Jesús Mosterín, filósofo de la verdad (*)

Por Avelino Muleiro García

Jesús Mosterín (1941-2017), un pensador plenamente consagrado a la cultura, antropólogo, filósofo y matemático, nativo de Bilbao, el País Vasco, de un espectro de valiosa amplitud en la que exploró desde la lógica, la matemática, hasta la filosofía de los animales o el pensamiento en India, China, el Oriente. Aquí un articulo de Avelino Muleiro García, que le dedicó a un libro de homenaje a Mosterín.  

Coincidiendo con el día mundial del libro, aparece en la editorial Planeta mi publicación: Jesús Mosterín, el filósofo de la verdad. Esta obra surge de una mezcla de afecto, admiración y respeto profundo por Jesús Mosterín, pero sobre todo es una denuncia de la deuda ética a su memoria. A casi una década de su muerte, sorprende el enorme vacío que dejó su ausencia y resulta incomprensible el mutismo de las instituciones y compañeros de profesión hacia uno de nuestros filósofos más brillantes de las últimas décadas. Es un silencio institucional que parece ignorar deliberadamente su enorme contribución intelectual, especialmente cuando se compara con el calado de su legado y el reconocimiento internacional que siempre despertó más allá de nuestros confines geográficos.

Jesús Mosterín no fue únicamente un referente académico en España, sino que su obra y sus ideas trascendieron fronteras, situándolo en el mapa internacional de la filosofía contemporánea como una voz singular, capaz de unir precisión analítica, amplitud cultural y valentía intelectual. Cultivó la lógica, la filosofía de la ciencia, la ética, la defensa de los animales y de la razón en un sentido amplio y comprometido.

Su claridad, su rigor intelectual y su vasta erudición eran tan solo una parte de su extraordinario talento. La capacidad para desentrañar la complejidad de los problemas filosóficos y presentarlos con una sencillez magistral era un regalo que pocos poseían.

Este libro es una deuda saldada desde la gratitud y la amistad. Es un homenaje al que se unen las voces de catedráticos, investigadores, familia y amigos que compartimos con Mosterín conversaciones, proyectos, debates e ideas.

Catedrático de la Universidad de Barcelona, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas -CSIC-, autor de libros tan importantes como Lógica de primer ordenLos lógicosLa cultura de la libertadLa naturaleza humanaEl reino de los animalesEl triunfo de la compasión, Los derechos de los animalesRacionalidad y acción humanaDiccionario de lógica y filosofía de la cienciaCiencia vivaDe la ética a la política: de la razón erótica a la razón inerteHistoria del pensamiento (El pensamiento arcaicoLa HéladeAristótelesHelenismoLos judíosLos cristianos, La India, China, El Islam). Sus artículos e intervenciones en los medios de comunicación no pasaban inadvertidos.

Filósofo de la verdad

Cuando le pregunté qué etiqueta prefería como filósofo, su respuesta fue muy simple y contundente: “filósofo de la verdad». Me consta que ha compartido esta respuesta con más personas de su círculo de amistades.

Su firme defensa de la racionalidad y la precisión en los conceptos ha hecho que su nombre se asocie con la claridad y la honestidad intelectual. Decía que si no podemos definir claramente de qué estamos hablando, no podemos aspirar a la verdad. Por eso, rechazaba el oscurantismo de las propuestas y la ambigüedad de los discursos que utilizan un lenguaje deliberadamente difícil para ocultar la falta de rigor, porque muchos de los grandes problemas de la filosofía desaparecen cuando se analizan con un lenguaje preciso.

“Ser racional consiste en intentar que nuestra representación del mundo sea verdadera” (Racionalidad y acción humana). La racionalidad es la actitud que nos lleva a analizar nuestros valores y a criticarlos y cambiarlos si encontramos inconsistencia entre ellos. La  elección racional es una poderosa fuerza que actúa sobre la evolución cultural, que cuando no se ve frenada por imposición o violencia acaba desembocando en progreso. Es incuestionable el hecho de que “el progreso de la sociedad depende de la asimilación de la racionalidad por parte de la población” (La cultura de la libertad).

Ser filósofo de la verdad significa intentar que nuestro mapa mental del universo sea lo más exacto posible, detallado y libre de errores. Y la mejor herramienta que tenemos para aproximarnos a la realidad es el método científico. En Ciencia viva explica por qué la ciencia es el único camino fiable hacia la verdad.

Frente al panorama filosófico, a menudo dominado por la metafísica abstracta o el posmodernismo, Mosterín defendió que la verdad no es un adorno, sino el objetivo último del conocimiento. Creía igualmente que la verdad no es solo una idea teórica, sino que tiene una vertiente profundamente práctica y ética; en ese sentido trasladó la ética a su defensa de los derechos de los animales y al ámbito de las religiones, argumentando que el respeto a las culturas tiene un límite: la verdad.

Su búsqueda de la verdad se basaba en la correspondencia entre nuestras teorías y los hechos observables.  En su libro Racionalidad y acción humana explica que la racionalidad teórica busca la verdad y la racionalidad práctica busca la felicidad y la eficacia

La trampa de la posverdad

Resulta evidente que el ideal de Mosterín -la verdad- choca contra la pared de la psicología humana en que se apoya la posverdad. Él no era un ingenuo; sabía que la racionalidad es una conquista frágil ante el secuestro de la razón por la emoción. Aceptar una verdad incómoda, a menudo significa ir en contra de nuestra tribu (política, social o religiosa). El miedo al aislamiento social es una emoción mucho más poderosa que el deseo de exactitud científica. La gran mayoría no busca la verdad, busca tener razón. Por eso insistía tanto en la educación y en el rigor de la racionalidad como disciplina pedagógica para imponerse en la sociedad y no ser manipulada. Advertía con frecuencia que cuando la emoción sustituye a la razón, caemos en el fanatismo. Y el fanático no quiere pruebas, quiere certezas subjetivas, apriorismos cognitivos, certidumbres blindadas o creencias frecuentemente derivadas de convicciones ideológicas, que calmen su ansiedad.

Homenaje coral

Mientras las instituciones fallan en un homenaje más que merecido, su círculo de amistades más cercano se ha propuesto preservar su legado. Las páginas de este libro son una polifonía de testimonios que alzan su voz coral celebrando un acto de lealtad intelectual. En ese coro también hay solistas, voces que interpretan facetas destacadas del perfil humano y vital del filósofo:

“Mosterín fue un hombre libre, imposible de encasillar en etiquetas académicas o de otro tipo; hizo siempre lo que quiso y lo que le apetecía intelectualmente sin buscar más gratificación que la de estar donde se encontraba a gusto. Nunca se dejó tentar por prebendas o cargos que pudieran desviarle de lo que de verdad le importaba” (Victoria Camps).

“El vacío dejado por Jesús Mosterín en las tribunas públicas no ha sido colmado. Desde su desaparición, la opinión tejida con los mimbres del pensamiento más exigente y con asideros bien trabados en el conocimiento científico se ha volatilizado por completo” (Adolf Tobeña).

“Mosterín era un filósofo acostumbrado a dejar las cosas muy claras desde el principio” (Camilo J. Cela Conde).

“Mosterín era una de esas personas con la que continuamente estás aprendiendo, y este aprendizaje te abre nuevos horizontes” (Ricardo Guerrero).

“Sus enseñanzas rezuman talento, claridad y compromiso. Con agilidad intelectual bien apertrechada rompió barreras sin encerrarse en ningún dogma. Su figura resplandece en nuestro país” (Javier Sádaba).

“Mosterín se esforzó por participar en lo que podríamos denominar “debate científico”. Y al hacerlo pensaba que no por ello abandonaba las tareas filosóficas” (José Manuel Sánhez Ron).

El libro aborda su obra de manera integral, desde la lógica matemática hasta la defensa de los animales, pasando por la biología, la ética, el lenguaje y la neurociencia, así como su faceta de profesor, editor, marido y padre. Gracias a la lógica, conseguía eliminar la confusión y la retórica vacía para abrir camino a una claridad absoluta. Fue el principal impulsor de la lógica matemática en España, revolucionando la docencia en la Universidad de Barcelona en una época en la que los planes de estudio nacionales permanecían anclados en la tradición de la silogística aristotélica. Con esa lógica intentó describir el mundo con el máximo rigor científico y, a la vez, con esa excepcional elegancia y sencillez que lo caracterizaban.

En su conjunto, el libro refleja el deseo de situar a Mosterín como un referente imprescindible de la filosofía contemporánea española, ofreciendo al lector una visión profunda y poliédrica de su pensamiento y su legado.

(*) Fuente: Avelino Muleiro García, «Jesús Mosterín, filósofo de la verdad», texto republicado desde Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo.

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