Por Rafael Julivert Ramírez (*)

La inteligencia artificial se presenta ante el mundo como el emblema del progreso autónomo, una tecnología casi autosuficiente que aprende, decide y evoluciona por sí misma. Sin embargo, esta narrativa oculta una verdad fundamental: la IA no funciona sola. Detrás de cada algoritmo “inteligente” existe una ingente cantidad de trabajo humano invisible, mal pagado y sistemáticamente desprotegido.
Sigue leyendo








