Por Esteban Ierardo

En la historia del arte, hay lugar para las incógnitas, como por ejemplo cómo Jan Van Eyck alcanzó un nivel tan asombroso del detalle; o para la sorpresa: como la escultura de Franz Xaver Messerschmidt (1736–1783), el artista germano-austríaco del siglo XVIII que no pudo prever que no sería olvidado por sus bustos, a los que no puso nombre, y que expresan distintos gestos exaltados.
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