Por Esteban Ierardo (*)

El Tao es ancha vía filosofía hacia un todo de que rebasa el lenguaje; es un paradójico vacío, vacío de límites impuestos por la lógica. Por los caminos de los opuestos como dinámica de la vida, el taoísta aspira a la gran unidad que supera los contrarios, y apunta hacia la inmortalidad del propio cuerpo. El Tao, la mística de origen chino de Lao Tse.
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