Por Esteban Ierardo

A la izquierda, Damian de Molokai (por Anna Fuernsteiner); a la derecha, Leopodo II de Bégica.
El pasado de un país puede mostrar personalidades históricas muy diferentes. En el caso de Bélgica, dos belgas ejemplificaban una absoluta diferencia moral: el primero fue declarado como “el belga más grande de todos los tiempos” por la Televisión Abierta Flamenca porque cuidó de leprosos en una pequeña isla en Hawái; el segundo belga organizó un régimen colonial en el Congo denunciado por su explotación feroz de los nativos, que por cualquier infracción eran castigados con el corte de una de sus manos.
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