Dadaísmo, surrealismo y Bauhaus (incluye galería)

Las vanguardias artísticas del siglo XX son fundamentales como parte de la historia cultural de la modernidad. El Dadaísmo, el Surrealismo y la Bauhaus son tres de esos movimientos artísticos esenciales. En su cosmovisión se abren distintas perspectivas: un paradójico nihilismo creador, la exploración del inconsciente, y la unificación de las artes y el principio de que la forma es determinada por la función.

Aquíse presentan las principales características de cada movimiento, en una vidion de conjunto, y luego una galería.

1. Dadaísmo (1916 – 1924)

En medio de la Primera Guerra Mundial en Zúrich, Suiza, un grupo de jóvenes escapa de la guerra de trincheras y del alistamiento forzado. Buscan la paz y el arte, y crean el movimiento dadaísta como una protesta contra la irracionalidad bélica y contra las tradiciones e hipocresías de la sociedad burguesa. Su meta no es un nuevo paradigma de belleza, sino arremeter contra el concepto tradicional de arte. Dicha energía de confrontación nace de una voluntad rupturista y un activismo de vanguardia, ávida de quebrar las piernas de los hábitos artísticos heredados y de abrir nuevos horizontes.

Grandes animadores del dadaísmo son Hugo Ball, creador de los poemas fonéticos (solo hechos de la combinación de sonidos); Tristan Tzara, autor de manifiestos representativos del movimiento; y Marcel Duchamp, personaje inefable, el de los ready-mades: objetos utilitarios (una rueda de bicicleta, un portabotellas, un urinario) presentados como objetos de arte, o Kurt Schwitters, creador de las llamadas pinturas-objetos, realizadas con objetos al azar pegados sobre lienzos.

En el antiarte dadaísta es esencial el juego de la provocación, el inconformismo, la improvisación, lo absurdo, el caos, el azar, la audacia, el rechazo de la lógica y la razón, y la creatividad. Una de sus prácticas preferidas es escandalizar al buen público burgués en medio de la representación de una obra. El mencionado Duchamp, con su ready-made, elabora la técnica del «objeto encontrado«, consistente en sustraer un objeto cotidiano de su contexto y declararlo arte (esto lo hará luego también Andy Warhol en el contexto del arte pop de la posguerra).

Y la imaginación dadá agrega las técnicas del cadáver exquisito (cortar en trozos una hoja de diario, arrojarlos a un sombrero de galería para luego, azarosamente, sacar sus partes que compondrán un poema), la mencionada pintura de objetos, el fotomontaje y el collage aleatorio. Según la leyenda, el nombre dadá surge de abrir una enciclopedia y, al azar, detectar la palabra dadá, onomatopeya del bebé. El dadaísmo se empeña más en ser un corrosivo nihilista, una descomposición de la belleza tradicional y de la propia figura del artista. Su negativa a generar una belleza o arte alternativo conduce a su lenta, natural e inevitable disolución. La mirada surrealista será su sucesor.

2. Surrealismo (1924 – 1940s)

En el ocaso del dadaísmo asoma el amanecer surrealista. El médico psiquiatra y poeta André Breton primero se fascina y luego se decepciona, alternativamente, con los dadaístas. La pintura de Giorgio de Chirico y la influencia de Freud con su Interpretación de los sueños lo inspiran en su apertura a las posibilidades de la libre combinación de palabras e imágenes.

Así nace el surrealismo, en París, en 1924, con un primer manifiesto surrealista en el que Breton propone la exploración artística del inconsciente. Para esto crea la técnica de la escritura automática: el dejar que la mano sea guiada por lo inconsciente como testimonio del automatismo psíquico. Esta es una forma automática de escribir o pintar que deja que los contenidos creativos de la mente fluyan libres de la represión y el control de la razón, la moral o la estética.

El surrealismo pretende soñar con los ojos abiertos, introducir el sueño en la vida de vigilia, dinamitar los límites de la realidad cotidiana y abrir paso a lo surreal. Esto implica una realidad más amplia, libre y creativa, en la que los objetos y seres se combinan de formas que nunca lo harían en la vida corriente. Por eso, lo surreal produce un efecto de renovación creativa de las cosas, introduciendo la fantasía en lo cercano, casi siempre mediante un estilo figurativo. Las imágenes se combinan provocando asombro, perplejidad, simbolismos y descubrimientos.

Entre los grandes artistas del surrealismo se encuentran Dalí, Miró, Magritte y Max Ernst, Eleonora Carrigton, Remedios Varo. En su variante abstracta sobresale el chileno Roberto Matta, o el universo propio de Xul Solar.

Como vanguardia, el surrealismo siempre adhiere a la unificación de arte y vida, sustrayendo lo artístico de los museos, y a la idea de un quiebre político-revolucionario mediante la sinergia con la izquierda comunista soviética. Esto último no prospera, aunque Breton siempre cultiva un vínculo con León Trotsky en su exilio mexicano. Ambos escriben un manifiesto sobre los poderes transformadores del arte a nivel social. Dalí, en su última etapa, se acerca al misticismo y la ciencia. Además, Dalí, junto a Luis Buñuel, es autor de las dos míticas películas surrealistas: Un perro andaluz y La edad de oro.

3. Bauhaus (1919 – 1933)

Una notable fuerza artística que crea una clara estética moderna es la Bauhaus, la escuela de arquitectura, arte y diseño fundada por Walter Gropius en 1919 en Weimar, Alemania. El nombre de la institución surge de una poética inversión de la palabra alemana habitual para la edificación de viviendas, Hausbau, que significa literalmente «construcción de una casa». Al transformarlo en Bauhaus, Gropius no se refiere a una vivienda común, sino a un espacio colectivo y colaborativo. El término evocaba de manera directa a las Bauhütten, aquellos antiguos talleres o logias medievales donde constructores, artesanos, escultores y picapedreros conviven y trabajan en las obras de las grandes catedrales. A partir de esa mística, la Bauhaus genera modificaciones apreciables en el mundo real a través de la arquitectura y el diseño, logrando un impacto profundo tanto en el tejido social como en la producción industrial de la época.

La trayectoria de esta revolución estética discurre en tres etapas históricas bien diferenciadas por sus sedes y directores. La escuela nace en Weimar, como ya observamos. Entre 1919 y 1925, es dirigida por Gropius. Esta es una fase idealista y artesanal con la marcada influencia del expresionismo. Se crea el Vorkurs o curso preliminar y se organiza la escuela a la manera de un gremio medieval con el fin de unir arte y trabajo manual. Además de la edad media, esto recuerda a William Morris en la Inglaterra del siglo XIX.

En una segunda etapa, la escuela crece y se traslada a Dessau, periodo que abarca de 1925 a 1932 y que representa su fase industrial. Instalada en su famoso edificio vanguardista, la escuela se orienta ahora hacia el diseño funcional con ánimos de la producción masiva. En estos años, Gropius delega la conducción en 1928 al arquitecto Hannes Meyer, quien alienta una arquitectura con el imperativo de desatender al lujo para privilegiar las necesidades del pueblo. El ascenso del nazismo trae sus sombras perturbadoras. La última mudanza de la Bauhaus es a Berlín entre 1932 y 1933. Bajo el liderazgo de Ludwig Mies van der Rohe, en esta última fase, la escuela se reorganiza como escuela privada en una fábrica abandonada, y se eliminan los talleres. El esfuerzo creativo es ahora en arquitectura pura. La amenaza nazi ya es demasiado próxima e inquietante. La escuela cierra de forma definitiva en 1933.

La Bauhaus reúne a mentes brillantes del arte de vanguardia europeo, organizados bajo el título de «maestros» de taller. Participan de la escuela, el gran pintor expresionista Wassily Kandinsky, pionero de la abstracción lírica; Paul Klee, y su estilo entre lo figurativo y la pureza geométrica; Johannes Itten es creador del curso preliminar, y László Moholy-Nagy introduce el constructivismo, la fotografía, la tipografía y el diseño industrial. En el diseño de muebles e interiores sobresale Marcel Breuer, y se dan muchas otros logros en el uso innovador de los materiales y el diseño de objetos de la vida corriente, como la icónica silla Wassily de tubo de acero (ver galería, al final).

La filosofía fundamental de la Bauhaus se resume en dos grandes búsquedas conceptuales: la unificación de las artes y el principio de que la forma sigue a la función. Sobre lo primero, Gropius planteaba que el fin último de toda actividad creativa es la edificación moderna. En esta «casa de la construcción», las Bellas Artes como la pintura y la escultura, la arquitectura, se funden con el trabajo manual de los artesanos bajo el techo unificador de la arquitectura. De este modo, los talleres de madera, metal, cerámica y textiles interactúan en el proceso creativo moderno. Esta unión de arte y artesanía abraza una estética minimalista y geométrica de líneas limpias, que se atiene a formas esenciales como el círculo, el cuadrado y el triángulo, articuladas mediante los colores primarios. Los objetos así diseñados aspiran a una producción masiva en beneficio de la población general, mediante materiales modernos como el acero tubular, el vidrio y el hormigón. Complementando esta visión, el principio de que la forma sigue a la función estipula que el diseño de cualquier edificio u objeto debía circunscribirse estrictamente a su utilidad y finalidad práctica, eliminando de manera radical todo adorno accesorio o innecesario.

E.I

GALERÍA DADAÍSMO, SURREALISMO Y BAUHAUS

DADAÍSMO

Fuente (1917) de Marcel Duchamp: Un urinario de porcelana firmado con el seudónimo «R. Mutt». Es el readymade (objeto encontrado y recontextualizado) más famoso de la historia:

Rueda de bicicleta (1913) de Marcel Duchamp: Una rueda de bicicleta montada sobre un taburete de madera. Representa el primer readymade del artista:

L.H.O.O.Q. (1919) de Marcel Duchamp: Una reproducción de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci a la que Duchamp le pintó bigote y barba. Es una burla directa a los iconos sagrados del arte clásico:

Corte con el cuchillo de cocina dadá (Cut with the Kitchen Knife, 1919-1920) de Hannah Höch: Un monumental fotomontaje que mezcla recortes de periódicos, políticos, maquinaria y figuras del movimiento Dadá. Critica la sociedad alemana de la época de posguerra:

Karawane (1916) de Hugo Ball: Un poema fonético compuesto de sonidos ininteligibles sin significado literal. Fue interpretado por su autor en el Cabaret Voltaire de Zúrich vistiendo un traje cartón cúbico:

SURREALISMO

Un canto de amor, de Giorgio de Chirico (1914), Obra de gran influencia en Breton en la génesis del surrealismo, por su combinación de objetos heterogéneos en un espacio común:

La persistencia de la memoria (1931) de Salvador Dalí: Muestra los famosos relojes blandos o derretidos sobre un paisaje árido, simbolizando la relatividad y la fragilidad del tiempo:

El hijo del hombre (1964) de René Magritte: Un retrato enigmático de un hombre con sombrero de hongo cuyo rostro está tapado casi por completo por una manzana flotante, lo que cuestiona lo que vemos y lo oculto:

La Fortune, de May Ray (1938), pintor, fotógrafo, con antecedentes en el dadaísmo. Una mesa de billar se se eleva hacia un cielo de nubes multicolores.

Cifras y constelaciones en amor con una mujer (1941) de Joan Miró: Una obra llena de formas abstractas, líneas y pequeños símbolos flotando sobre un fondo sutil que evoca el universo de los sueños y la poesía lírica:

Las dos Fridas (1939) de Frida Kahlo: Aunque la artista no se consideraba estrictamente surrealista según Breton, esta pieza doble refleja con profundo simbolismo dolor, identidad y el subconsciente:

Detalle Las distracciones de Dagberto de Eleonora Carrigton:

Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929) de Luis Buñuel y Salvador Dalí: Un cortometraje clave que rechaza cualquier argumento racional y encadena imágenes oníricas y chocantes destinadas a perturbar al espectador

BAUHAUS

Edificio de la Bauhaus en Dessau (1925–1926) de Walter Gropius: La obra cumbre de la escuela. Destaca por su estructura geométrica, el uso del hormigón armado, sus famosos ventanales de muro cortina de vidrio y las letras verticales de su fachada:

Pabellón Alemán de Barcelona (1929) de Ludwig Mies van der Rohe: Creado para la Exposición Internacional, es un manifiesto de la arquitectura minimalista. Introduce plantas libres y fluidas utilizando mármol, vidrio, acero y el famoso concepto de «menos es más»:

La Casas de los Maestros (1925–1926) de Walter Gropius: Complejo de viviendas en Dessau diseñado para que profesores como Paul Klee o Vasili Kandinski vivieran y trabajaran. Destacan por su funcionalidad, luz natural y división cúbica del espacio:

Iconos del Diseño Industrial:

Silla Wassily (1925) de Marcel Breuer: Originalmente conocida como el modelo B3, fue la primera silla de uso doméstico fabricada con tubos de acero doblados (inspirados en el manubrio de una bicicleta) y lona tensada:

Lámpara de mesa MT8 / WG24 (1924) de Wilhelm Wagenfeld y Carl Jakob Jucker: Conocida directamente como la «Lámpara Bauhaus», resume la visión de la escuela al combinar una base circular de metal, un eje de vidrio transparente y una pantalla opalina para lograr una máxima eficiencia lumínica:

Silla Barcelona (1929) de Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich: Diseñada específicamente para el pabellón de la exposición, combina una elegante estructura de acero cromado en forma de «X» con cojines de cuero abotonados:

Cuna Bauhaus (1922) de Peter Keler: Diseñada para la primera exposición de la escuela, utiliza formas geométricas primarias (triángulos y círculos) combinadas con los colores azul, amarillo y rojo de la teoría del color de Kandinsky:

Silla Cesca (o Modelo B32), diseñada por Marcel Breuer en 1928. Esta silla revolucionó la historia del mobiliario al utilizar una estructura de acero tubular curvado en voladizo (cantilever) combinada con un asiento de paja de Viena o esterilla:

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