Conversación sobre la Odisea de Nolan: Julián Varsavsky-Esteban Ierardo
Publicada en Página 12, el 10 de agosto de 2026 (*)

El guion de La Odisea por Christopher Nolan no se aferra a la trama homérica con fidelidad: un clásico seguirá vivo en la medida en que cada época lo reescriba desde su subjetividad y el resultado siga interpelando los aspectos más hondos de la existencia: la relectura es el mejor homenaje de un autor a una obra cumbre. Es a través de las miradas contemporáneas que un poema heroico de hace 4700 años no muere ni se olvida. El director lo hizo con maestría. Y para diseccionar al nuevo Ulises El Odiseo, el filósofo graduado en la UBA Esteban Ierardo –profundo conocedor de la historia cultural y del mundo antiguo– analiza la película. Es escritor y profesor de “Principales corrientes del pensamiento contemporáneo” en las carreras de Ciencias de la Comunicación y en la de Sociología en UBA. Escribió libros de ensayos y ficción, y creó el sitio web “La mirada de Linceo” además de un canal cultural en YouTube que lleva su nombre. Ofrece cursos en Fundación Centro Psicoanalítico Argentino.
–En “Dialéctica del iluminismo”, Adorno y Horkheimer ven en Ulises a la figura fundacional del sujeto occidental moderno: sin abandonar la fuerza bruta, incorpora la astucia en pos de objetivos. Frena su primer impulso y piensa: debe doblegar a la naturaleza y los obstáculos que ponen los dioses. Deja atrás al sujeto sometido al capricho divino. Y pasa a ser autosuficiente: se atreve a doblegar designios sagrados mediante el cálculo y el ardid. Allí nace la razón instrumental en la literatura. Christopher Nolan se tomó licencias. ¿Cómo se interpretan esas decisiones sobre la relación entre Ulises y los dioses?
–En la variación de Nolan se pierde un poco el contraste derivado de la osadía de Ulises, quien vivía en un mundo dominado por los dioses, cuya presencia en la película queda reducida a una mínima potencia: están casi ausentes, salvo Atenea. En el texto escrito se ve más lo que significó la ruptura de Odiseo con lo divino. Porque era un viaje maldito, siempre bajo el castigo y la mirada divina encabezada por Zeus. Cuando Ulises decide atarse al mástil para no ser seducido por un canto, es un hombre que quiere preservarse y, a la vez, no obedecer el llamado de diosas como las sirenas que le están diciendo con dulzura irresistible: “ven a mí”. Esto simboliza el llamado al sometimiento del humano al mundo mítico y divino. Pero Odiseo se rebela contra ese orden. En la película ya vemos un mundo con débil presencia de los dioses. Esto habla del humano que empieza imponer su autonomía.

–¿La película subraya el actuar racional de Ulises en la medida en que borra a los dioses omnipresentes en el texto original?
–Absolutamente. En la libre variación de Nolan, Ulises mira el mundo de la aventura y del viaje no como un sujeto que pertenece a ese mundo griego de los dioses, sino desde la mirada del hombre moderno. Eso lo vemos en el remordimiento que le produce el recuerdo de las escenas de violencia que protagonizó durante la toma de Troya. Se siente culpable por el ardid del caballo de madera, por la muerte de los suyos y el saqueo a los troyanos. Esa actitud de culpa es la mirada de un hombre moderno. Detrás hay una crítica de Nolan al mundo de la guerra y del engaño instrumental para obtener un propósito, tanto del pasado como el presente. Y es una crítica al mismo Ulises quien, lógicamente, en el texto original carece de culpa. Así el director coloca al héroe de un mundo antiguo bajo su mirada de hombre moderno. El film cambia la perspectiva del narrador original por otra mucho más terrenal.

–El Ulises de Homero inaugura la terrenalidad racional que comenzó a alejarse de los dioses. Nolan lleva eso al extremo.
–Sí. Esta versión es una crítica, tanto a ese mundo dominado por la violencia, como al determinado por los dioses. Y no lo hace solo desde la mirada moderna. Cuando el guion nombra a “los pueblos del mar” –que no están en el poema— se refiere a culturas del Mediterráneo dedicadas al saqueo y la invasión: eran los bárbaros desde la perspectiva griega. Pero Nolan los coloca en otro lugar: cuando Ulises regresa a Ítaca tiene un diálogo furtivo con su esposa Penélope y le cuenta los crímenes que él y los suyos cometieron en Troya. Y Penélope deduce con culpa: “entonces, nosotros” los griegos –la cultura fundadora de la civilización occidental— “somos los pueblos del mar”. Esto es una crítica del director a lo moderno, desde lo antiguo: la supuesta civilización que fundó Occidente era, en el fondo, una cultura bárbara disfrazada, no consciente de su propio carácter. Esta es una crítica a la razón instrumental que se considera a sí misma superior al resto del mundo. Ulises sería –desde la mirada de Nolan– parte de ese triunfo de la civilización que, en el fondo, oculta la barbarie a partir del engaño y la astucia. Hay una crítica a la propia instrumentalidad que constituye al Occidente moderno, burgués y capitalista.
–Occidente comenzó a consolidar su predominio mundial con el colonialismo, a partir de una serie de ardides. Y estos fueron y son las tecnologías de guerra y de soft power que generaron el capitalismo, el cual sería la “civilización” a desperdigar por el resto del mundo –a la fuerza– allí donde reinaba la “barbarie” (o los “pueblos del mar”).
–Cuando Nolan iguala a la civilización griega con “los pueblos del mar”, responde a ese aspecto de la crítica moderna, que es una autocrítica del presente. Así la cultura occidental se autocritica a partir de un Ulises consciente de lo que significaron la violencia y el engaño.

–¿Hay un “blanqueamiento” de Ulises? ¿Es un héroe más noble y honrado de lo que era en el poema homérico? ¿Lo hizo más simpático al público? ¿Le suavizó la ambigüedad moral? ¿Se pierden matices?
–Cuando reconstruye el mundo antiguo, el artista está pensando en una obra dirigida al gran público y tiene que lidiar con la reducción del efecto de extrañeza. El mundo antiguo no es algo que simplemente ocurrió en un momento lejano, sino también en otra cosmovisión. Entre “lo antiguo” y “lo moderno” hay una extrañeza. Nolan busca reducirla, al procesar el texto a través de la mirada moderna: Ulises resulta más familiar y cercano. Pero la extrañeza de lo antiguo se mantiene a través de la música de Ludwig Göransson, a quien Nolan le instruyó no hacer arreglos orquestales clásicos: compuso una obra que remite más al mundo antiguo para generar extrañeza. Usa el aulos –antiguo instrumento de viento de doble caña– y la lira, que tiene 5200 años de antigüedad. Es una música experimental donde usan 35 gongs de bronce y sintetizadores.En cambio, esa extrañeza se pierde de forma consciente en la narración para hacerla familiar a un público. Por eso algunos le criticaron que presentara a Elena de Troya –hija de Zeus y esposa de Menelao– como una mujer negra. Otros sectores conservadores lo criticaron por elegir al actor Elliot Page para el papel de Sinón –el guerrero que engaña a los troyanos con el cuento del Caballo de Troya— quien en la vida real es un hombre trans que antes se llamaba Ellen Page.

–Elon Musk lanzó el tráiler de una versión de La Odisea que está haciendo con su IA, la cual tendría “fidelidad histórica” –aunque se trata de un mito– y se hablaría en griego homérico. ¿Algo así como una odisea más machista que restaure el orden conservador?
–Esto es parte de la mirada moderna trasladada a un mundo perdido. Lo que hace Musk, que critica la versión de Nolan, es ubicar a La Odisea en el centro de sus propias batallas culturales y de la derecha en Estados Unidos. Es curioso que la película genere una reacción así. Y que la tecnología de vanguardia sea un instrumento para eso. Si logra la sustitución del cine hecho por humanos mediante otro hecho por IA, será interesante ver cuál sería la reacción del público: yo tengo que creer que no va a aceptar un cine hecho solo de forma artificial. Pero uno no puede estar seguro. Si esto se aceptara, ahí sí, el cine estaría en un proceso de disolución. Yo quiero seguir viendo el cine hecho por humanos.
–Cuando el Ulises de Nolan regresa a casa hay flashbacks de cuando le cortaron la cabeza a una sacerdotisa en Troya: lo persiguen los recuerdos. Habla con Atenea, quien en verdad corporiza a la mujer decapitada, algo ajeno al poema homérico. Ahí se ve arrepentimiento en un Ulises atormentado: ya no es el guerrero heroico y glorioso. El director dijo que el final de La Odisea es muy misógino y le quitó el ahorcamiento de las esclavas infieles. En Homero la violencia no es un problema a superar, sino un talento a desarrollar. Los esencialistas reclamarán por estas “impurezas”, pero Nolan deja de alabar la violencia, acaso por primera vez en una obra ya milenaria.
–En el mundo antiguo, Ulises no sería culpable de la violencia y la astucia porque estaban legitimadas: eran parte de la lucha por el poder. Y si se obtenía la victoria, era por la voluntad de los dioses. Esta dimensión está suprimida en la variación de Nolan: los dioses no son relevantes sobre eso.
–Ulises regresó a casa, mató a los pretendientes de su esposa y ahí termina el libro. Pero Nolan lo hizo seguir viaje por mar con Penélope y otros. ¿A dónde va Ulises? ¿Se hizo adicto a partir? ¿Ya no se imagina en la paz del palacio? ¿Ya no podía sacarse de encima la aventura, sin sentirse muerto en vida? Eligió el viaje y a su familia a la vez. El regreso a Ítaca no fue la meta: aparece otra, incierta, más allá.
–En el Canto XI de La Odisea, el adivino Tiresias le advierte –cuando Ulises se acerca al Hades– que al llegar a Ítaca tendrá que hacer otro viaje para aplacar la furia de Poseidón (viaje que no se narra en la obra homérica). Pero en la versión de Nolan, el viaje que continúa se enmarca en la construcción moderna del personaje y en una reivindicación del poder del viaje y la aventura. Si Ulises al llegar a Ítaca se conformara con recuperar el trono y pasar al estado de inmovilidad en la reproducción del poder, su vida se convertiría en lo puramente instrumental: gobernar renunciando a la otra vida como aventura y viaje hacia el descubrimiento continuo de lo desconocido. Esa imagen final de la partida de Odiseo con Penélope hacia el nuevo horizonte en el mar es una reivindicación del viaje como el estado más puro y pleno de la existencia humana. No lo veo como una búsqueda adrenalínica de aventura, sino de un mundo más intenso, abierto a la novedad y que solo se le puede dar a quien vive en estado de errancia y nomadismo. Es un viaje acaso permanente que evita renunciar al descubrimiento, a través de una construcción existencial que mantiene encendida la vida, quitándole lo cotidiano y lo mecánico. Joyce hizo eso cuando interpretó La Odisea en su obra Ulises: relata un día en Dublín donde –a través de tres personajes modernos– se repiten de otra manera, las aventuras de La Odisea.
–Hay una relectura de la mujer, menos sexualizada. En el original, Circe y Calypso tuvieron sexo con Ulises y representaban lo carnal. Penélope era la esposa fiel que espera. En la película, Ulises la extraña como un romántico mirando el mar. Durante el viaje es retenido por esas dos semidiosas que representan la tentación: figuras dulcemente “peligrosas”, como las sirenas. Calypso –una ninfa hija de Atlas– le ofrece inmortalidad en una isla desierta. Pero Ulises elije el regreso a brazos de su amada: en la película el amor vence al sexo.
–En el poema homérico, la maga Circe recibe a Ulises y sus hombres en la isla convirtiéndolos en cerdos: era una maga seductora. Pero Nolan la desvincula de la cuestión erótica y eso le da más singularidad a lo ya de por sí distinto en la cultura femenina. Porque en la situación erótica, un poco la mujer se funde o puede ser dominada por el varón. En cambio, al desexualizarla, se destaca esa diferencia de lo femenino y de la maga que comprende lo invisible, más allá del cálculo brutal masculino que sólo entiende lo que se ve y lo que se puede calcular y controlar. Al deserotizar a Circe, Nolan pone más en perspectiva el valor autónomo y singular femenino, diferente a lo masculino. La inmortalidad pertenece solo a los dioses y Ulises renuncia a ella al dejar a Calypso: así reafirma su condición humana, dentro de la cual está la reivindicación de lo instrumental para vencer el llamado de las sirenas.
—El pensamiento occidental proviene del racionalismo griego cruzado con el judeo-cristianismo. ¿Hoy se sigue pensando tan plenamente a partir de esa instrumentalidad que devino en laica y científica con la Ilustración del siglo XVII? ¿Ulises nos sigue prefigurando? ¿O retrocede como fuente de pensamiento lógico?
–El Ulises original –aquel que introduce la estrategia, la instrumentalización de la razón y que libera al hombre de los dioses para que construya su propio mundo– continúa de otras formas. Sigue siendo parte de un núcleo duro de la cultura global, que es la búsqueda continua de un poder que se renueva con estrategias más sofisticadas y manejos instrumentales del cálculo de la razón. Esto es un proceso global porque participan los distintos los bloques geopolíticos del mundo. Todos buscan optimizar el poder y la potencia mediante el cálculo de lo instrumental.

–Y la maximización de la ganancia
–Exactamente: ese núcleo instrumental que busca maximizar resultados y ganancias sigue siendo un corazón palpitante muy activo de la cultura contemporánea. En este sentido, hay una continuidad subterránea entre aquel Ulises homérico y el mundo contemporáneo
–Estamos ante el género de “El viaje del héroe”. El ensayo El héroe de las mil caras –Joseph Campbell, 1949 — es “el manual de los guiones de Hollywood”. George Lucas lo usó en Star Wars. La Odisea es el viaje a lo desconocido: Colon y Magallanes; y el Viaje a la Luna. Y los viajes de Luke Skywalker en Star Wars y el de Neo a la Matrix; también El Señor de los Anillos e Indiana Jones. A veces James Bond –007– encaja en esto por su astucia. Pero Ulises no se ajusta al modelo del superhéroe con capacidades sobrehumanas: es un mortal vulnerable, sin fuerza descomunal, que sobrevive a los monstruos con inteligencia práctica. No son héroes odiseos Superman, Thor, Wonder Woman, Flash Gordon ni Aquaman.
–La cultura del superhéroe difundida por la principal usina cinematográfica global recupera de alguna manera a los dioses, a partir del propio ser humano divinizado, llevado a un plano superior que lo convierte en semidiós. Esto es parte de un proceso por el cual el ser humano nunca se libera totalmente de la mitología ni la teología: necesita que, dentro de su mundo, haya cosas que cumplan esa función de algo divino. Puede ser la cultura de los superhéroes o Maradona –“el más humano de los dioses”— a quien podemos ver como un héroe homérico que recurrió al ardid del gol con la mano. El ser humano necesita crear algo divino y esto podrá ser incluso la divinización de la IA. Creo que estas son ramas de esa necesidad de recuperar lo divino dentro de la cultura moderna. En El héroe de las mil caras, Campbell descubrió que en el mundo antiguo había un mono-mito primordial del héroe: este no representa la potencia física del que mata a los dragones y monstruos –prevaleciendo gracias a su potencia física– sino que su viaje tiene un significado espiritual más terrenal. Viaja para dejar la vida estrecha y segura a intramuros de su hogar. Y se va a otros mundos: viaja por el Mediterráneo como Ulises. Luego vuelve al punto de partida, a Ítaca. Pero el valor del viaje heroico es que permite concretar la potencialidad del héroe. El “viaje del héroe” es circular: va a combatir a Troya, hay 20 años de una guerra estancada que gana mediante un ardid y regresa. Pero al volver, el héroe ya es otro, es distinto. Y en los grandes viajes heroicos de los mitos que estudia Campbell, el viaje realiza esas vidas porque en el viajar se descubren las mayores potencialidades del personaje. No es un mero viajar hacia lo desconocido: se vuelve al punto de partida. Ulises regresa transformado. Y en el caso de Nolan, vuelve y ya no se contenta con la repetición de su rol como hombre del poder: ahora tiene esa avidez por continuar la aventura. Ulises se ha reinventado y realizado por la potencia del viaje circular. Entonces no encaja con el modelo superhéroe hollywoodense de capacidades sobrehumanas: él es un mortal que sobrevive a los monstruos solo con su inteligencia práctica. Los superhéroes se autoperciben como un equivalente terrenal de los dioses: son humanos autodivinizados, pero por sus propias facultades y no mediante poderes entregados por los dioses.

–Los humanos no vuelan y tampoco Ulises.
–Por eso no es un superhéroe con capacidades sobrehumanas. Odiseo optimiza las posibilidades de lo humano y las lleva a otro nivel. Así, el ser humano alcanza su mayor potencial, desarrollando sus capacidades para entender mejor las acciones racionales y continuar su viaje de manera exitosa.
–Batman es el superhéroe más “odiseo”: gana con estrategia, gadgets y planificación.
–Sí. Y a la vez, tanto Batman como Ulises son personas que –mediante ese tipo de maximización de potencialidades humanas llevadas a lo más alto– se divinizan. Pero solo en tanto humanos llevados a su dimensión más plena.
(*) Agradecimiento a Julián Varsavsky (escritor, periodista y viajero, autor de Japón desde un cápsula. Robótica, virtualidad y sexualidad, Adriana Hidalgo Editora, 2019), por propuesta de conversación sobre esta película que, más allá de las interpretaciones, despierta el interés por una de las grandes obras del legado cultural occidental.
