En las Fosas Ardeantinas (texto y Galería fotográfica)

Construcción en el ingreso a las Fosas Ardeantinas (Foto Wikimedia)

En marzo de 1944 los nazis mataron a más de 300 italianos en las llamadas Fosas Ardeantinas, en las afueras de Roma. Aquí el recuerdo de aquella masacre perpetrada al amparo de la locura nazi.

El 23 de marzo de 1994, ya hace 75 años, 33 miembros de la 11.ª compañía de un batallón del Polizeiregiment Bozen al servicio de la Whermatch, el ejército alemán de ocupación, fueron asesinados por un ataque partisano en la Vía Rasella con un explosivo de fabricación propia con 12kg de TNT, oculto en un carrito de basura colocado por un barrendero, un partisano disfrazado. Aun hoy, en paredes adyacentes a la explosión se advierte impactos de balas.

  La 11ª Compañía del Tercer Batallón Bolzan estaba integrada por 156 hombres, en su mayoría jóvenes reservistas del Tirol con la misión de ejercer funciones de seguridad y policía en Roma. Todos los días marchaban por las mismas calles, lo que les permitió a un grupo partisano preparar meticulosamente una emboscada devastadora. El explosivo que detonó para esto mató a 28 policías alemanes y dos civiles italianos que circunstancialmente se encontraban en el lugar. La explosión ocurrió frente al Palacio Tittoni. El sonido de la detonación fue poderoso, se oyó en toda Roma, al tiempo que se rompieron puertas y ventanas. Antes de escapar, los partisanos descargaron ráfagas de ametralladoras sobre los alemanes moribundos y arrojaron granadas.  

Hitler ordenó una feroz represalia. Por cada soldado de Alemania muerto debían morir diez italianos. Este tipo de venganzas no eran atípicas. El 27 de mayo de 1942, en otra emboscada, un par de miembros de la resistencia checoslovaca hirieron de muerte a Reinhard Heydrich, alto dirigente nazi, seriamente involucrado en la llamada «solución final». En represalia por su muerte, los nazis arrasaron con el pueblo checo de Lidice. ​Ejecutaron a 173 hombres mayores de 15 años; otros 11 hombres, primero ausentes, fueron detenidos después y también fusilados, junto con otros que estaban arrestados. Hasta finales de la guerra, las divisiones alemanas de las SS cometieron otras grandes masacres en territorio italiano, como el asesinato de más de 500 personas en Stazzema en la región de Toscana y 1.000 personas en las afueras del pueblo de Marzabotto, cerca de Bolonia.

Inspección del lugar donde detonó el poderoso explosivo

También, en la isla griega de Cefalonia, los italianos se vieron afectados por la mano siniestra germana. En 1943, Italia firmó un armisticio con los Aliados. Así, los italianos, que antes eran «de los propios» se convirtieron en amenaza enemiga. Más de 5000 soldados de la División Acqui fueron fusilados, algunos ahogados. La Masacre de Cefalonia.

Los alemanes ocuparon Italia desde septiembre de 1943 hasta el 4 de junio de 1944. Los principales jefes alemanes a cargo fueron Heinrich von Vietinghoff y Albert Kesselring. La ocupación se produjo cuando los líderes del Partido Fascista de Italia derrocaron a Benito Mussolini, dictador de Italia. El poder pasó a Pietro Badoglio, nombrado sucesor por el rey Víctor Manuel III. Las fuerzas alemanas invadieron entonces el norte de Italia, liberaron a Mussolini de la prisión, y éste fundó luego la República Social Italiana, más conocida como República de Saló, y se establecieron en Roma. El ataque contra los soldados alemanes en la capital italiana ocurrió casi el mismo día en el que, 25 años atrás, Benito Mussolini creó en la plaza del Santo Sepulcro de Milán los Fasci Italiani di Combattimento, grupo de choque germen del Partido Nacional Fascista, fundado en 1921. Luego de la ocupación alemana, en la península itálica rugirán decisivas batallas como las de Anzio o Monte Cassino hasta la liberación de la urbe romana en mayo de 1944.

El responsable de cumplir la orden del demente Führer fue Herbert Kappler, el comandante de la Gestapo en Roma. Los desdichados destinados a la represalia surgieron de una lista compuesta por condenados a muerte de la Resistencia que esperaban ser fusilados, 75 judíos encarcelados con orden de deportación a campos de exterminio, presos de otras cárceles romanas bajo el mando militar de las SS, y personas comunes arrestadas para el caso.

Herbert Kappler (wikimedia)

Al final de la guerra, Kurt Maltzer, comandante militar de Roma durante los meses de la ocupación, el mariscal Albert Kesselring, lo mismo que Kappler, fueron sometidos a proceso por su responsabilidad en la masacre. A la pregunta sobre si se consideraba responsable por la matanza de las Fosas Ardeantinas, con frialdad Kesselring afirmó que «no, porque creía que la represalia se cumplía sobre trescientos treinta y cinco condenados a muerte. Las represalias están admitidas. De todos modos, yo debía obedecer la orden de Hitler. Befehl ist Befehl (una orden es una orden)».

Al coronel Kappler lo secundaba un individuo que, décadas después, se maravillaba ante la belleza del Lago Nahuel Huapi, en Bariloche, Argentina. El capitán Erich Priebke, un «alemán modelo» en la comunidad barilochense, trabajó un tiempo como almacenero, y se vinculó con el Club Alpino y con el Colegio alemán. Luego de una tranquila radicación en la Patagonia argentina, finalmente un periodista estadounidense dio con él, lo sorprendió a plena luz del día, y lo invitó a recordar lo que seguramente nunca recordaba, cuando con Karl Hass, otro oficial de las SS, partió con los camiones que trasportaban a los condenados. Los prisioneros fueron enviados hasta las minas abandonadas en el sur de Roma, cuyo nombre procedía del cercano pueblo de Ardea, con cuevas en las que se extraía puzolana, una piedra volcánica que servía para la producción de cemento. Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, las minas, exhaustas, ya no eran operativas. Las cuevas se sitúan cerca del sitio donde, según una piadosa y antigua tradición, Jesucristo se le había aparecido a Pedro y le preguntó «Quo Vadis».

Cerca, se encuentran las catacumbas de San Calixto, del siglo II. Allí, tres sacerdotes salesianos, que ejercían sus labores en el lugar, vieron la llegada de los condenados que bajaron de los camiones. Nunca se le dijo a dónde iban, para evitar una rebelión desesperada. Los salesianos informaron al Papa Pío XII de lo ocurrido. Éste, ya antes, sabía de la atrocidad en marcha pero no pidió ninguna postergación o cancelación. Todo el tiempo que se pudiera conseguir favorecería la llegada salvadora de los Aliados

En las Fosas Ardeantinas, en grupos de a cuatro, los italianos confundidos fueron introducidos en una cueva. Al poco tiempo comprendieron. Uno por uno se resignaron a lo inevitable. Un tiro en la nuca los despidió de todas las primaveras. 335 vidas ultimadas. Luego de la masacre, los asesinos sellaron las entradas de las minas. La acumulación de tierra y roca no impidió la revelación de la verdad.

En julio de 1944 empezó la tarea de identificar a los muertos. Los familiares reconocieron a los suyos. Cinco años después de la matanza, el 24 de marzo de 1949, se inauguró el monumento que actualmente acoge los sepulcros.

Erich Priebke (Wikimedia)

Luego de la guerra, Kappler fue juzgado por un tribunal italiano y enviado a la cárcel. El cáncer lo carcomía. Con la ayuda de su esposa escapó de un hospital militar en una maleta, y murió poco tiempo después en 1978.

El brazo derecho de Kappler, el capitán de las SS que antes mencionamos, Erich Priebke, luego de estar prisionero por casi dos años en un campo británico en el norte de Italia huyó, y, en 1948, junto con su esposa e hijos, se embarcó en Génova hacia la Argentina y se estableció en Bariloche. Luego de ser descubierto, fue arrestado en 1995; se lo extraditó y, luego de un juicio en Roma, se lo condenó a arresto domiciliario por su avanzada edad en el departamento de su abogado, Paolo Giachini. Podía hacer compras, caminar por un parque y compartir comidas con conocidos en restaurants, cerca de su domicilio. Murió a los 100 años, en 2013. Una semana después de su deceso, su abogado dio a conocer un video en el que Priebke afirmaba que en el contexto en el que se movía era imposible no cumplir las órdenes de Hitler. Negarse equivalía a ser fusilado. También se lo acusó de ejecutar personalmente a dos prisioneros. Karl Hass, el otro oficial responsable de la ejecución de la matanza, después de la guerra se convirtió en espía para los estadounidenses en el marco de la Guerra Fría contra la Unión Soviética, y murió apaciblemente en Suiza en 2004.

Izquierda Priebcke durante su proceso en Italia luego de ser extraditado de Argentina; a la derecha, Karl Hass

Algunas películas recrearon la masacre, como Masacre en Roma (1973) dirigida por George Pan Cosmatos, y protagonizada por Marcello Mastroianni y Richard Burton; o Dieci italiani per un tedesco (Diez italianos para un alemán) (1962), dirigida por Filippo Walter Ratti y protagonizada por Gino Cervi. También, en Roma, ciudad abierta (1945), obra maestra con la dirección de Roberto Rossellini, con Anna Magnani y Aldo Fabrizi, se alude a la masacre. Aldo Fabrizi es Don Pietro, una figura que recuerda a dos religiosos, Don Giuseppe Morosini, fusilado en Forte Bravetta, y Don Pietro Pappagallo, asesinado en las Fosas Ardeantinas. Anna Magnani es Pina, la esposa embarazada de Fabrizio, uno de los prisioneros llevados a las fosas del crimen. Para intentar salvarlo, Pina persigue el camión que lleva a su marido hacia la muerte, pero una ráfaga de ametralladora la mata.

Un libro importante sobre la matanza es La orden ya fue ejecutada (2002), del historiador italiano Alessandro Portelli, que realizó una investigación a fondo del tema, y que enlaza lo ocurrido con la memoria e historia de la propia ciudad de Roma.

En una ocasión, visitamos el sitio de los asesinatos masivos. En Roma subimos a un transporte. De a poco, la ciudad cedió su lugar a las afueras atravesadas por calles empedradas, una de ellas, la principal, la Vía Apia.

Descendimos. Reconocimos rápido lo que buscábamos. Pasamos la entrada y vimos la construcción de cemento que aparece en tantas fotografías.

Entrada a las Fosas Ardeantianas (Foto E.I)

A la izquierda del vestíbulo de entrada disntiguimos el grupo escultórico Las tres edades del hombre, la estatua de piedra travertina de seis metros de altura, obra del escultor Francesco Coccia. 

Ingresamos en un corredor que lleva a la Grotta del eccidio (Cueva de la masacre). A unos pasos nos encontramos con una hilera de sepulcros. Algunas tumbas mostraban una flor sobre su superficie. Leímos los nombres de algunos de los masacrados. También descubrimos una tumba de una victima no identificada, Ignoto.

(Foto Laura Navarro)
Foto Laura Navarro)

Los muertos son desde un joven de 14 años hasta un hombre de 74 años. Diez tumbas son del «ignoto». El mausoleo exudaba un dolor neblinoso, una invisible sustancia que nos oprimía el pecho y sofocaba el ánimo. Otro de los residentes perpetuos de los sepulcros es el joven Orlando Posti. Orlando era partisano, antifascista, con experiencia en el sabotaje, sagaz en la lucha clandestina; fue torturado, y no habló; encerrado en la prisión de la Vía Tasso consiguió enviar una serie de cartas a su madre mediante el ardid de ocultarlas en los cuellos de las camisas para lavar. Muchas de sus cartas están dedicadas a su amada Marcella Bonelli, a ella le escribe:

«Querida Marcella, cuando leas esto, que será mi último contacto contigo, estaré en el mundo donde al menos encontraré un poco de paz, si el buen Dios que todo lo puede lo permite.»

Orlando Posti (Foto Wikimedia)

Cuando llegó el instante final cada prisionero se arrodilló con las manos atadas. Se les preguntó cuál era su nombre, y se les tachó de una lista; y se los obligaba a arrodillarse; se los mataba, a algunos se les disparó dos veces; ya avanzada las ejecuciones los nuevos condenados se apoyaban sobre los cadáveres de otras víctimas. En el pasado 2024, el presidente de Italia Sergio Mattarella encabezó la ceremonia de homenaje de las víctimas. Este año ocurrirá lo mismo.

El lugar de las ejecuciones (Foto E.I)

La contemplación de las Fosas ardeantinas trasmite la sensación de que el gran dolor de las víctimas inocentes se resiste al paso del tiempo en la dureza de los sepulcros. Cientos de personas que pudieron haber respirado muchos más amaneceres y atardeceres cayeron en el lado desconocido por un bala indiferente. Muchas madres, esposas, hermanas, padres, los lloraron hasta su última exhalación. Muchos pasan hoy por la Vía Rasella sin saber que, allí, una gran explosión desencadenó un proceso que hizo que muchas vidas inocentes se desvanecieran, de forma inevitable, como estrellas fugaces en la noche.

Vía Rasella y Palazzo Tittoni, marzo 2023, lugar de la explosión de la bomba que desencadenó la posterior represalia. la Vía Rasella es una de las calles que lleva a la famosa Fontana di Trevi (Foto di Luca Dammicco).

Galería (todas las fotografías se pueden ampliar)

el grupo escultórico Las tres edades del hombre, la estatua de piedra travertina de seis metros de altura, obra del escultor Francesco Coccia (Foto E.I). 
 Las Fosas Ardeatinas cuando aún no se había construido el monumento(Archivio Cicconi/Getty Images)
Cuando los alemanes abandonaron Roma, los familiares de las víctimas comenzaron a ir a rezar por ellos (Archivio Cicconi/Getty Images)
Le finestre su via Rasella, marzo 2023. Foto di Luca Dammicco.
Fotograma de la película «Muerte en Roma», dirigida en 1973 por George Pan Cosmatos. La imagen se sitúa en el 24 de marzo de 1944, poco antes del atentado de la Vía Rasella contra una unidad del ejército alemán, que desencadenó luego la represalia de la matanza de las Fosas Ardeantinas.
(Foto Laura navarro)
(Foto E.I)
(Foto Laura Navarro)
(Foto Laura Navarro)
(Foto E.I)
(Foto en Diario Río Negro)
(Foto Laura Navarro)
Homenaje a las víctimas (Foto Memorias situadas)

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