Por Esteban Ierardo

Esta año se cumplen tres siglos del nacimiento de uno de los pensadores centrales en la historia de Occidente. Aún hoy, sus postulados son enarbolados y difundidos a escala planetaria; su huella es diversa e innegable; su influencia en el pensamiento moderno, incalculable. Porque el legado kantiano, como la luz del sol en su cenit, se derrama en una red contemporánea de disciplinas, como en la lingüística, la psicología, la filosofía de la mente, la física o la ética, e incluso un pensamiento universalista y utópico. La fuerza del pensar kantiano se mantiene intacta.
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