La Iglesia habla a las máquinas: Magnifica Humanitas y el desafío de seguir siendo humanos

Por Rafael Julivert Ramírez

La encíclica del Papa León XIV advierte sobre la necesidad de asumir la responsabilidad colectiva entre los países para fijar límites al uso de las herramientas de la vanguardia tecnológica.

La Iglesia habla a las máquinas: *Magnifica Humanitas* y el desafío de seguir siendo humanos, por Por Rafael Julivert Ramírez

Hay documentos que llegan tarde y documentos que llegan a tiempo.Magnifica Humanitas, la encíclica que León XIV firmó el 15 de mayo de 2026 y presentó públicamente el 25 de mayo a las 11:30 horas, llega exactamente en el momento en que el mundo necesitaba que alguien dijera en voz alta lo que muchos piensan en silencio: que la revolución de la inteligencia artificial no es un problema técnico, sino una crisis de civilización. Y que la humanidad, ante esa crisis, tiene que elegir.

Una imagen que vale más que mil algoritmos

El papa podría haber comenzado con estadísticas, con informes del MIT o con referencias a los modelos de lenguaje más avanzados. No lo hace. Abre con dos imágenes bíblicas que, leídas hoy, resultan perturbadoramente actuales.

La primera: la Torre de Babel. Un proyecto colosal, con una sola tecnología, una sola lengua, una sola dirección. Un poder que quiere tocar el cielo sin Dios, que aplana las diferencias en nombre de la eficiencia, que sacrifica la dignidad humana en el altar del rendimiento. ¿Les suena? León XIV no menciona a ninguna empresa concreta, pero la descripción encaja con la arquitectura mental de Silicon Valley como un guante.

La segunda imagen: Nehemías reconstruyendo los muros de Jerusalén. No un líder mesiánico que impone soluciones desde arriba, sino un hombre que ora, escucha, reparte responsabilidades, confía a cada familia un tramo de muro. Una obra colectiva, plural, orientada al bien de todos. La tecnología, dice el papa, puede construir Babel o puede reconstruir Jerusalén. La diferencia no está en los algoritmos; está en quién los diseña, para qué y con qué idea de ser humano en la cabeza.

Lo que la máquina nunca podrá hacer

El corazón intelectual de la encíclica es una distinción filosófica que ningún manual de ética tecnológica ha formulado con tanta precisión. León XIV no dice que la IA sea mala. Dice algo mucho más inquietante: que la IA no sabe lo que hace.

Los sistemas de inteligencia artificial, escribe el papa, «no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones». Pueden imitar el lenguaje del amor, reproducir los gestos de la empatía, simular la comprensión. Pero no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual donde el ser humano se vuelve sabio. Su aprendizaje no es el de quien se deja modelar por los errores, el perdón y la fidelidad; es una adaptación estadística a partir de datos, eficaz pero vacía de interioridad.

¿Las consecuencias prácticas? Devastadoras. Cuando confiamos a un algoritmo la decisión de quién merece un crédito, quién es contratado o quién es vigilado, no estamos simplemente automatizando un proceso: estamos delegando en una máquina sin conciencia moral la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas. Y lo hacemos convencidos, ingenuamente, de que la neutralidad técnica es garantía de justicia. León XIV desmonta esa ilusión con una frase lapidaria: la IA «no es moralmente neutra». Lleva consigo la visión del mundo de quienes la construyen. Y esos quienes, hoy, son muy pocos.

El poder que nadie eligió

Aquí está el nervio político del documento, y también su parte más valiente. En el pasado, los estados orientaban la innovación tecnológica. Hoy, los motores del cambio son actores privados transnacionales con recursos superiores a los de muchos gobiernos. Controlan los datos, las infraestructuras, los algoritmos y, de facto, las reglas del juego de la vida pública. Es un poder inédito, «predominantemente privado», difícil de gobernar y casi imposible de impugnar.

Frente a ese poder, León XIV no propone nostalgia ni luddismo. Propone algo más exigente: «desarmar la IA». La expresión es provocadora y deliberada. Desarmar no significa prohibir; significa sustraer la tecnología a la lógica de la competencia armamentística —económica, cognitiva, geopolítica—, hacerla discutible, transparente, habitable para todas las culturas humanas, no solo para las que tienen más dinero y más datos.

Trabajo, verdad y la guerra silenciosa

Los tres grandes capítulos centrales de la encíclica —sobre la verdad, el trabajo y la libertad— despliegan este diagnóstico en los territorios donde la crisis se hace carne. La desinformación no es un fenómeno espontáneo: es el síntoma de un ecosistema comunicativo colonizado por la lógica del clic y el beneficio. El desempleo tecnológico no es inevitable: es una elección política que hay que juzgar desde la dignidad del trabajador, no desde la eficiencia del sistema. Y las nuevas dependencias digitales no son accidentes: son el resultado de modelos de negocio que monetizan la atención humana como si fuera un recurso extractivo.

El quinto capítulo, sobre la guerra y el poder, tiene la valentía dePacem in terris. León XIV denuncia la «normalización de la guerra», la carrera armamentística potenciada por la IA y la erosión del multilateralismo. Son páginas que incomodan, y que por eso mismo hay que leer.

La apuesta más antigua del mundo

Magnifica Humanitasconcluye con elMagnificat. No es un final decorativo: es una declaración de principios. La humanidad magnífica que el papa quiere custodiar es la de María, que canta la justicia de Dios ante un mundo que la ignora. La del pobre que es levantado. La del límite que no es un defecto a corregir, sino el espacio donde nace la compasión, la creatividad y el amor.

En el año en que la inteligencia artificial promete hacernos ilimitados, León XIV hace la apuesta más antigua y más radical del mundo: que lo que nos hace grandes no es lo que podemos calcular, sino lo que somos capaces de amar.

(*) Fuente: Rafael Julivert Ramírez, «La Iglesia habla a las máquinas: *Magnifica Humanitas»,texto republicado desde Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo.

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