Xul, un documental artístico sobre un gran artista

Por Esteban Ierardo

Barreras melódicas (1948), obra de Xul Solar, a quien Cristián Constantini dedica el documental «Xul»

Xul, un reciente documental artístico sobre el artista argentino y universal Xul Solar, de Cristián Constantini.

En alguna noche de Buenos Aires, por los años 30′, un soñador contempla el cielo y luego pinta símbolos. Piensa por imágenes. Realiza horóscopos, sospecha hilos dorados que conectan mundos invisibles con la tierra pesada. Lee a William Blake o al místico sueco Swedenborg. Cuida libros escogidos en su biblioteca de miradas metafísicas. Conversa con Borges. Inventa pianos y un juego de ajedrez peculiar. Imagina neo y panlenguas.

Es Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari (1887-1963), Xul Solar, quien vive en el borde de lo absoluto. Viaja por el mundo. Conoce a Rudolf Steiner, el padre de la antroposofía, y Aleister Croley, el célebre ocultista que formó parte de la orden de la Golden Dawn. Se casa, vive en la calle Laprida, en la gran ciudad entre la Pampa y un ancho río. Gusta llamarse “catrólico”: “católico y astrológico”. Lo embriaga la astrología, el esoterismo, el arte, lo que esconde el viento. Muere en el Tigre, y no puede imaginar que en el siglo que continúa al de su aventura, por el arte del cine, renacería en las imágenes de un documental tan artístico como sus huellas. Xul, del cineasta argentino Cristian Constantini (1), hace revivir el universo encantado de Xul Solar.

Con un ritmo pausado y meditado, el documental integra consultas a especialistas que estudiaron la obra del místico argentino y universal. Las consultas se suceden a Martha Caprotti, amiga de Xul y de su esposa Lita Cardenas; Jorge Schwartz y Patricia Artundo, esta última fue durante años la responsable del archivo que está en el Museo Xul Solar; Luis Felipe “Yuyo” Noé, el famoso pintor que integró el movimiento «Nueva Generación»; la astróloga Alejandra Polich, directora del Centro Astrológico Buenos Aires; Daniel Nelson, un estadunidense que comenta su método para traducir el neocriollo, idioma creado por Xul. En esa lengua Xul escribió su libro póstumo Los San Signos, con sus visiones de los hexagramas del I Ching.

Y también el círculo de los entrevistados se expande a Rafael Cippolini, crítico de arte, investigador y difusor de la obra de Xul Solar; Cintia Cristiá, musicóloga e investigadora, autora del libro Xul Solar, un músico visual. La música en su vida y obra; y Marco Naya, afinador de pianos de gran trayectoria internacional que participa en la intervención del piano de colores de tres teclados inventado por Xul junto a Leo Genovese, músico argentino, compositor de la música original del documental, quien al final toca ese cautivador instrumento.

Felipe Noé, en particular, a principios de los sesenta rescató el genio de Xul cuando era ignorado por la crítica y los artistas. Noé destaca que, en vida, Xul no fue acariciado por el reconocimiento del que goza actualmente.

Felipe Yuyo Noé en el documental Xul

En el documental comentado, entre el devenir de las imágenes y el aporte de los entendidos, gradualmente, el mundo de Xul renace ante el espectador que, sin saberlo, es transportado a un horizonte de sensibilidad muy alejado de nuestro vértigo y superficialidad contemporánea. La cámara nos hace ingresar en el hoy museo que exhibe muchas de las obras de Xul, lo mismo que a su biblioteca.

Lo que es su museo, en Laprida 1212 de la Ciudad de Buenos Aires, fue originalmente el domicilio de Xul, en cuyo primer piso aún se conservan los libros de su biblioteca junto a una abertura por la que contemplaba las estrellas, cerca de un esqueleto y unos sillones en los que se sentaron Xul y Borges. El autor de Ficciones solía visitarlo; la amistad con Borges fue fundamental no solo como compañía espiritual, sino como difusor de su legado. Borges recordaba a Xul Solar como pintor. “Me dijo que era un pintor realista, que pintaba lo real, no lo real de este mundo sino del otro”. Varias veces en el documental se recuerda la celebración borgiana de Xul, quien ilustró algunas obras de Borges. Sobre el momneto final del artisita, dijo que entró a la muerte «como a una batalla».

En la biblioteca, Borges y Xul hablaban de alta poesía, de los poderes de la fantasía, la alquimia, la astrología o Goethe. Un incendio quemó alrededor de dos mil libros, alguno de los cuales se preservan con los rastros de las lenguas de fuego.

En el relato visual y narrado en el que renace Xul, a veces se acercan en un primer plano algunas de sus pinturas, en las que predominan los vivos colores, las figuras de seres con grandes ojos, escaleras, muchas escaleras, una ciudad que se eleva, árboles seferóticos o banderas y serpientes que evocan lo prehispánico y los países americanos. El universo pictórico de Xul combina símbolos precolombinos, egipcios y orientales. Sus pinturas observan alguna similitud con los expresionistas Kandisnky y Klee, también interesados en las tramas invisibles que se hacen visibles por juegos de colores y líneas. La preferencia de Xul por combinar figuras diversas y su atmósfera onírica se aproxima al movimiento surrealista.

La pintura es central en Xul al tiempo que se entregaba a muchas otras actividades creativas. Por eso, Cristián Constantini observa: «el “personaje” Xul inventor de lenguas, astrólogo, místico, a veces atrae más y el pintor queda relegado. Sumado a eso que dice Yuyo Noé, “amigo de Borges”. Quizás toda esa dispersión hizo que en vida no sea suficientemente reconocido, en realidad bastante poco». Y esto es parte también del magnetismo de Xul, por lo que Cristián continúa: «hay algo de encantamiento con esta figura, con este artista, que no se termina y que probablemente me acompañe siempre. Sobre todo su visión lúdica del arte y del mundo, eso de estar permanentemente recreando y reinventando todo».

Dentro del museo late el piano modificado por Xul, de colores y tres teclados, lo cual recuerda al místico músico ruso Aleksandr Skriabin, y su clavier à lumières («teclado con luces»), que junto a las notas musicales proyectaba luces de colores. En el documental se testimonia el renacer del instrumento del especial teclado. Sus teclas despiertan, vuelven a sonar gracias a la intervención del ya mencionado León Genovese, creador de la banda sonora de la película. Por la música, las imágenes mejor abren las puertas hacia el reverso de las cosas que percibió Xul.

El piano de tres teclados de colores en el Museo Xul Solar
El músico León Genovese «despertando» el piano inventado por Xul Solar en el final del documental

El arte no es solo crear belleza, sembrar armonías, sino devolver al mundo sus resonancias secretas. Como para otros artistas de su especie, para Xul lo invisible no es lo abstracto y lejano, sino la realidad de los colores y símbolos que hacen de la realidad no un mecanismo muerto, sino un viviente organismo mágico. En su arte, la pintura, la música o la poesía merodean una vida exuberante.

Para el artista Xul lo extraordinario está en todas partes: en la ciudad, o en los cursos de agua y vegetación. En Xul de Cristián Constantini, la imagen se expande hacia su último hogar en este mundo, una casa que llamaba Li-Tao, sobre el río Luján, en el delta del Tigre, hoy museo.

El juego de la cámara entra en comunión con los árboles del lugar que, además de susurrar algún secreto a las próximas aguas, también le revelaron quizá algo al artista el día de su partida. Pero no definitiva, porque Xul ahora renace

EL DOCUMENTAL XUL SE ESTÁ PROYECTANDO ACTUALMENTE, LOS SÁBADOS DE OCTUBRE 18HS EN EL MALBA.

Los arboles que susurran algo secreto cerca de la casa de Xul en el Tigre.
La casa de Xul sobre el río Luján en el Tigre, hoy museo.

(1): Cristián Costantini (1979, Buenos Aires, Argentina). Co-dirigió los documentales Oro nestas piedras, El jardín secreto y No va llegar.

izquierda, Xul Solar; centro afiche documental Xul; izquierda, su realizador Cristián Constantini.

En esta página, también pueden visitar:

Xul Solar: el artista visionario, amigo de Jorge Luis Borges

Y en Diario Perfil:

Xul Solar: un visionario en Buenos Aires

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