Charles Sanders Peirce (1839-1914), es, sin duda, uno de los grandes pensadores del siglo XIX. Fundador del pragmatismo, filósofo, lógico científico estadounidense, padre de la teoría de los signos o de la teoría semiótica moderna, junto a Saussure, y mucho más.
El cine de David Lynch es un raro salto fuera del convencional cine lineal. Su arte se empeña en colapsar la narración clásica y generar aperturas hacia lo real como un fluir extraño e ilógico. De diferentes maneras, esta experiencia brota en sus films Cabeza borradora (Eraserhead, 1976); Terciopelo azul (Blue velvet, 1986); Twin Peaks: Fuego camina conmigo (Twin Peaks: Fire Walks with Me, 1992); Carretera perdida (Lost highway, 1996); y El camino de los sueños (Mulholland Drive, 2002), acaso su obra maestra, que aquí analizamos, al tiempo que repasamos muchos momentos de su cine.
En nuestros tiempos de aceleración es oportuno recuperar las grandes obras de la literatura universal como manantial de imaginación y de otra forma de pensar, transversal y no lineal. Peer Gynt es una de esas obras, escrita por el dramaturgo noruego Henrik Ibsen, junto con otras de sus grandes creaciones teatrales como Unenemigo del pueblo, Casa de muñecas, o La dama del mar.
La obra de Herzog es una de las cimas del cine de arte. Acaso su film de mayor potencia simbólica sea Corazón de Cristal (1976). Aquí, el secreto para la construcción del cristal rubí adquiere una dimensión esencial. Los hechos transcurren entre una pequeña aldea y los confines del mundo. Un profeta, que vive en un bosque, atraviesa el tiempo y el espacio con el poder de sus visiones. En un caso quizá único en la historia del cine, los actores animaron a sus personajes bajo un estado de semi-hipnosis. En el universo de Herzog se respiran las brisas del romanticismo, como estética y visión del mundo.
Alexander Kaidanovsky, en el papel del Stalker en la película de Tarkovski
Una imagen en la pintura, o un encadenamiento de imágenes por el montaje en el cine, pueden obrar como un puente hacia una realidad profunda. Es el caso de Stalker, la zona, el film de Andréi Tarkovski, de 1979, con Anatoli Solonitsin como el Stalker.
De izquierda a derecha: Alyssa Sutherland, como Aslaug; Travis Fimmel como Ragnar Lodbrok; Katheryn Winnick como Lathgertha.
La cultura popular cambia sus modos de expresarse. En la primera mitad del siglo XX, el cine mudo, las historietas, luego el cine sonoro, las revistas pulp… Hoy la industria de las series reina en las plataformas de streaming. Un ejemplo que une épica, aventura y paisajes es Vikings, una serie inspirada en la fascinación vikinga, que evoca una trama histórico cultural poco comprendida.
El general Don José de San Martin (1778-1850) es un personaje fundamental de las guerras de la independencia sudamericana en el siglo XIX. Reconocido como el Libertador de Argentina, Chile y Perú, su figura aún hoy está envuelta en misterios: su relación con la masonería, sus numerosas reuniones secretas, como la que sostuvo con Bolívar en Guayaquil, o su reunión, menos divulgada y sobre la que muy poco o nada se conoce, con uno de sus grandes amigos, el escocés Lord Duff, en 1824, hace dos siglos, en Banff, Escocia.
A veces, las novelas que unen imaginación, pensamiento e indagación existencial, irradian una luz poderosa. Es el caso de La montaña mágica (1924) de Thomas Mann. Este año se cumple un siglo de la publicación de esta obra fundamental.
Un momento de la filosofía de Foucault es El pensamiento del afuera (1966), el «afuera» que desborda el lenguaje proposicional y que es explorado por ciertos artistas. No menciona la música. Beethoven es el ejemplo que, en este caso, elegimos para sugerir lo musical que nos abre a eso otro del afuera como una forma de trascendencia.