La ilusión infinita de la IA y la venganza del mundo físico (*)

Por Rafael Julivert Ramírez

IA Bing

Un estudio amplio de la IA y sus efectos debe contemplar sus beneficios, pero también sus aspectos disruptivos. El exceso de autosuficiencia digital, potenciada por la IA, hace olvidar la dependencia nunca superada —ni superable— del mundo físico, y de las habilidades y saberes prácticos que actúan en ese plano. Aquí un artículo de Julivert Ramírez sobre la presencia nunca olvidable del mundo material previo a las pantallas.

NOS ESTÁN VENDIENDO la idea de que la inteligencia artificial nos llevará a una «economía del infinito»; una era utópica de abundancia donde la escasez material será cosa del pasado gracias a la hiperautomatización y los algoritmos. Académicos y tecnólogos teorizan sobre un mundo donde la IA generará valor de la nada, desacoplada del trabajo humano tradicional. Sin embargo, esta visión etérea choca violentamente con una realidad ineludible: la nube no está en el cielo, está anclada a la tierra, y construirla requiere sudor, cemento, cables y mucha energía.
Nos hemos dejado cegar por las asombrosas cifras de Silicon Valley y Wall Street. Hablamos de rondas de financiación que desafían la gravedad, como los 110 000 millones de dólares recaudados recientemente por OpenAI, o de megaproyectos como Stargate, que planea inyectar hasta 500 000 millones de dólares para construir gigantescos centros de datos. Gigantes como BlackRock y Microsoft también han formado alianzas para movilizar otros 100 000 millones de dólares hacia la infraestructura de IA.
Pero si rascamos la superficie de estas cifras astronómicas, descubriremos que el modelo financiero ha cambiado. Ya no se trata de rondas de capital de riesgo tradicionales, sino de un ecosistema cerrado donde los inversores (como Amazon o Nvidia) ponen el dinero que, en última instancia, garantiza que OpenAI les compre sus propios servidores y chips durante la próxima década. Es un despliegue de fuerza bruta capitalista disfrazado de innovación digital.
Y aquí es donde la fantasía de la abundancia infinita se estrella contra el muro de las limitaciones físicas. El propio Sam Altman, líder de OpenAI, ha confesado que espera «un milagro» para poder generar toda la energía que sus centros de datos van a devorar.
Pero el obstáculo más fascinante y revelador no es la falta de chips de última generación ni de reactores nucleares, sino la escasez de personas que sepan usar un destornillador y unos alicates.
Es una ironía poética: la mayor revolución digital de la historia humana, aquella que amenaza con reemplazar a abogados, programadores y escritores, está al borde del colapso porque no hay suficientes electricistas ni fontaneros. El déficit de mano de obra especializada es tan crítico que BlackRock —la mayor gestora de activos del mundo— se ha visto obligada a crear un fondo de 100 millones de dólares exclusivamente para formar a 50 000 trabajadores de oficios manuales en los próximos cinco años. No lo hacen por caridad, sino para proteger sus multimillonarias inversiones en infraestructura que simplemente no pueden avanzar sin estos profesionales.
Hoy en día, construir el futuro no requiere necesariamente un doctorado en ciencias de la computación. Un electricista cualificado que trabaja en las zonas de mayor densidad de centros de datos puede llegar a ganar hasta 200 000 dólares anuales, superando con creces a muchos trabajadores de cuello blanco sin tener que arrastrar deudas universitarias.
La lección que nos deja esta carrera por la IA es clara y sirve como una cura de humildad para el sector tecnológico: por muy sofisticados que sean nuestros cerebros digitales, siguen siendo esclavos de la infraestructura física. Mientras soñamos con inteligencias superpoderosas y sociedades posescasez, el verdadero poder —y el cuello de botella— de esta revolución reside en las manos manchadas de grasa de los técnicos, fontaneros y electricistas que tienen que enchufarla a la corriente.

(*) Fuente: Rafael Julivert Ramírez «La ilusión infinita de la IA y la venganza del mundo físico», texto republicado desde Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo.

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