
Hoy es común la búsqueda de la fama a cualquier precio. La obsesión narcisista por conseguir reconocimiento ya latía en el mundo antiguo. Pero el primero del que se tenga noticias que realizó una acción criminal solo para conseguir fama y notoriedad fue el pastor Eróstrato, o también conocido como Heróstratos. El 21 de julio de 356 a. C, Eróstrato incendió el templo de la diosa Artemisa en Éfeso, en el Asia Menor. Todo para que, con una desesperada maniobra incendiaria, su nombre no desapareciera en las arenas del tiempo.
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