Por Esteban Ierardo

La fuerza del individuo solitario no debe ser subestimada a la hora de enfrentar al poder. En Alemania, a poco de iniciada la Segunda Guerra Mundial, un humilde carpintero solitario enfrentó, él solo, al nazismo. Quería matar a Hitler; quería impedir que el fuego siniestro de la guerra incendiara la vida.
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