Por Jaime Nubiola

Una reflexión sobre el desprecio de lo que se ignora, a partir del recuerdo de un verso de Antonio Machado: «Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora».
Con alguna frecuencia me desconcierta escuchar a personas educadas y razonables comentarios que me parecen destemplados e injustos. Quizás esto ocurre, sobre todo, en épocas de efervescencia política como la presente. En esas ocasiones, suele acudir a mi memoria aquel verso de Antonio Machado en su «A orillas del Duero»: «Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora» (Campos de Castilla, 1912).
No deja de sorprenderme que la ignorancia lleve a despreciar o al menos a no valorar aquello que se desconoce o que se conoce de un modo muy superficial. Mi actitud habitual ha sido siempre la de una curiosidad infinita, persuadido de que de todos podemos aprender. Si alguien alaba un libro, una película o un autor, mi tendencia es más bien la de tomar nota para intentar leerlo o verla cuando me resulte posible.
La apertura a la novedad y la disposición a revisar nuestras convicciones ante nuevos datos son elementos clave para una amable convivencia en una democracia, pero además estas dos cualidades son indispensables para el investigador, para quien busca la verdad. El desprecio olímpico hacia lo que se desconoce muestra —me parece— una preocupante pobreza de espíritu.
(*) Fuente: Jaime Nubiola, «Despreciar lo que se ignora» republicado desde Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo.