nuestra percepción encarnada en el mundo como un «campo fenomenal» que está unido con nuestro propio ser. Una realidad objetiva, una realidad en sí, separada de nuestro cuerpo, late siempre en el misterio de lo que se sustrae.

Y el cuerpo, para Merleau-Ponty, es también «hablante», el lenguaje es una expresión del cuerpo en su estar en el mundo, no es solo un medio para comunicar ideas (2).

E n la reformulación de la fenomenología de Merleau-Ponty, la filosofía acontece como un «reaprender a ver el mundo», desde una «carnalidad» que se reencuentra con lo visible del mundo. La filosofía, a su vez, no es una red de sistemas, doctrinas, axiomas o paradojas, sino una actividad crítica que busca desmontar ideas preestablecidas, prejuicios, preconcepciones.

V. Lo pre-reflexivo. Merleau-Ponty nos recuerda que, antes de pensar, de reflexionar, dimensiones de la conciencia, percibimos. Así, la percepción transcurre en el fundamental y primer orden de lo pre-reflexivo, lo que distancia, como ya se vio, del empirismo y del intelectualismo.

La significación filosófica primaria del cuerpo se sitúa en ese existir pre-racional, como ya lo advirtió Nietzsche al referirse a lo corporal como el «sabio desconocido», y al yo como su juguete:

«El sí-mismo escucha siempre y busca siempre; compara, subyuga, conquista, destruye. Él domina y es también el dominador del yo. Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido – llámese sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo. Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría» ( en F. Nietzsche, Así hablaba Zaratustra).

Por lo pre-reflexivo ya estamos en el mundo antes que pensarlo, es la vivencia inmediata, corporal, cuando sujeto y mundo todavía no están separados. El conocimiento, el pensamiento, la vida mental, el saber científico, necesitan de ese suelo originario, de esa pre-reflexividad para construirse y fosforecer en su propia construcción de sentidos.

Como ya sabemos, el estar en comunión con el mundo antes de la reflexión, supone una presencia encarnada que antecede a la representación mental, por lo que: “Toda conciencia es conciencia de algo, pero toda conciencia de algo es ya conciencia perceptiva, anterior a toda toma de posición reflexiva.” (Fenomenología de la percepción).

En el cuerpo se arremolina ese saber pre-reflexivo; ese saber es el del cuerpo que ya sabe cómo moverse antes de la dirección o deducción de cualquier pensar; es la situación cuando un músico toca su instrumento y le saca armoniosos sonidos sin mediar el pensamiento; o cuando se camina, o se mueve las piernas para subir una escalera, sin pensar. Solo cuando algo falla, por ejemplo, un escalón que falta o uno que es más alto que los demás, la necesidad de deducir, de reflexionar sobre cómo moverse, aparece. El saber pre-reflexivo es un saber in-corporado (habitus corporal) prescindente de la reflexión conceptual. Por eso “el cuerpo es nuestro medio general para tener un mundo” (Fenomenología de la percepción). Y este saber corporal acontece antes de la fractura o división entre el sujeto y el objeto. Así, lo pre-reflexivo en Merleau-Ponty «es la experiencia vivida inmediata, corporal y perceptiva, anterior a toda reflexión o tematización. Es el suelo desde el cual surge toda conciencia y toda filosofía» (Fenomenología de la percepción).

Antes de pensar en algo, ya se lo está percibiendo. Primero nos movemos, actuamos, respiramos, vemos, oímos, percibimos; solo luego, desde las alturas mentales, se trazan las sendas de la reflexión. Por eso «toda reflexión se apoya sobre un mundo ya ahí, pre-dado a la percepción” (Fenomenología de la percepción).

VI. Del cuerpo, lo pre-reflexivo a lo pre-digital. Por el cuerpo, sin necesidad de pensar, nos movemos en el espacio de nuestro «campo perceptual». En la meditación de Merleau-Ponty, lo corpóreo nos sustrae de la vida replegada a los pensamientos que nos remiten a otros pensamiento, en su atravesar también conflictos, sentimientos de tristeza o alegría, que siempre nos arrebatan, separan y alejan del mundo que ya está ahí, dentro del collar de los colores, lo múltiple y extenso, fuera del encierro en los límites de nuestro yo o cultura.

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Vivir enclaustrado principalmente en el ser mental devalúa o empalidece los nervios del mundo externo, hace del yo un prisionero de sus propios pensamientos, con un anémico vínculo con lo externo más intenso y real. Lo pre-reflexivo devuelve a la «percepción encarnada», como dice Merleau-Ponty y, por tanto, al cuerpo vivido; un cuerpo aún no modificado por lo poshumano o posorgánico que prevalece en el oleaje cyborg y transhumanista contemporáneo. El cuerpo vivido que se debe al suelo de lo pre-reflexivo abraza la luz, inhala el aire, experimenta la vivacidad y presencia del mundo no reemplazado por representaciones, abstracciones intelectuales, o la atención fuertemente digitaliza por horas y horas de inmersión en pantalla. La percepción vivida en lo pre-reflexivo y lo pre-digital intima con el mundo; lo contrario de la cultura del pensamiento ensimismado o de la conciencia digital desvinculada de lo físico.

Lo pre-reflexivo hace retornar al mundo radiante previo a esa realidad secundaria que viene después y que introduce necesariamente los conceptos y la lógica, o la actual cultura de las redes online. La recuperación de ese ya estar de lo pre-reflexivo es un contra-movimiento especialmente necesario hoy, en el tiempo tecnoglobal del exceso de esa nueva forma de sustitución de la conciencia mental que es la conciencia digital que «piensa» no por razonamientos o evocación de imágenes, sino por sucesión de estímulos, datos, figuras, información en la nueva «mente en línea», que gira en torno a un yo dependiente de sobre dosis de pantallas.

La percepción, como la tematiza Merleau-Ponty, hace regresar a lo pre-reflexivo en el antes de la reflexión como ondulación de la conciencia. Y la percepción encarnada se une con lo que vive, duerme, suda o se congela en el mundo físico, afín al cuerpo analógico, previo al ciber-cuerpo de las prótesis digitales; y también regresa a lo pre-digital, a esa realidad ya ahí, fuera de la danza y el temblor del sujeto atrapado en su conciencia, ese afuera pre-reflexivo y pre-digital que flota en la corriente de lo vivaz, lo nocturno y lo misterioso.

Notas

(1) En Merleau-Ponty hay cierta afinidad con el existencialismo sartreano: el cuerpo humano y lo externo real es la base de la conciencia; se teje así un estar en la existencia y sus circunstancias del sujeto. Pero el existencialismo de Merleau-Ponty se distancia del existencialismo en Sartre, por ejemplo, en el modo de concebir la intersubjetividad. Para el autor de El ser y la nada, la relación intersubjetiva se da entre egos, para los cuales el otro se degrada a objeto; en Merleau-Ponty, en cambio, todo ego debe reconocer al otro como un semejante; pero también, en ambos autores lo pre-reflexivo es una instancia de alta importancia.

(2) Merleau-Ponty analiza el lenguaje ya en La estructura del comportamiento, concentrándose en la expresión artística antes de su posterior desarrollo en Fenomenología de la percepción. Aquí, estudia el lenguaje desde la estructura del comportamiento, el diálogo entre fenomenología y psicología, la percepción y la conexión entre pensamiento y cuerpo, recoge la influencia de la lingüística de Saussure y se detiene en la importancia, para su análisis, de la obra del Greco.

(3) Por ejemplo el color nunca aparece separado de los escorzos «iluminación», «superficie», «textura», «redondez», etc. Y para Merleau Ponty, percibimos el color como estable precisamente porque aparece integrado con otros aspectos de la cosa en una estructuración que se mantiene idéntica a sí misma.

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