¿Y si tu mente no fuera un programa? (*)

Por Miguel Alcaide

La conciencia, la mente; la naturaleza de la conciencia y de la mente. Parece algo abstracto y lejano; sin embargo, continuamente somos mente, conciencia encarnada. Preguntarse por la naturaleza de la mente, como lo hace el artículo a continuación, también es preguntarse por nosotros mismos.

¿Y si tu mente no fuera un programa?, por Miguel Alcaide

¿Y si tu mente no fuera un programa?

Durante años nos han explicado el cerebro como si fuera una máquina.

Recibe información. La procesa. Responde. Como un ordenador. Y, en cierto sentido, funciona.

Las neuronas se conectan, envían señales, toman decisiones. Todo encaja… hasta que deja de encajar.

Porque hay algo que no termina de cuadrar.  Pensar no es solo calcular. Sentir no es solo reaccionar.

Y ser consciente… no parece lo mismo que ejecutar un programa.

Aquí es donde la historia se vuelve interesante.

A finales del siglo XX, dos científicos, Roger Penrose (Premio Nobel de Física en 2020) y Stuart Hameroff (profesor emérito de los departamentos de Anestesiología y Psicología de la Universidad de Arizona), comenzaron a gestar una idea que aún hoy divide a la ciencia.

Dijeron, básicamente, esto: La conciencia no es algo que el cerebro calcula. Es algo que ocurre a un nivel más profundo. A un nivel cuántico.

Para entender por qué esto es tan extraño, hay que mirar a un nivel muy profundo. Mucho más abajo de las neuronas. Dentro de ellas existen estructuras diminutas llamadas microtúbulos. Durante mucho tiempo se pensó que eran poco más que andamiaje celular, una especie de esqueleto interno sin demasiado misterio. Pero Penrose y Hameroff miraron ahí y vieron otra cosa. Vieron la posibilidad de que, en ese lugar microscópico, estuvieran ocurriendo procesos propios de la física cuántica. Y la física cuántica no se comporta como el mundo que vemos.

En ese nivel, una partícula puede estar en varios estados a la vez.

Nada está completamente decidido… hasta que, de pronto, lo está.

Como si la realidad esperara un instante antes de cerrarse.

Su propuesta, conocida como Orch-OR ((Orchestrated Objective Reduction: Reducción Objetiva Orquestada), plantea algo desconcertante: Que la conciencia aparece justo en ese momento.
En ese “cierre”. No sería un cálculo. Sería un suceso.

Un instante en el que múltiples posibilidades se reducen a una sola. Y ese instante… serías tú.
Imagina por un momento que tu vida no es una línea continua, sino una sucesión de pequeños
“destellos” de realidad.

Como los fotogramas de una película. Cada uno separado. Cada uno completo. Y, sin embargo, al pasar lo suficientemente rápido, crean la sensación de continuidad. Según esta teoría, tu conciencia podría funcionar de forma parecida. No como un flujo constante, sino como una secuencia de momentos que aparecen uno tras otro.

Si esto fuera cierto, las consecuencias serían enormes. Significaría que no somos simplemente un sistema biológico que procesa información. Significaría que la conciencia está ligada, de algún modo, a la estructura más profunda del universo. No seríamos solo materia organizada. Seríamos… algo que ocurre cuando la realidad misma toma forma.

Pero aquí conviene detenerse.

Porque una idea fascinante no es lo mismo que una idea demostrada. La mayoría de la comunidad científica es escéptica. El cerebro es un entorno cálido, húmedo, lleno de actividad. Un lugar poco adecuado, en principio, para mantener fenómenos cuánticos delicados. Además, no existen pruebas claras de que esos procesos en los microtúbulos generen conciencia.

Puede que la teoría esté equivocada. Puede que sea una intuición brillante que no llegue a confirmarse nunca. Y, sin embargo, sigue ahí. Resistiendo. No porque haya sido demostrada, sino porque apunta a algo que todavía no sabemos explicar. Durante décadas hemos intentado entender la mente como si fuera una máquina.

Y ese modelo ha funcionado… hasta cierto punto.

Pero hay una grieta.

Una pequeña incomodidad que aparece cuando intentamos responder a una pregunta muy
simple: ¿Qué es, exactamente, ser consciente? No qué hace el cerebro. No cómo reacciona.
Sino qué significa estar ahí dentro. Darse cuenta. Quizá la respuesta sea más simple de lo que parece.
O quizá sea más profunda de lo que podemos imaginar. Penrose y Hameroff pueden estar equivocados. Pero han hecho algo importante: Han señalado que tal vez no estamos haciendo la pregunta correcta. Porque un ordenador procesa información. Pero tú no solo procesas. Tú dudas.
Recuerdas. Sientes. Te preguntas quién eres. Y eso, por ahora, sigue sin encajar del todo en ninguna ecuación. Puede que la conciencia sea un programa.

O puede que sea otra cosa.

Algo que no se ejecuta…
sino que sucede.

@Miguel Alcaide

(*) Fuente: Miguel Alcaide, «¿Y si tu mente no fuera un programa«, texto republicado desde Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo.

Deja un comentario