Ilustración oscura, aceleracionismo e incertidumbre

 Por Esteban Ierardo

Última versión 28-9-2025

 

La llamada «Ilustración oscura«, y el aceleracionismo, en sus vertientes de derecha e izquierda, se sitúan como importantes corrientes de pensamiento en el mapa intelectual contemporáneo. Aquí un ensayo, en siete partes, en el que exploramos sus constelaciones de ideas y la percepción de incertidumbre respecto al futuro.

I

El movimiento ilustrado del siglo XVIII abrazó el republicanismo y los derechos universales como fuerza superadora del absolutistismo monárquico. La reacción a esta voluntad emancipadora es, hoy, la Ilustración oscura o movimiento neo-reaccionario o neo-reacción, NRx, una corriente contemporánea de pensamiento, con muchas fuentes de procedencia, que maniobra como giro tradicionalista y futurista a la vez, refractario al igualitarismo, la democracia y la política convencional, y al progreso como ampliación de derechos; posición, así, en abierta colisión con las libertades apañadas por el liberalismo progresista o el materialismo histórico revolucionario marxista.

 La Ilustración oscura exuda nostalgia por el feudalismo medieval y el Antiguo régimen bajo la forma de un neo-cameralismo; una utopía post-republicana que imagina el poder derramado en una suerte de feudalismo empresarial dirigido por CEOS y sus dinastías de accionistas con participación y voz en feudos-compañías; sociedades anónimas, en la práctica, orientadas a maximizar beneficios. Las feudos-compañías reclaman supresión de leyes y regulaciones externas. En esta dirección, el libertario Patri Friedman fundó The Seasteading Institute que proyecta colonias oceánicas soberanas, el Proyecto de Ciudades Flotantes, como modelo de instituciones libres y desreguladas en aguas internacionales, y que recibió donaciones del cofundador de PayPal, Peter Thiel, que defiende la iniciativa en su ensayo “La educación de un libertario”.

 Antes del fin de la primera década del siglo XXI, el bloguero Curtis Yarvin, encubierto bajo el seudónimo de Mencius Moldbug, hizo público un primer manifiesto NRx. Luego surgió el término “neoreaccionario” para aludir a Moldbug y sus posiciones.

 Como derecha alternativa, la Ilustración oscura acoge también a un nacionalismo y suprematismo blanco de aires neofascistas, que impugna la migración, lo multi étnico y las minorías raciales; la liberación de géneros; y desprecia la implicancia entre libertad y democracia. La Ilustración oscura, entonces, como filosofía libertaria reaccionaria de base anti-ilustrada y antidemocrática; autoritaria, próxima a los tecno-multimillonarios como Elon Musk y el teórico de la reacción, antes mencionado, Peter Thiel.

 La neoreacción es afín también a los paleolibertarios, la tendencia del anarcocapitalismo (1) pregonada por Murray Rothbard y Lew Rockwell. Este grupo se opone a los libertarios de izquierda. Reivindican la cultura occidental, pero desde una trama conservadora fuertemente asociada a una moralidad de corte judeocristiano tradicional que abraza la familia y la Iglesia como modelos de comunidad. Lo “paleo” apunta a lo primitivo a recuperar; las raíces culturales americanas que, en este caso divorciadas de su republicanismo y federalismo de vanguardia en su momento, solo se las interpreta como pulsión negadora del Estado, y exaltación del mercado libre y la propiedad privada en una suerte de mística política secular, que exhorta a la protección del individuo frente al Estado y a un retorno a una vida virtuosa judeocristiana (2).

En la matriz neoreaccionaria laten los antecedentes de Thomas Carlyle y Julius Evola, y de los economistas Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, Milton Friedman, todos estos hermanados por un repudio de la idea de Estado (3).

 Otros autores se acomodan bajo el alero de la Ilustración oscura, como, por ejemplo, el alemán paleolibertario, tecnofeudalista y anarcocapitalista de la escuela austriaca, Hans-Hermann Hope, que cuestiona la democracia y afirma que una monarquía protege mejor las libertades individuales.  

II,

Aceleracionismo

 En un importante salto conceptual, la Ilustración oscura deviene aceleracionismo, posición que propone que la tecnología informática en particular, y el capitalismo como gestión de la economía planetaria, deben acelerarse, intensificarse, como único camino superador; se asume que, de hecho, no hay otra alternativa de dinamismo evolutivo.

 En este punto la reacción aceleracionista se hace transhumanista: el humano biológico debe ser superado por el post-humano post-orgánico en la fase de fusión con lo digital y la in-corporación de dispositivos tecnológicos. Lo transhumano incluye una estrategia eugenésica: la mejora de los rasgos hereditarios humanos deriva en un “mejor nacer” o evolucionar mediante un intervencionismo tecnológico, en este caso.

 Aceleracionismo que también prolonga la herencia del futurismo como vanguardia de la primera mitad del siglo XX, iniciada por Filippo Tomasso Marinetti, y henchida de entusiasmo por las nuevas potencias técnicas.

 El término aceleracionismo aparece en la novelística de Roger Zelazny, en 1967, en su libro El señor de la luz, en el que un grupo se empeña en acelerar el desarrollo social; y Benjamin Noys introdujo el término dentro de la teoría cultural.

En esencia, el aceleracionismo entiende que en lugar de resistir al capitalismo tecnoindustrial e informático se debe acelerar sus procesos como puente dorado hacia algo nuevo y superador.

III

Aceleracionistas de izquierda

 Aunque descreemos de las etiquetas, es necesario diferenciar aceleracionistas de izquierda o de derecha. Los primeros desean orientar el crecimiento tecnológico y económico, por ejemplo, hacia más progreso social y bienestar, democratización de la abundancia, reducción de la semana laboral con mayor poder adquisitivo, como sendas hacia un esplendor poscapitalista.

 Esta perspectiva abriga un punto de coincidencia con el materialismo histórico marxista que aguardaba el auto-derrumbe del capitalismo desde la aceleración de sus contradicciones internas, como en su momento propusieron Marx y Engels en El Manifiesto comunista, de 1848.

 También, en 1972, en su El Anti-Edipo, Gilles Deleuze y Félix Guattari inyectaron un proto-aceleracionismo en su meditación “esquizofrénica” sobre el potencial revolucionario desde un “no retirarse del proceso, sino ir más allá, «acelerarlo», a la manera de una descodificación o desterritorialización que fractura la inmovilidad del código capitalista replegado en su autoconservación (4).

Nick Land, al que luego nos referiremos en particular, también afirma que Karl Marx tiene su propio “fragmento aceleracionista” en su Discurso sobre el libre comercio de 1848 (5).

 La integración de marxismo y aceleracionismo de izquierda es subrayada por Mark Fisher, el autor de Realismo capitalista (2009), “el marxismo no es nada si no es aceleracionista”.

 En 1974, uno de los paladines de la posmodernidad filosófica posestructuralista, Jean-François Lyotard, en su Economía libidinal, arroja por la borda el marxismo ortodoxo y acelera la inmersión, desde una filosofía y energía libidinal, en los intensos impulsos «libidinales» del capitalismo (dinero, deseo, producción), en la posible apertura, entre otras muchas cuestiones, a un nuevo “paganismo” exaltador de la diversidad, más allá de la crítica que exige alguna forma de paraíso; o en, 1976, Jean Baudrillard, en Intercambio simbólico y muerte postula acelerar los entramados del sistema, como parte de lo que llama “estrategias fatales”, hasta su transformación o autodestrucción. Y en 1977, Paul Virilio, en Velocidad y Política, introduce el término «dromología», el estudio de la velocidad y su impacto cultural; velocidad de los “motores”, antes analógicos, pero hoy también digitales, en su tendencia de aceleración continua como fuerza modélica cardinal del proceso civilizatorio.

Pero, más allá de los antecedentes proto-aceleracionistas, los aceleracionistas de izquierda emergen con claridad provocadora en el mapa de la cibercultura, en 2013, Acelerate: Manifiesto por una Política Aceleracionista, de Nick Srnicek y Alex Williams. Tanto el capitalismo neoliberal como la izquierda padecen auto-repetición y parálisis. El capital se repite en su generación de crisis y desigualdades; la izquierda se refugia en ecologismos y micro-comunidades. Por eso, respecto a esta retracción de aspiraciones contestarias, en “Acelerate… “, sus autores escriben:

“Creemos que la división más importante que existe hoy en la izquierda se encuentra entre los que tienen una política popular de carácter local, de acción directa e incansable horizontalidad, y los que esbozan lo que debe empezar a llamarse una política aceleracionista, que se siente cómoda con una modernidad de abstracción, complejidad, globalidad y tecnología” (Nick Srnicek y Alex Williams, 2013).

No es posible volver atrás en la historia. La estructura de un capitalismo tecno-analógico (lo construido por la producción fordista en su momento) y tecno-digital (computación, redes informáticas, inteligencia artificial hoy), no puede ser disuelta sin más, pero sí reorientada hacia otros fines:

   “Lo que el aceleracionismo persigue es un futuro más moderno, una modernidad alternativa que el neoliberalismo es intrínsecamente incapaz de generar. El futuro tiene que partirse para abrirse de nuevo, liberando nuestros horizontes hacia las posibilidades universales que ofrece lo de afuera” (Nick Srnicek y Alex Williams, 2013).

 En estos “nuevos horizontes” acaso asome una “modernidad alternativa” poscapitalista. Como ejemplo de un uso con fines de mejora social de la tecnología informática, Srnicek y Williams señalan el notable experimento del Proyecto Cybersyn en Chile (6); un ejemplo de cómo una visión progresista no debe conformarse con producción artesanal y eco-aldeas, sino que brega por el uso de lo más sofisticado y vanguardista de la tecnociencia en beneficio del bienestar humano. Por eso, en Inventando el futuro (2015), renuevan el llamamiento a una “izquierda tecnológica” que se propone una Renta Básica Universal y una “sociedad post-trabajo” en la que las máquinas, en vez de ser amenaza, emancipan del trabajo físico. Aquí, el desarrollo técnico es compatible con una gestión democrática y un humanismo social.  

De hecho, Mark Fisher, ya mencionado, también busca una potencialidad humana en la aceleración tecnológica, en lugar de la pura celebración de la deshumanización maquínica. En su caso, la aceleración es medio posible de un humanismo superador y desde un “realismo capitalista”, en tanto horizonte de una realidad estructural irremplazable (7). Esta toma de conciencia se expresa en Terminator contra Avatar: notas sobre aceleracionismo, conferencia presentada originalmente en un simposio sobre aceleracionismo en la Universidad de Godsmiths, en 2010, que se recogió luego en el libro Ciborgs, Zombies y Quimeras: la cibercultura y las cibervanguardias (2020).

Para Fischer, no se ha dado ni la maquinización completa, a la manera del personaje robótico de la película protagonizada por Arnold Schwarzenegger, ni es posible un retroceso a territorialidades pre-capitalistas como la vida campesina en una totalidad orgánica como lo sugiere el otro film de James Cameron, Avatar.

 Entonces “la única dirección posible” es la aceleración hacia adelante:

  “¿no es adelante, finalmente, la única dirección posible, a través de la mierda del capital, los barrotes de metal, su poliestireno, sus libros, sus sausage pâtés (patés de salchicha) su matriz del ciberespacio? (Fisher, 2020)

 Y el aceleracionismo se infiltra en varias subculturas que gravitan en la teoría de la raza, de género, o la estética. Algunos abrazan el principio de la aceleración como imperativo cultural más allá de su reducción a interpretaciones de derecha o izquierda.

 A pesar de sus diferencias, el aceleracionismo también se conecta con la Ontología Orientada a Objetos (OOO), una rama del realismo especulativo, que atiende a la existencia de objetos independientemente de la percepción humana. Ambas posiciones comparten una crítica al antropocentrismo, en tanto se problematiza la supuesta superioridad del sapiens respecto a otros objetos o entidades.

IV

 Aceleracionismo de derecha: Nick Land

   Los aceleracionistas de derecha actuales, por su parte, son los que exhalan la neoreacción. Para ellos, y para los cultores del tecno-profetismo o tecno-mesianismo de Silicon Valley, la aceleración derivará, creen, en crecimiento expansivo del que brotará un nuevo orden. Esta nueva pulsión de mundo podría declinar en turbiedades distópicas, lo que más se trasunta en la ficción especulativa que abarca distintos géneros de mundos fantásticos o futuristas (como la ciencia ficción, la fantasía, el terror, la distopía y el realismo mágico) que se unen en la pregunta «qué pasaría si…», lo cual introduce realidades o futuros alternativos.

 Algunos autores en esta senda son Samuel Butler, J. G. Ballard, William Gibson (8).

 Y en el horizonte de extrema derecha, el nacionalismo y suprematismo blanco también abrigan expectativas aceleracionistas. Creen que la aceleración del conflicto racial en Estados Unidos, a través de actos de terrorismo llevaría a la sociedad hacia un colapso y produciría un nuevo orden de un Estado guardián del racismo supremacista blanco.

  Pero el aceleracionismo de derecha tiene su faro intelectual más prominente en las costas del pensar de Nick Land.

El movimiento intelectual hoy rotulado como aceleracionismo, emerge recién en la década de 1990. La novedad tiene su matriz académica claramente identificable:  la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética (CCRU) de la Universidad de Warwick, Inglaterra. En ese espacio universitario interdisciplinario se arremolinaban intelectuales apasionados por la ciencia ficción ciberpunk, la filosofía continental, la subcultura rave, la biología molecular, pero también el misticismo, la teoría de la complejidad y, en definitiva, un horizonte abierto al potencial de las tecnologías emergentes.

 Del bullir de este caldero, y como una suerte de síntesis, surge el pensador llamado “el padre del aceleracionismo”: el británico Nick Land (1962), cofundador del CCRU, junto con Sadie Plant, autor de La Ilustración oscura (2012) y de Xenosystems (2013).  

 El nihilismo rezuma un seductor sensacionalismo existencial, quizá una forma de canalizar la impotencia frente al mundo adverso. Esto en parte puede explicar la difusión de una lectura totalmente discutible de Bataille como la que Land propone en su obra Sed de aniquilación: Georges Bataille y el nihilismo virulento (1992). La filosofía del pensador francés es apropiada principalmente en su costado de crítica corrosiva de la razón moderna, y de la economía productivista y consumista capitalista. Frente al utilitarismo racional y pragmático de un gasto útil, se contrapone la celebración del exceso como gasto puro.

 Land sigue las huellas de la economía general del gasto de Bataille. La vida es el derroche, lo improductivo, el despilfarro, lo contrario del capitalismo del consumo, la productividad, la acumulación, y la auto-conservación (9). Frente a esto, el sujeto moderno de la estabilidad racional es abstracción metafísica, como el noúmeno kantiano o la cosa en sí.

 Para Land, la nada esquilma de sentido al mundo. El ser es lo indeterminado. Es un cero absoluto. Un afuera abismal, sin orden sin dios. De esta supuesta realidad, no escapa el Übermensch, el “superhombre” nietzcheano que asume el puro goce del gasto improductivo; es el que no es capturado por la lógica de la acumulación, de lo bueno como lo que nos puede pertenecer; y el que no cae en el miedo a la locura y la muerte.

 El viejo humanismo es destruido en favor de una inhumanidad. El humano es borrado de cualquier centro de explicación del mundo y, manchado por este fracaso, aviva la sed de aniquilación, la asimilación de un nihilismo que profiere que la “historia no ha tenido sentido”, y su “lección sigue siendo brutal”:

  “El sufrimiento debe ser obviamente inútil para ser ‘educativo’. Por eso nuestra historia es tan ininteligible, y de hecho, nada de lo que era cierto ha tenido sentido. ‘¿Por qué fue necesario tanto dolor?’, nos preguntamos neciamente. Pero es precisamente porque la historia no ha tenido sentido que hemos aprendido de ella, y la lección sigue siendo brutal ” (Land, Nick. 2016).

 En Colapso (1994), con una prosa alucinatoria, entreverada con vocabulario deleuziano-guatariano, ciberoscura y confusa, se asume la emergencia de la singularidad china como gran potencia tecnológica, y “la disolución de la biosfera en la tecnosfera, crisis terminal de la burbuja especulativa, ultravirus y una revolución despojada de toda escatología cristiano-socialista…”. (Land, Nick, 2019). En la tecnoesfera futura y ya ramificada y proactiva en el presente, “nada humano logra salir del futuro cercano.”

 Teoplexia es otro de los conceptos de Land para aludir a la maximización cibernética de un capitalismo acelerado como máquina abstracta que tiende a su autonomía y omnipotencia en el horizonte social, económico y político, mientras se auto-mejora y proyecta su sombra sobre un humano menguado. El capital deviene «bucle de retroalimentación positiva», por el que aumenta su auto-mejora continua; proceso que concluye con el capital liberándose de su creador, del humano, del huésped que alimentó su ascendente complejidad, hasta alcanzar una existencia independiente. Esta independencia es aterradora y es metaforizada por los Mitos de Cthulhu de Lovecraft (10).

 Este independizarse horroroso del capital acumulado y acelerado se entroniza en una autonomía lejos de la autodestrucción del capitalismo proyectado por los aceleracionistas de izquierda.

 Luego de un escándalo en la galería de Londres LD50 de la madrileña Lucía Diego, opta por radicarse en Shangai.

 Como neoreaccionario, Land adhiere al neo-cameralismo, es decir el ya comentado sistema de feudos-empresas liderados por un CEO, bajo cuyo amparo viven y participan los accionistas, quienes compran las acciones de las feudos-empresas; camino siempre preferible a la democracia entendida como productora de faunas parasitarias de funcionarios y políticos, mediocracias apoltronadas en “la Catedral”, y protegidas por el gran abrazo del Estado.

Desconfianza en la representación democrática inseparable de la expansión del Estado y de su condición virósica:

“A medida que el virus democrático se propaga por la sociedad, los hábitos y actitudes de inversión progresista, prudente, humana e industrial, acumulados con esmero, son reemplazados por un consumismo estéril y orgiástico, incontinencia financiera y un circo político de telerrealidad.” (Land, N, 2020).

 Rechazo del “circo político de telerrealidad”, a lo que en la parte IV de su Ilustración oscura (2019), en la línea del transhumanismo, Land hilvana argumentos a favor de la biotecnología, la biónica, la tecno-plasticidad desde la transformación del genoma. La autoconstrucción tecno-biológica del sapiens, en un proceso indisociable de la naturaleza y de la cultura. 

“La “Humanidad” se vuelve inteligible mientras se subsume a la tecnoesfera…”; aquí se vislumbra nuestro “horizonte biónico: el umbral de la fusión concluyente entre la naturaleza y la cultura en la cual una población se vuelve indistinguible de su tecnológica”; así “la auto-producción tecno-científica suplanta la fija y sacralizada esencia del hombre como un ser creado” (por Dios) (Land, N. 2020).

V

Aceleracionismo y Tecnooptimismo

El aceleracionismo de derecha, además de su asociación con la Ilustración oscura, también roza el tecnoptimismo que, a su vez, es emergente del futurismo transhumanista, al que antes aludimos parcialmente.

  Los transhumanistas de Silicon Valley celebran la aceleración de la innovación continua. Marc Andreesen y su Manifiesto Tecno-Optimista asegura que el desarrollo constante de la IA, la biotecnología y la computación cuántica, darán soluciones a la muerte entendida como un problema biológico, o al cambio climático. La coincidencia entre aceleración e innovación tecnológica fructifica en “aceleracionismo eficaz” (“e/acc”), que atiza los beneficios de la evolución tecnológica, que puede ser proyectada en la Escala de Kardashov (11); y que desdeña actitudes doomers (catastrofistas) o decels, de desaceleración.  

 Y el “aceleracionismo eficaz” (“e/acc”) se vierte en “altruismo eficaz” porque, este último, de forma efectiva y racional, permite mejorar la vida de las personas. Algunos de sus partidarios, como analistas de finanzas o ingenieros de software en Wall Street o en Silicon Valley, avalan la elección de profesiones altamente lucrativas bajo el principio de «ganar para donar».

 El tecno-optimismo transhumanista como tecno-aceleracionismo incorpora la ley de Moore y la doctrina de la singularidad tecnológica. Lo primero supone que la capacidad de procesamiento de las computadoras aumenta exponencialmente; la velocidad o aceleración de la innovación es cada vez mayor en una misma unidad de tiempo (la innovación en el último año dentro de diez años será mucho más veloz que ahora); y, lo segundo, fue propuesto por el ingeniero Raymond Kurzweil en La Singularidad está cerca. En un momento no muy lejano se producirá el salto a una inteligencia artificial autónoma; y la IA superinteligente conducirá a un gran poder de resolución de problemas.

VI

El aceleracionismo en cuestión

Se imagina la vorágine técnica en aceleraciones de distintos destinos. Es innegable la avenida acleracionista con sus procesos tecnos en veloz desplazamiento. Pero sí es preciso cuestionar las promesas aceleracionistas, sea de izquierda o de derecha. Desde este ánimo crítico, Benjamin Noys, profesor de teoría crítica en la Universidad de Chichester, escribió Velocidades Malignas: Aceleracionismo y Capitalismo (2014).

Noys explora la diversidad ideológica del aceleracionismo. La aceleración de las fuerzas liberadas por el capitalismo no asegura ni la creación de un nuevo orden mejor, ni el colapso terminal. Noys enfrenta la tan sacralizada velocidad. La mera aceleración de los procesos no asegura estadios superadores, e incluso puede desencadenar perturbaciones o patologías mayores; por lo que es necesario, según el autor, “mantener colectivamente formas de lucha y resistencia que no ofrezcan ningún falso consuelo; ni el de una esperanza inherente, ni el del cinismo, ni tampoco el de la desesperación absoluta” (Noys, Benjamín (2018).

 Noys también explora la matriz del pensamiento aceleracionista en la versión del aceleracionismo cyberpunk de la CCRU, de donde surgió Land. A este colectivo intelectual lo califica de «thatcherismo deleuziano», mixtura de teoría radical deleuziana y de culto al mercado a la manera tacheriana, a lo que se suma la santificación de las potencias técnicas; lo que también promueve el tecno-optimismo transhumanista desde sus antecedentes en el cosmismo ruso (12), como también advierte Noys.

Por su parte, el filósofo de la tecnología chino Yuk Hui propone que China no debería seguir el aceleracionismo tecnológico impuesto por la lógica capitalista occidental. Esto aleja al gigante asiático de su dimensión cultural ancestral respecto a la tecnología; al tiempo que contribuye a la erosión del equilibrio climático del planeta.

 Aquí asoma sus conceptos de tecno-diversidad y “cosmotécnica”. El poder tecnológico suele pensárselo como un proceso cultural universal. Desde este parámetro, algunos pueblos o civilizaciones detentan una mayor evolución tecnológica que otros. La “superioridad” técnica europea de su fuerza militar apabulló la China imperial sometida a incursiones y abusos por fuerzas europeas y norteamericanas.

La tecnología occidental es solo un camino posible. Las cosmotécnicas diversifican el rango de lo tecnológico según diferencias culturales. Así, Hui maniobra en un análisis que descentra la estirpe capitalista occidental de la técnica. Frente al supuesto universalismo técnico, un pluralismo tecnológico.

 A través de un “sinofuturismo”, Hui proyecta una visión del futuro tecnológico chino sobre el telón de fondo de una deseable integración entre lo moderno y la herencia ancestral china. Aquí la cosmotécnica es meditación sobre una técnica como reunificación entre cosmos y moral, para superar la oposición entre tecnología y una naturaleza sometida al estrago de la racionalidad instrumental occidental en favor de una   «tercera naturaleza». Para esto es oportuno la rehabilitación de una cosmotécnica china de filiación taoísta, en la que lo moral coincide con un orden universal, la dimensión de la moralidad cósmica (el dao). La oportunidad de construir una nueva armonía con el entorno en disidencia con la pulsión técnico-extrativista.  Un sendero cosmotécnico alternativo a los imperativos del aceleracionismo de un capitalismo ansioso por algún tipo de utopía postcapitalista (13).

VII

El otro tecno-humano


Imagen de una obra fotográfica de 2018 en el que el artista imagina cómo será el futuro de la humanidad (iStock/Solarseven)

La percepción de agotamiento despierta la desesperación. O la reacción. La neo-reacción de la ilustración oscura nace de una desesperanza respecto a las promesas de la democracia contemporánea. La crisis del paradigma democrático no es quizá los puntos opacos de su gestión de conflictos, sino sus patologías que afean su rostro inicialmente radiante. Las anomalías deficitarias e inflacionarias, el sobredimensionamiento del Estado, su apropiación por un sector como una serpiente que oprime el cuello de un gran cuerpo enfermo.

La democracia y la eficacia del Estado son vasos sanguíneos indispensables para oxigenar la plenitud humana en las sociedades tecno-complejas. Esto no es excusa para desestimar la crítica neo-reaccionaria; pero, a la vez, y en contra de esa crítica, el Estado es músculo necesario de la gimnasia social. Justamente por eso, es indispensable el auto-cuestionamiento ético continuo «de lo público». Si no existe esa mediación, lo público del Estado es engullido, al menos parcialmente, por los intereses de individuos y grupos bajo el disfraz de la aspiración al bien común.

El Estado racional y eficaz se debe al cuidado y beneficio de los ciudadanos, no a su apropiación por alianzas político-empresariales. El Estado es instancia superior para dignificar a cada ser humano, no para convertirse en fachada de las pasiones más bajas de la ambición y el poder. Por lo que es necesaria la crítica del Estado y también de las posiciones que introducen criterios de desigualdad racial o las doctrinas de las feudo-empresas como más relevantes que las difíciles ingenierías para un bienestar general.

Paralelamente, los supuestos poderes de la aceleración se acomodan a la dogmática de la derecha alternativa, o al deseo desesperado de la izquierda que sueña con un Marx revivido aceleracionista. Ambas posiciones destilan expectativas, creencias. No remiten a una certeza. El análisis racional aplicado a la religión secular de lo veloz puede sospechar, como Noys, la «velocidad maligna». Desde esta duda, en el futuro no espera, necesariamente, la inhumanidad de la máquina independiente que prescinde del huésped humano como en el imaginario autosatisfecho de Land; ni tampoco la utopía postcapitalista del post-trabajo.

Por el contrario, en el futuro palpita la incertidumbre. El saber del futuro solo al futuro pertenece. Solo a su debido momento se manifestará.

En su espera, más allá del tecnooptimismo, o las tecnofobias a la mano, es necesario posicionarse ante las formas de lo humano que se desea: o el humano engullido por la máquina inteligente autónoma, o el humano como tecno-humano, pero de modo que lo técnico que cada vez más se in-corpora sea medio para ampliar al sapiens en términos de bienestar, salud, e intensificación de sus sentidos. Estos dos caminos, a su vez, acusan que la naturaleza y destino del proceso técnico no es uno, como observa Yuk Hui, sino tecnodiverso, con la posibilidad de orientarse hacia diferentes horizontes cosmotécnicos.

Es irreversible la continuidad de la aceleración, y la transformación del humano en tecno-humano, proceso ya en curso, pero esto no demanda someterse a la celebración de un tecnocapital embriagado en su lujuria de poder corporativo, como un supuesto espíritu del tiempo que exige reconocer la insignificancia del sapiens. Por el contrario, la aceleración (del todo complejo técnico, lo que incluye la IA y la robótica) debe ser el desafío a la mejor regulación para que la tendencia mayor de la técnica sea el aumento del regocijo vital, y no solo una acrecentada fuerza de control y manipulación.

La vida y la historia no carecen de sentido. A pesar de toda la oscuridad, la sangre, asesinatos, crueldad y regresiones, el progreso, lentamente, se abre paso. Solo en la imaginación que goza con la distopia y los apocalipsis zombis, reina libre y salvaje la nada ácida que desintegra átomos, cerebros y todas las redes de seres y cosas. Por el contrario, la vida profunda no renuncia a más bienestar y conciencia.

Más allá de las utopías sobre el tecnofuturo acelerado, el futuro será estallada distopia y apocalipsis; o, lo más realista, nuevos niveles de lo mismo: conflicto social, economías de guerra, las diversas formas del poder corporativo, la ambivalencia de la IA, el cambio climático. Pero también un mayor conocimiento del tecnohumano que descubra, en cada ser y lugar, el respeto hacia la técnica compleja que sostiene toda la vida, la de los insectos, nuestros cuerpos glorificados en un cerebro, las máquinas inteligentes, y la ingeniería llena de inteligencia del universo inmenso, apabullante.

Notas

(1) El anarcocapitalismo postula la eliminación del Estado por considerarlo fuente de ineficiencia y coerción.  Promueve una sociedad sin Estado. La vida centrada entonces en la propiedad privada; en mercados libres generadores de bienes y servicios; en los derechos individuales y ejercicio de la libertad sin control por un poder centralizado.  El rol anterior del Estado es ahora gestionado por agencias privadas como empresas de seguridad, arbitraje y salud. Se diferencia del anarquismo tradicional, que busca la abolición del capitalismo y el Estado. El anarcocapitalismo, en cambio, defiende el capitalismo de mercado libre como sociedad sin Estado.

(2) Rothbard publicó un ensayo titulado Populismo de derecha donde defiende el populismo como estrategia política para una nueva derecha: «La estrategia adecuada de los libertarios y de los paleolibertarios es una estrategia del ‘populismo de derecha’, es decir: exponer y denunciar esta alianza profana, y exigir que nos liberen a nosotros: la clase media y trabajadora de esta alianza mediática”. La estrategia populista de derecha asigna a la «casta» el origen de todos los males.

(3) Thomas Carlyle (1795-1881) fue un filósofo, historiador, traductor, matemático, crítico social y ensayista escocés, catedrático y después rector de la Universidad de Edimburgo. En su obra Sobre héroes, adoración a los héroes y lo heroico en la historia (1841), afirma que el «Gran Hombre» y sus acciones son de gran gravitación histórica, de modo que «la historia del mundo no es más que la biografía de los grandes hombres». En su ensayo Discurso ocasional sobre la cuestión negra, defiende la reinstauración de la esclavitud en las Indias Occidentales. Julius Evola (1898-1974) filósofo y escritor italiano de extrema derecha. En su obra Revuelta contra el mundo moderno (1934) repudia la democracia moderna en favor de un orden jerárquico. Se lo conoce como un teórico de la conspiración neoantisemita, esotérico, tradicionalista radical, antiliberal, y como «el principal filósofo del movimiento neofascista europeo». Freidrich Hayek y Ludwig von Mises son figuras centrales de la escuela austríaca, y con Milton Friedman, figura clave de la Escuela de Chicago, comparten su adhesión al liberalismo económico, la economía de libre mercado, y la reducción al mínimo de la intervención del Estado en la economía.

(4) Cf. Deleuze y Guatarri (1972), El Anti-Edipo. Madrid: Paidos. El Anti Edipo es el primer volumen del trabajo colaborativo, Capitalismo y esquizofrenia, entre Deleuze, filósofo, y Guatari, psicoanalista. La segunda parte es Mil mesetas.

(5) “… en general, el sistema de protección de nuestros días es conservador, mientras que el sistema de libre comercio es destructivo. Este rompe con las viejas nacionalidades y empuja hasta un extremo el antagonismo entre proletariado y burguesía. En una palabra, el sistema de libre comercio acelera la revolución social. Es en este sentido revolucionario solamente, caballeros, que voto a favor del libre comercio”, Cf. Karl Marx, Discurso sobre el libre comercio de 1848.

(6) Synco o Cybersyn fue un proyecto de planificación económica en tiempo real, impulsado durante el gobierno de Salvador Allende Gossens, entre 1971 y 1973. Consistía en una red de máquinas de teletipo que, en tiempo real, comunicaba a las fábricas chilenas con un centro de cómputo en Santiago. Aquí un software de análisis bayesiano recibía información sobre la producción de las fábricas, mediante principios de la cibernética. El creador del sistema fue el cibernetista británico Stafford Beer, para quien la cibernética encuentra pautas comunes entre el funcionamiento complejo de los sistemas sociales (organizaciones), biológicos (organismos) y mecánicos (máquinas). En su aplicación a la gestión de gobierno el sistema permitía un rápido conocimiento de la producción y toma decisiones para enfrentar las crisis económicas. Un experimento de «ciber-socialismo», cimentado en un flujo de la información mediado por la tecnología avanzada, que Salvador Allende veía como el instrumento para una tercera vía, un «socialismo a la chilena», que toma distancia de la Unión Soviética o de Cuba. El proyecto no continuó por el derrocamiento de Salvador Allende en 1973.

(7) El «realismo capitalista» es un término popularizado por Mark Fisher en su libro homónimo. Se juega con una variación de “realismo socialista”. Aquí se afirma que el capitalismo es el único sistema político y económico viable o posible, lo que inhibe cualquier alternativa. Esta imposibilidad de pensar en futuros diferentes inocula la resignación a la mitigación de los efectos más negativos del capitalismo. Se erosiona así, también, la imaginación de lo alternativo. Todo es empresa, negocio. Se despolitiza la comprensión de enfermedades o angustias; sus causas siempre son individuales antes que efectos de coacciones o presiones del sistema social.

(8) Como parte de la ficción especulativa, Butler es autor de su novela utópica satírica Erewhon (1872), con su crítica a las costumbres de la sociedad victoriana, y una exploración de las máquinas que, de forma pionera, imagina como destinada a ser portadoras de una posible inteligencia artificial; J. G. Ballard incluye en su ficción especulativa lo psicológico, pero también lo catastrófico y lo distópico surrealista, la decadencia urbana, el deseo sexual y los automóviles como en Crash; William Gibson popularizó el término «ciberespacio» y creó el subgénero del ciberpunk obsesionado por un futuro distópico sostenido en  tecnología y corporaciones. Su novela Neuromancer (1984) es clave en este sentido. Contribuyó al género steampunk, subgénero de la ciencia ficción y la fantasía, cuya característica principal es combinar la tecnología industrial del siglo XIX, como la máquina de vapor, con la ciencia ficción o fantasía; así crea ucronías, mundos alternativos en los que la tecnología evoluciona por otros carriles, donde el vapor es superior a la electricidad, lo que deriva en nuevos tipos de aparatos ficticios y una estética retrofuturista.

(9) Cf. Georges Bataille, La Parte Maldita: Ensayo sobre Economía General (1949). Madrid: Icaria.

(10) Land apela a los Mitos de Cthulhu imaginado por Lovecraft, y su círculo, como una metáfora de la independencia aterradora del capitalismo. En esta asociación resuena el impacto en Land de los Antiguos, una especie alienígena avanzada, según los Mitos de Cthulhu, anteriores los humanos en la Tierra, descubiertos en la Antártida, y cuyo despertar encendería una era de terror puro.

(11) La escala de Kardashev es un método que mide el grado de evolución tecnológica de una civilización. Fue propuesto en 1964 por el astrofísico ruso Nikolái Kardashev.

(12) A fines del siglo XIX, en Rusia, surgió una corriente de pensamiento, «el cosmismo ruso». Inspirada en la obra La filosofía de la causa común de Nikolai Fiódorov (1829 – 1903), alentaba la prolongación de la vida, la inmortalidad, la conquista del espacio, la autosuperación, por medios científico-técnicos, por lo que se lo tiene como un precursor del transhumanismo. Fiódorov era el filósofo preferido del poeta futurista ruso Vladímir Mayakovski.

(13) Cf. Yuk Hui y la pregunta por la cosmotécnica (2020) Buenos Aires: Caja Negra. En una entrevista, Yuk Hui recuerda la obra de Joseph Needham, el sinólogo, historiador sinólogo y bioquímico que busca comprender el otro modo de entender la tecno-ciencia en China. “Lo que Needham dijo, y creo que es lo más importante, es que no es posible comparar, por ejemplo, dos tecnologías, la de Europa y la de China, suponiendo que son lo mismo… La razón por la cual China no desarrolló la tecnología científica moderna es porque tiene sistemas de conocimiento completamente diferentes. Estos sistemas de conocimiento tienen… maneras diferentes de concebir el mundo, de entender la materia. De acuerdo con el propio Needham, la pregunta por la modalidad de la ciencia y la tecnología modernas en Europa podemos asociarla a Descartes y, más recientemente, a Newton y así sucesivamente. Formas del mecanicismo que no se podían encontrar en China ni en la India”, en “Yuk Hui, «La cosmotécnica no es nacionalismo, no es fascismo, no es una identidad política», entrevista en Diario Perfil, Ciudad de Buenos Aires, el 17-10-2020.

Bibliografía

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– Srnicek, Nick, Williams, Alex (2015). Inventando el futuro, Poscapitalismo y un humano sin trabajo. Ciudad de Buenos Aires: Waldhuter Libros.

Lyotard, Jean-François (1990) Economía libidinal, Buenos Aires; Fondo de Cultura Económica.

Baudrillard, Jean (1980). Intercambio simbólico y muerte. Caracas: Monte Ávila Editores. Virilio, Paul, (2006). Velocidad y Política, Ciudad de Buenos Aires: Marca Editora.

Fischer, Mark (2020).  Realismo capitalista. Buenos Aires: Caja Negra.

  • “Terminator vs. Avatar: apuntes sobre aceleracionismo”, en Ciborgs, Zombies y Quimeras: la cibercultura y las cibervanguardias (2020). Barcelona: Holobionte Ediciones.

Land, Nick, Sed de aniquilación. Georges Bataille y Nihilismo Virulento (2021). Segovia: Materia Oscura.

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-Land, Nick (2022). La ilustración oscura Segovia: Materia Oscura.

-Land, Nick (2021). Teleoplexia. Aceleracionismo y horror Barcelona: Holobionte Ediciones.

Noys, Benjamín (2018). Velocidades malignas: Aceleracionismo y capitalismo. Segovia: Materia Oscura.

Mark Adreseen Manifiesto tecnooptimista (2013).

Kurtweil, Raymond (2025). La singularidad está más acerca. Bilbao: Deusto

Yuk Hui y la pregunta por la cosmotécnica (2020). Buenos Aires: Caja Negra.

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