Por Joaquín Lourido

La civilización siempre avanza sobre su entorno, para transformarlo a su favor, para extraer sus recursos y dominarlo. Los excesos en este proceso llevan a la degradación gradual de la naturaleza, y al cambio climático. Pero, al atender a las causas profundas de este conflicto con el ambiente, como el autor de este artículo propone: «Quizás el problema no sea únicamente ecológico, sino espiritual. El hombre moderno se ha desconectado de los ritmos naturales y, al hacerlo, también se ha desconectado de sí mismo. Ya casi nadie contempla».
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