La moda como arte entre el Neoclasicismo y el Romanticismo

Por Johanna Luz González

El arte de la moda en el siglo XIX, Marcel-Antoine Verdier, Mary Matthews, Madame de La Chere (1843) (Wikimedia Commons)

» La moda, según Gilles Lipovetsky, se define como una búsqueda frenética de la novedad, y una forma de venerar el presente», afirma Johanna Luz González en este artículo sobre el arte de la moda en relación con los gustos y formas de pensamiento de los estilos neoclásico y romántico.

El neoclasicismo, en el siglo XVIII, se rige por la búsqueda del equilibrio y la armonía. En su variante del diseño de la indumentaria se inspira en modelos clásicos grecorromanos. La pintura romántica rebosa emoción, intensidad cromática, un lenguaje de las pasiones a través de los colores. En su dimensión artística por la vestimenta, el romanticismo genera la figura del costurero o modisto, como artista de la moda, cuya figura emblemática es Charles Frederick Worth.

La moda como arte entre el Neoclasicismo y el Romanticismo, por Johanna Luz González (*)

El artículo se fundamenta en relacionar los movimientos artísticos del siglo XVIII y XIX, el Neoclasicismo y el Romanticismo, con un arte que se estaba constituyendo como tal, la moda. La moda, según Gilles Lipovetsky, se define como una búsqueda frenética de la novedad, y una forma de venerar el presente. Además, la moda expresa una identidad individual y colectiva de acuerdo al contexto que lo rodea, tanto político, económico como también artístico. Es por eso, que se busca ver cómo tales movimientos artísticos incidieron en un arte fundamental que ni más ni menos, expresaba y significaba los cuerpos en las calles de aquellos tiempos modernos y revolucionarios.

El neoclasicismo, movimiento artístico y literario, surge en el siglo XVIII y se extiende hasta el siglo XIX. Adquiere su máxima expresión en Francia, principalmente asumida por la burguesía en su lucha por tomar el poder, y después en Roma, a donde llegarán jóvenes artistas, expertos y coleccionistas para formar su gusto. Contemporáneo a la ilustración, su arte deviene en una renovación del arte moderno con una combinación entre el culto a la razón, que sitúa en segundo plano a las emociones, como una recuperación del modelo artístico clásico grecorromano de la antigüedad. En el arte neoclásico, la forma se define por líneas claras y precisas, y la composición se caracteriza por la armonía, el equilibrio y la simetría. Hay una búsqueda de perfección clásica y la racionalidad predomina por sobre lo emocional, que refleja el espíritu de la Ilustración y la admiración por la cultura y las artes de la antigua Grecia y Roma.

Los lictores llevan a Bruto los cuerpos de sus hijos, de Jacques-Louis David (1789)

En paralelo, había una trasposición del arte neoclásico en un proceso que estaba constituyendo a la moda como expresión artística, así, el arte neoclásico se reflejaba también en piezas de indumentaria. Tal como en las piezas artísticas, con Jacques-Louis David como principal exponente, la indumentaria se inspiró en modelos clásicos grecorromanos. En moda femenina se llevó el vestido camisa (o vestido Imperio), unos vestidos rectos de muselina o algodón blancos que ya habían sido popularizados por la reina María Antonieta en Versalles. Se llevaban con la cintura alta y con el cuello redondo o cruzado, así como lazos o bordados de punto griego bajo el busto. Los vestidos de día tenían las mangas largas, mientras que los de noche las tenían cortas y se complementaban con guantes largos, también blancos. Para abrigarse se usaban mantones de cachemira o boleros con cierres de pasamanería. También fue popular la chaqueta Spencer, inicialmente masculina pero adoptada luego por las mujeres. En el calzado, se llevaban sandalias tipo gladiador o souliers, unos zapatos salón de punta redonda y tacón bajo. Como estos vestidos no permitían bolsillos, empezaron a llevarse un tipo de bolsos pequeños con cordones, llamados ridículos, balantines o indispensables, unos precursores del bolso moderno. Los peinados eran de inspiración griega, con un moño alto y pequeños rizos sobre la frente, complementados con tiaras de piedras preciosas.

Ejemplo de chaqueta Spencer y vestido camisa, Francia (1815)

Las campañas napoleónicas difundieron la moda francesa por toda Europa, con diversas peculiaridades, como la moda egipcia, que se difundió tras la campaña en Egipto de Napoleón. El modista más relevante de la era napoleónica fue Louis Hippolyte Leroy, fundador de la Casa

Leroy (establecimiento de moda de París), que fue el principal proveedor de la emperatriz Josefina, esposa de Napoleón Bonaparte. Popularizó el color rosa, incorporó al vestido Imperio un escote balcón e inventó las mangas abombadas.

Retrato de la Emperatriz Josefina, por Barón François Gérard (1770 -1837)

Luego del estallido de la Revolución Francesa viene la restauración borbónica con la caída de Napoleón Bonaparte. Pero la causa republicana ganó de nuevo las calles en la Revolución de 1830. Allí, Eugenio Delacroix pinta La libertad conduciendo al pueblo (1830), una de las máximas obras románticas. En el cuadro de Delacroix no prevalecen las líneas estáticas, pulcras, los planos de la académica perspectiva de David. Ahora es la torsión, el arremolinamiento, el dinamismo. El color que pinta volúmenes. Es la expresión romántica, el neoclasicismo pierde su esplendor.

La libertad conduciendo al pueblo de Eugenio Delacroix (1830)

El arte romántico, en contraste con el neoclásico, valoraba la imaginación sobre la razón, lo individual sobre lo universal, y la emoción sobre la racionalidad. Los artistas románticos buscaban expresar el alma humana , explorando temas como la naturaleza, lo sobrenatural y lo misterioso, así como los sentimientos y pasiones más profundos del ser humano. La pintura romántica ayuda a modelar la subjetividad moderna, el valor del sujeto humano como digno creador. Por ello, no es casualidad que una de las figuras que toma importancia es la del costurero, pero ya no como oficio, sino como artista, como figura creadora de piezas de arte. En esa línea es que surge la Haute Couture, una costura superior, un arte superior. El costurero es ahora un artista de la moda.

La figura emblemática que elevó el oficio del “modisto” en aquel entonces y transformó este arte doméstico en una industria internacional, es Charles Frederick Worth. Considerado Padre de la Alta Costura, nacido en Inglaterra, posteriormente vivió en París, dedicándose a confeccionar vestidos, hasta que abrió su propio departamento de los mismos. Sus vestidos comenzaron a llamarle la atención al mundo de la realeza, como a emperatrices o a la Reina Victoria, ofreciendo telas lujosas y encargándose de cada detalle, confeccionando piezas únicas. Además, propuso un nuevo cambio en la comercialización de la alta costura. Anteriormente, los modistos eran quienes iban a las casas de sus clientas a tomarles las medidas para los vestidos. Él logró una clientela fiel, que asistía a la casa de la firma, todos en busca de un vestido único de Worth. También, gracias a él surgieron las modelos: Charles hacía mostrar sus creaciones a las clientas con otras mujeres, de siluetas semejantes a las de sus seguidoras, para que desfilaran y pudiera venderles. La visión de este artista marcó un cambio en la forma de consumir la moda y estas primeras modelos fueron llamadas “les petites files modéles”. Además, con una gran visión de futuro, fue el primer diseñador en firmar cada uno de sus vestidos con su nombre, tal como un pintor firma su obra.

Retrato de Charles Frederick Worth

Pero, deteniéndome en las particularidades de las prendas como expresión del movimiento romántico, se puede destacar que una de las características principales de la moda en este periodo histórico fue el cambio en los estilos marcados por el código de vestimenta según la ocasión, lo que hoy conocemos como etiqueta y protocolo. Todo ello, motivado por la proliferación del teatro, bailes y espectáculos junto a la introducción de una moda internacional que se conocía gracias a la imagen de las revistas de moda. Todo esto supuso también un punto de inflexión, junto la creación del cliente de la Alta Costura.

Las nuevas modas para mayo de 1829, vestidos de mañana y noche, ilustración de World of Fashion (1829)

El momento en el que se considera el primer estilo romántico es a partir del año 1822, cuando se moldea el contorno del cuerpo femenino con la reaparición del corsé y la crinolina, una estructura con aros de metal o de ballena. Ambas se utilizaban como prendas interiores con el objetivo de acampanar la parte inferior del cuerpo para conseguir vuelo en las faldas de los vestidos potenciando el busto y la cintura para crear una figura esbelta junto a los hombros destapados y caídos con el ensanchamiento de las mangas. La introducción de estos elementos supuso una revolución textil que también llevó consigo la ampliación de tejidos, colores y texturas.

Es así, entonces, como movimientos artísticos que se influyeron por los cambios socioculturales del momento se reflejan en la indumentaria y en la constitución de la moda como un arte más, digno de estudio y de revisión histórica.

Otro ejemplo del arte de la moda en el romanticismo: Catherine Worlée, Princesa de Talleyrand-Périgord, François Gérard, 1804-05, óleo sobre tela (Wikimedia Commons).

(*) Este texto de Johanna Luz González fue realizado en el contexto de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo en la Universidad de Buenos Aires, en junio de 2024.

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