
Lin Zexu llega hasta el puerto de Cantón. Antes, propuso al emperador Guangzhou de la dinastía Quing una acción clara y contundente: destruir toneladas de opio, el comercio de un incipiente narcotráfico digitado por Inglaterra para convertir a los chinos en adictos y obtener un pago en plata por el ansiado cargamento, que compense también su propio flujo de plata para pagar el té, la seda o la porcelana chinas.
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