La nueva élite del poder: cuando los algoritmos se sientan a la mesa de las naciones (*)

Por Rafael Julivert Ramírez

Una reciente reunión entre los lideres de las grandes potencias mundiales y los ejecutivos de la grandes empresas de Inteligencia artificial. Un signo de la importancia estratégica creciente de los acuerdos en cuanto al funcionamiento de la alta tecnología, y también las dudas respecto a un mal uso de IA que amenaza, desde dentro, a las democracias. Aquí un artículo en este sentido, de Rafael Julivert Ramírez, continuo observador de los efectos culturales del efecto IA.

EL 17 DE JUNIO DE 2026, en la ciudad de Évian-les-Bains, se capturó una imagen que definirá nuestra era: los líderes de las siete grandes potencias mundiales compartiendo mesa, de igual a igual, con once ejecutivos de las principales empresas de inteligencia artificial. Figuras como Sam Altman, de OpenAI; Dario Amodei, de Anthropic, y Demis Hassabis, de Google DeepMind, fueron tratadas con el mismo peso conversacional que los propios presidentes y primeros ministros. Este almuerzo inédito en la historia del G7 no es un mero logro diplomático; representa la coronación formal de una nueva élite del poder global y la confirmación de que la tecnología ya dicta la geopolítica.

Hace setenta años, el sociólogo C. Wright Mills acuñó el término «la élite del poder» para describir a las oscuras fuerzas corporativas, militares y políticas que dirigen el mundo. Hoy presenciamos un revelador relevo en esa cúspide. En esta cumbre del G7 brillaron por su ausencia los líderes de las grandes petroleras, los medios de comunicación o los jerarcas militares. Su lugar lo ocuparon los amos de la IA. Este hecho, simbólico y práctico, confirma una realidad ineludible: las decisiones más estructurantes para nuestras sociedades y libertades ya no se toman únicamente en los palacios gubernamentales, sino en las salas de juntas de Silicon Valley. Al invitarlos a la cumbre de forma oficial, estamos cediendo a corporaciones privadas un estatus que antes estaba reservado exclusivamente a los Estados nación.

Sin embargo, esta invitación no fue un simple acto de pleitesía hacia la innovación, sino una cruda maniobra de exclusión geopolítica. Durante el encuentro, los ejecutivos y los líderes del G7 acordaron una estrategia conjunta centrada en un objetivo común: mantener a China al margen de la tecnología más avanzada. El propósito es establecer un estricto control sobre los modelos de IA para evitar que caigan en manos de regímenes autoritarios. La IA ha dejado de ser vista solo como una herramienta comercial para convertirse en una ventaja armamentística y estratégica, en una carrera que el Gobierno estadounidense compara implícitamente con la crisis del satélite Sputnik durante la Guerra Fría. Hoy, el bloque occidental prioriza mantener su hegemonía por encima de la difusión abierta y global de la inteligencia artificial.

Pero, detrás de esta fachada de frente unido, subyace una profunda ansiedad europea por la soberanía tecnológica y el miedo a una total dependencia del software de Estados Unidos. Días antes de la cumbre, la Administración de Donald Trump invocó la «seguridad nacional» para prohibir a los ciudadanos extranjeros el acceso a los últimos modelos de Anthropic, conocidos como Mythos 5 y Fable 5. Esta decisión nacionalista, criticada abiertamente por el presidente francés, Emmanuel Macron, demostró a Europa su enorme vulnerabilidad. Dejó muy claro que, ante el menor riesgo percibido, Washington no dudará en desconectar a sus propios aliados de la infraestructura tecnológica. Por ello, la presencia en la mesa de Arthur Mensch, líder de la firma francesa Mistral AI, fue crucial para Europa: representa la esperanza del continente de forjar campeones propios que puedan competir en la industria y evitar que sus economías sean simples rehenes digitales.

Finalmente, el G7 planteó la imperiosa urgencia de regular esta tecnología para blindar a las democracias contra los ciberataques y el bioterrorismo, así como para proteger a las infancias en línea. Sin embargo, la ironía es palpable. Es sumamente peligroso intentar regular las amenazas a la democracia confiando el diseño de las reglas precisamente a quienes se benefician de esta industria. En la cumbre, fueron los propios directores de IA quienes propusieron formar un organismo de estándares técnicos y una coalición liderada por Estados Unidos, moldeando activamente la misma arquitectura regulatoria que debería controlarlos y evaluarlos. Mientras gran parte de la ciudadanía lidia con el ascenso del populismo y el autoritarismo, la desproporcionada influencia de estos líderes tecnológicos en los pasillos de los gobiernos pasa alarmantemente desapercibida.

El G7 de Évian-les-Bains marca un antes y un después: un «momento Évian» en el que la inteligencia artificial fue reconocida oficialmente como un pilar innegociable de la gobernanza mundial. Sin embargo, como sociedad civil, cabe preguntarnos: ¿es este el orden mundial que anhelamos? Si los gigantes tecnológicos ya se sientan a redactar las leyes en la mesa de los poderosos, el mayor riesgo no es solo que la IA caiga en manos de autócratas extranjeros, sino que, bajo la promesa de progreso y seguridad, termine por desmantelar nuestra propia soberanía democrática desde dentro.

(*) Fuente: Rafael Julivert Ramírez, La nueva élite del poder: cuando los algoritmos se sientan a la mesa de las naciones, texto republicado desde Masticadores, página nacida en Cataluña, que Jr Crivello dirige y con numerosos colaboradores en el mundo.

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